Los otros personajes de la tragedia de Uchuraccay


—En la foto, los periodistas que marcharon en busca de la noticia–

Un nuevo aniversario del atroz crimen de los ocho periodistas en Uchuraccay y quedan (hay que repetirlo así aunque sea un lugar común) muchas interrogantes por resolver. Quizá las respuestas no estaban en los comuneros que aplicaron las instrucciones militares sino en personajes que intervinieron en el caso luego de la tragedia, como los que pasaremos a listar:
-Luis Morales: Fue de los primeros periodistas que llegaron a Ucchuraccay e interrogó con dureza, y en quechua, a los campesinos. Sostenía la tesis de la participación de los “sinchis”. Fue asesinado en Ayacucho por militares en 1991;
-Hermenegildo Ventura Huayhua: Juez, de ingrata recordación para la Comisión Vargas Llosa. También buscaba a los “sinchis”como autores y en el juicio fue hostil al escritor llegando a decir que obtenía beneficios por su participación. Paradero desconocido.
-Philip Bennet: periodista norteamericano que inició una investigación a fondo del caso y reunió mucha información. Pero se marchó del Perú luego de sufrir robos y quizá amenazas. Llegó a ser uno de los editores del “Washington Post”;
-Máximo Riveros Sánchez, sargento primero de la Guardia Civil, jefe del puesto policial de Tambo, y que formó la patrulla que comando luego el teniente Bravo Reid para dirigirse a Uchuraccay;
-Ismael Bravo Reid: Teniente de la Infantería de Marina que llegó primero para comprobar las muertes y enviar la noticia al comando militar en Huanta. Falleció hace pocos meses;
-Luis Serpa Segura. Juez. Presidente del Tribunal Especial dedicado en exclusiva al caso desde abril de 1986, en Lima. En su sentencia, al año siguiente, dijo que había sido probada la presencia de extraños en Uchuraccay pero no afirmó que fueran autores de las muertes. Años más tarde fue suspendido por acusaciones de colaboración con Vladimiro Montesinos;
-Clemente Noel Moral: jefe político-militar de la zona de emergencia en el tiempo de la tragedia. Publicó un libro para defenderse. Enjuiciado, murió en la clandestinidad sin presentarse a recibir su sentencia;
-Fortunato Gavilán. Teniente Gobernado de Uchuraccay y el comunero más perseguido pues fue señalado como el principal promotor de la matanza, Fue asesinado meses después por Sendero Luminoso;
-Marcia Gálvez Ñaupa de Gavilán. Esposa del anterior, fue la primera asesinada por la columna de venganza de Sendero Luminoso del 20 de mayo de 1983. En excursiones sucesivas tanto de senderistas como de militares, murieron 135 campesinos;
-Julia Aguilar Berrocal, viuda del guía y corresponsal Juan Argumedo, que subió a Uchuraccay a buscar a su esposo y se libró de la muerte porque varias comuneras la defendieron;
-Simeón Auccatoma Quispe: detenido, murió tuberculoso en la cárcel antes de recibir sentencia;
-Dionisio Morales Pérez: detenido, sentenciado, siempre alegó inocencia e ignorancia. Paradero desconocido;
-Mariano Concepción Ccsani Gonzales: detenido, sentenciado cumplió su condena y regresó sorpresivamente a Uchuraccay, donde encontró a su esposa viviendo a con otro comunero, a quien mató a puñaladas. Fue apresado y devuelto a la cárcel. Paradero desconocido.

¡¡Coche a la vista! (Final) Tramposo, Oscar Gálvez quiso ganar la carrera en el escritorio…

-Un Buick lo empujó hasta cerca de la llegada

Oscar Gálvez, quizá tan buen piloto como Juan Manuel Fangio, era uno de los que merecía ganar la Buenos Aires-Caracas. Pero sin trampa, como pretendió hacerlo al final.
El ánimo peruano decayó cuando un burro se interpuso en la carretera y Arnaldo Alvarado salió dando vueltas y terminó en el hospital. Y los argentinos sintieron lo mismo cuando Fangio, el ya famoso Chueco, quedó malamente herido y su copiloto muerto en la misma etapa Lima Tumbes.
Pero la carrera siguió dejando corredores en el camino y con los Gálvez, Oscar y Juan a la cabeza, seguidos de cerca por Domingo Marimón. El Perú todavía tenía pilotos en ruta como Román Balta y su hijo que conducían fuerte pero con cuidado porque su meta era llegar.
La última etapa, 8 de noviembre de 1948, iba de Valera a Caracas y solo tenía 600 km. Luego de sobrepasar los 8 mil km. ya era claro que entre los primeros estarían los argentinos citados. Oscar, por ejemplo, le llevaba 5 horas de ventaja a Marimón. Entonces se pusieron de acuerdo para llegar en ese orden.
Pero no contaron con la ambición de Juan Gálvez quien apenas partir se lanzó a 150 km. por hora en una carrera casi enloquecida que terminó en una cuneta, de costado. Todos pararon a ayudarlo, a quererlo sacar con sogas. Marimón, su hermano, hasta que finalmente lo arrastraron a la pista y marcharon de nuevo, perdiendo tiempo valioso.
Y se inició el drama de Oscar Gálvez. Faltando 180 km. para la llegada, el cronista lo describe así: “..el Ford Nro. 3 se detiene…mortalmente herido…”. La transmisión no daba para más.
A la meta llega primero el mendocino Víctor García, luego Marcilla, Marimón…¿Y Oscar? El público miraba expectante hacia el camino porque era el ganador, todos lo sabían. Ya atardecía cuando el locutor venezolano lanza el grito ¡!Coche a la vista.. es .. Gálvez!!”
Efectivamente era Oscar Gálvez pero venía extrañamente despacio, a unos 30 km. por hora. ¿Qué pasaba? Lo venía empujando el moderno Buick de un particular que se había apiadado del piloto proponiéndole llevarlo hasta la Llegada. Y faltando unos cien metros le dio un empujón final y por la inercia y con bajadita, cruzó la meta despacito.
El público lo aclamó, lo cargaron hasta la Mesa de Control pero el Comisario se negó a aceptar su llegada: “Ha sido empujado, el motor estaba apagado… no vale”.
Desesperado Oscar Gálvez corrió hasta el auto y lo empujó hacia atrás ayudado por un grupo de gente y cuando estaban a treinta metros de la línea gritó a su copiloto: “!Encendélo, ché, encendèlo!”.
Fue como un milagro, el motor rugió y el copiloto pisó el acelerador y el auto pasó la meta para luego fallecer sin remedio. Entonces volvieron a cargar a Oscar hacia la Mesa de Control pero nuevamente el Comisario se opuso: “No, el coche debe ser conducido por el propio piloto”.
Y ante la desesperación del campeón rioplatense, declararon ganador de la gran carrera a Domingo Marimón, Toscanito.
Cuando alzaban en triunfo a Marimón, el Buick del samaritano se incendiaba, los Gálvez gritaban y amenazaban pero no hubo nada que hacer. El acta final señala que Oscar Gálvez no llegó nunca a la meta.

Epílogo.- Los venezolanos hicieron una colecta para darle a Gálvez el monto del premio y lo recibió para de inmediato donarlo a los niños pobres de Caracas. Domingo Marimón dividió el jugoso premio con su rival Juan Manuel Fangio honrado un acuerdo previo a la partida en Buenos Aires.
Y Román Balta su hijo Román Balta Jr. llegaron a Caracas y se clasificaron con el puesto 34. Todos volvieron a Lima para iniciar otra carrera hasta Buenos Aires, una especie de premio consuelo.
Pero esa es otra historia.
-FIN-

¡¡Coche a la vista!!! (III) “¡Arranquen, rápido, vámonos, que se viene la Revolución!

-Cuánto odiamos a ese burro…

“Asidos al timón, mirada adelante tratando de vencer el manto impenetrable de la noche, esos hombres, jugándose la vida al borde de un precipicio o en las curvas más pronunciadas, han vuelto a dar muestras evidentes de un temple extraordinario, de un coraje, de una guapeza a toda prueba…”.
Así describió un emocionado cronista de El Comercio de Lima a los volantes que aquella dramática noche del 28 de octubre de 1948 arrancaron sus máquinas para partir en la sétima etapa rumbo a Tumbes y en medio de una descomunal confusión porque los rumores eran alarmantes: en cualquier momento, se decía, se desata la guerra civil.
Y es que la guarnición de Lima no se había plegado todavía al alzamiento de Arequipa del día anterior y sus soldados tomaban posiciones estratégicas para defender el orden. Por eso apresuraron la salida y partieron de Puente Piedra a las dos de la mañana del día 29 sin respetar los tiempos de partida, aunque sí el orden. Todos se lanzaron a la carretera buscando llegar primeros a la frontera norteña y huyendo del golpe militar a Manuel A. Odría.

Las esperanzas criollas estaban puestas en Arnaldo Alvarado El Rey de las Curvas. También en Henry Bradley el Avispón Verde y en Luis Astengo, Flecha de Oro. Pero todos miraban al primero porque casi había logrado alcanzar a los argentinos, los hermanos Gálvez y al gran Fangio.
Fue una etapa dramática que siguieron por horas los radioyentes peruanos. Juan Sedó, líder de Deportes de Radio Colonial, había colocado corresponsales en toda la ruta y así el grito de ¡Coche a la vista! pasaba de un control a otro. Fueron así gritando los números y nombres de los corredores desde Chancay, Huacho, Supe, Barranca, Pativilca, Huarmey…
“!Viene un auto, parece.. ¡es Alvarado, con su ladrillo rojo.., como un bólido!”, Y efectivamente el Rey de las Curvas pasó por el Control de Casma a más de 140 kms. por hora, a escasos cientos de metros de los punteros argentinos.
El siguiente puesto era Chimbote y el “coche a la vista” se escuchó muchas veces pero nunca el que anunciaba el paso de Alvarado. Toda una desilusión.. Nuestro crédito, la posibilidad de ganarles a los engominados rioplatenses había terminado.
Desde el hospital de Paramonga donde fueron llevados él y su copiloto Rivadeneyra, el propio Alvarado contó lo sucedido; “Ibamos bien, marcábamos 148 km, por hora, yo conocía bien el camino cuando de pronto de unos pastizales salieron dos burros… hice una maniobra para esquivarlos pero apareció otro borrico, más pequeño, y no recuerdo más… nos volcamos”.
La Crónica dedicó una central al tema, titulándola: “Alvarado herido, al cruzarse con un burro”.
Por Trujillo pasó Fangio de puntero seguido de de cerca por Oscar Gálvez y en alguna curva se enredaron y ambos salieron volando. Los dos cayeron en la cuneta pero Fangio estaba muy malherido y su copiloto muerto. Gálvez siguió en la carrera pero fuer su hermano Juan quien terminó ganando la etapa.
¿Los demás peruanos? Ya comenzaban a fallarles las máquinas. Bradley casi abandona en Trujillo y llegó a duras penas a Tumbes. En el camino quedaron una decena de automovilistas pero sobre todo se enfriaron los ánimos nacionales y todo por la culpa del maldito burro de Paramonga.
Aunque también, es verdad, por la mala noticia de que se iniciaba una dura persecución a los opositores del nuevo gobierno militar de Odría.

Mañana: (IV y Final) La llegada tramposa de Oscar Gálvez

¡¡Coche a la vista!!! (II) -¿Quién recuerda al gran Cholo Huasaquiche?

-Primero, la Buenos Aires-Lima-Buenos Aires

Cuando los locutores anunciaban “¡Ya viene el cholo Huasaquiche!” la emoción era nacional, todos salían a la calle para verlo, alzarlo en hombros aunque no hubiera ganado. Era el corredor de autos más popular y querido en el Perú en los años 30 porque significaba el esfuerzo de un mecánico andino, pobre, que con su casi destartalado Ford se igualaba con los poderosos limeños y argentinos de carros modernos y costosos.
Huasasquiche estuvo en la carrera previa a la gran justa que llamaban “La Caracas” y que tuvo características de ensayo pues recogió valiosas experiencias. Se llamó Gran Premio Internacional del Norte y fue Buenos Aires – Lima – Buenos Aires, del 27 de setiembre al 12 de octubre de 1940, y ganada por Juan Manuel Fangio quien iniciaba su camino hacia la fama mundial.
Partieron 92 pilotos y llegaron al final solo 32 y entre ellos el gran Huasaquiche, en el puesto 14. Cuando regresó a Lima fue recibido en triunfo y Abelardo Carmona le compuso una polquita que estrenó Jesús Vásquez. Y así, entre agasajos, entrevistas, se preparó para la siguiente carrera, el reto mayor.
La gran carrera Buenos Aires – Caracas comenzó el 20 de octubre y culminó el 8 de noviembre de aquel citado 1948. Fue un esfuerzo enorme de organización y coordinación internacional porque se atravesaba varios países, además de un gran costo para todos organizadores, patrocinadores y pilotos.
Cuando los argentinos hicieron la convocatoria se sorprendieron de la cantidad de inscritos, 141 en total, así que decidieron armas cuatro grupos o categorías que iban desde los ganadores de grandes premios hasta los novatos.
Los peruanos que estuvieron en la largada fueron Arnaldo Alvarado, Henry Bradley, Luis Astengo, los hermanos Román y Manuel Balta, Enrique Forno y, claro, el gran Cholo Huasaquiche.
Era notable la cobertura que hacía la radio. Las emisoras principales de todos los países involucrados, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, enviaron reporteros que seguían en caravana a los autos. Se instalaban los famosos Puestos de Control para avisar el paso y los programas regulares se interrumpían cuando llegaban novedades de choques, volcaduras, abandonos y llegadas.
Pronto fue claro que los mejores eran los argentinos tanto en máquinas como en experiencia. Fangio, los hermanos Oscar y Juan Gálvez, Domingo Marimón (que era español pero corría con los colores argentinos) y otros, marcaban el paso y estaban siempre entre los primeros. Era un duelo entre ellos aunque a veces se llevaban sorpresas como la arremetida de Arnaldo Alvarado en la etapa Arequipa Lima y en la que por poco no sobrepasa a la estrella máxima, Oscar Galvez.
Huasasquiche no llegó a Lima. En la etapa Potosí-La Paz fundió el motor y quedó abandonado en un paraje desolado sin posibilidad de ayuda. Llegaron Astengo, Román Balta y Henry Bradley que conducía un veterano Nash que solo él comprendía.
Cuando los supervivientes partieron hacia Tumbes, en la Sétima Etapa, la atención peruana estaba puesta en Arnaldo Alvarado, número 11, y su imbatible Ford color ladrillo.

Mañana: El burro más odiado de la historia del Perú

¡¡Coche a la vista!!! (I) Buenos Aires-Caracas, una epopeya automovilística

“¡¡Coche a la vista!!!” aulló el locutor de Radio Nacional y todos saltamos hacia el Telefunken que estaba prendido desde la hora del almuerzo de aquel memorable 27 de Octubre de 1948.
Lo que escuchamos fue el ulular de la sirena de la poderosa Harley Davidson de Enrique Pontolillo, que hacía de “liebre”. Aguardaba pocos kilómetros antes avizorando hacia el sur cuando divisó el primer auto y entonces enrumbó hacia Lima a toda velocidad anunciando que ya venían los coches.
Los diarios dirían después que se habían juntado no menos de 25 mil limeños que pugnaban por una primera fila frente al cartel de “Llegada” colocado casi frente al novísimo Terminal del Aeropuerto de Limatambo inaugurado apenas un mes antes por el presidente Bustamante y Rivero.
Para los radioyentes no era novedad el orden de los autos que llegaban del sur porque Radio Nacional tenía apostados a sus corresponsales en “Puestos de Control” que telefoneaban constantemente dando aviso del avance de la carrera. Con lápiz y papel mis hermanos mayores confrontaban los cambios, los que se quedaban, pasaban…
Era la sexta etapa del Gran Premio Automovilístico América del Sur y la partida se había dado a las seis de la mañana en Arequipa y por carreras anteriores se calculaba que los autos estarían en Lima en unas diez horas.
Pero Oscar Gálvez estaba decidido a batir el récord en recorrer los 1 043 kms. y en algunos tramos llegaba a los 150 km, por hora, superando a rivales como el gran Juan Manuel Fangio, su hermano Juan, Domingo Marimón y otros, la mayoría argentinos.
Pero la atención nacional estaba puesta en el crédito peruano, el gran Arnaldo Alvarado, el Rey de las Curvas, que conducía un flamante y bien preparado Ford 48 al que había retirado parachoques y guardafangos para hacerlo más liviano.
La multitud rugía cuando se corría la voz de que Alvarado y su “Ladrillo” ganaban terreno y se acercaba cada vez más al líder Gálvez quien ya en la pista asfaltada no tenía rivales.
No sospechábamos entonces que a la par de aquella algarabía se desarrollaba un drama nacional de envergadura pues en esos instantes el general Manuel A. Odría decidía el golpe militar que derrocaría a Bustamante y Rivero.
“¡¡Oscar Gálvez cruzó la meta!!” rugió el locutor… y a los pocos minutos volvió a gritar “!!Coche a la vista… es Arnaldo Alvarado!!”. Efectivamente, en su mejor actuación en la gran carrera el piloto había logrado superar a los argentinos y entrar triunfal en Lima detrás del mejor de aquellos.
En sucesión fueron llegando los autos hasta que finalmente todos fueron llevados al Parque Cerrado. Se descansaría todo el día 28, la partida (falsa) sería en la mañana del 29 y desde la av. Wilson, con presencia del Presidente.
Pero en la noche del 28 los organizadores vieron con alarma que se movilizaban camiones con soldados, se escucharon algunos disparos, se iniciaba el clásico cierrapuertas limeño y entonces decidieron adelantar la partida de la Sétima etapa, Lima Tumbes, que resultaría frustrante para los peruanos y trágica para los argentinos.

Mañana: ¿Dónde, cuándo comenzó esta gran carrera??

La Entrevista VI: Mi entrevista favorita

Cuando Lima era el Palais Concert…

Año 1916. Lima era una lejana y pequeña ciudad que terminaba en el Paseo Colón. Hacia el otro lado, el Rímac, La Victoria, para los pobretones. Y en el centro el “Palais Concert” donde un grupo de jóvenes artistas se reunía para soñar, fumar, escuchar a las Damas Vienesas, charlar de política, Piérola, Pardo, Cáceres, Leguía, leer La Prensa, El Comercio, La Crónica…
Dominaba la grey Abraham Valdelomar, un genio, sofisticado y culto, que había fundado el quincenario “Colònida”. Era quien dictaba la moda, marcaba las diferencias entre el buen o mal gusto, prefería el francés para expresarse y escribía textos que siguen siendo memorables. Solían compartir su mesa José María Eguren, Federico More, José Carlos Mariátegui, Percy Gibson, Enrique Carrillo, Alfredo Gonzales Prada, a veces Nicolás Yerovi…
Valdelomar, por supuesto, brillaba por su ingenio y talento. Era, pese a sus 30 años escasos, el intelectual más conocido del Perú.
En ese año llegó a Lima el famoso Alberto Santos Dumont, reconocido en el. Mundo como el hombre que había hecho más por la aviación. Brasileño y francés, millonario, había desarrollado inventos para volar, globos, aviones, fijando París para sus experimentos. Era un apasionado promotor de la aviación y su arribo a Lima armó revuelo en el afrancesado alto mundo local. Todos querían verlo, aplaudirlo y los periodistas, entrevistarlo.
¿Quién era el indicado, considerando el nivel del personaje, su fama, cultura, elegancia?…
Nuestro Valdelomar, sin duda alguna. Fue un encuentro breve entre famosos y así lo tituló el gran pisqueño autor del mejor retrato, con pocas frases, que jamás hizo periodista alguno del aviador.
(Ambos tuvieron trágico final. Valdelomar murió a consecuencia de una caída, a los 33 años. Santos Dumont se suicidó a los 59).
Esta es la Entrevista:
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Entrevista V: “Beto Ortiz es el mejor entrevistador”

Los colegas lo eligieron: “El mejor es Beto Ortiz”.

“Beto Ortiz es el mejor”. La mayoría de los coleguitas que contestaron mi rápida y breve encuesta sobre cuál era el mejor entrevistador de la actualidad no solo lo afirmaron sino que justificaron su elección con elogios.
Es verdad que la pregunta que lancé por las redes sociales no pedía indicar el medio y prefirieron la televisión. Quizá por esto es que César Hildebrandt fue esta vez relegado de una imbatible preferencia por muchos años.
Pero quizá el propio Beto Ortiz dio la clave en una entrevista, hace unos meses, al marcar diferencias: “Creo que hemos vivido bajo el influjo del modelo Hildebrandt, de la entrevista beligerante, de la esgrima de ingenios, de la frase brillante…”. (Diario16.1.8.11.pp.8-9),
En esa misma charla con un excelente entrevistador, Emilio Camacho (también citado por los colegas en mi encuesta), el popular Ortiz dijo que “el arte de la entrevista es el arte de escuchar”.
Hubo más nombres, que cito en desorden, como la primera Rosa María Palacios, Patricia del Río en radio, Karina Borreros, Milagros Leiva de El Comercio y Canal N, Mariella Balbi.
Me llamó la atención la ausencia de Jaime Bayly. Quizá no quieren recordarlo por su desafortunada incursión en las últimas elecciones pero hay que hacerle justicia porque sus entrevistas tenían seguidores fieles con cifras notables de rating.
Beto Ortiz es un talentoso periodista (quizá llamarlo escritor sería más preciso) que ha desplegado sus habilidades en todos los géneros: noticia, reportajes, entrevistas en cualquier medio masivo, novelas, testimonios vitales, columnas, acumulando a lo largo de su carrera una envidiable experiencia. Hemos leído mucho de su vida, avatares loretanos, malos ratos judiciales, esfuerzos laborales neoyorkinos y sus idas y venidas en los canales de televisión local. Nunca ha tenido miedo de escandalizar y ha competido con Bayly por el título de “niño terrible” de la televisión –aunque son severamente antagónicos.
Debemos citar a otros periodistas. En Perú21 se inició como entrevistador José Gabriel Chueca con trabajos diarios siguiéndole después, alegre y entretenido, Gonzalo Pajares, Hay que seguirles la pista a ambos, así como también a Maritza Espinoza, de La República, de notable intuición para elegir personajes significativos. Lástima que hace tiempo que no publica entrevistas Juan Manuel Robles, autor de la memorable charla con Genaro Delgado Parker o con la niña Toledo.
Volvamos a Ortiz. En otra entrevista en Diario16 (12.3.11) lo describieron así: “… Al terminar el colegio lo hizo con un complejo de superioridad que aún conserva. De su madre Irma heredó el miedo a la mediocridad”.
¿Su mejor entrevista? Seguramente su favorita puede ser la que tituló “El inconquistable” que recoge una conversa en Tv con Mario Vargas Llosa y que ha sido editada como libro y dvd incluido. Y dice al final de la introducción: “…Ahora es el momento de hacer lo que mejor nos sale a los viejos entrevistadores de la tele: quedarnos calladitos y escuchar la música de la verdad”.

Mañana, para terminar: Mi entrevista favorita.

Para una mirada a Beto Ortiz. les sugiero YouTube. Puede encontrar muchas de sus entrevistas .

La Entrevista (IV). Los grandes de la entrevista en el Perú

¿Los mejores entrevistadores peruanos?

¿La mejor definición de Entrevista? “La transcripción o relato de una conversación”. Y como estas hay cientos, al escoger. Pero no hace falta describir el género porque los lectores saben reconocerlo desde hace mucho, desde los tiempos aurorales de la prensa.
Es además el género periodístico más popular y tanto que en todos los medios masivos de toooodos los días hay entrevistas.
Cortas, largas, de retrato, en profundidad, de noticia simple, especializadas, de todo tipo. Pero hay buenas y malas y las primeras son las que hacen los buenos periodistas.
¿Cómo definir a una buena entrevista? Hay varios criterios válidos, El historiador de la PUCP José Ragas me decía que la buena entrevista es aquella en que se revela algo oculto. Otro amigo opinaba que bastaban un buen entrevistador y un buen entrevistado entablando una buena conversación.
Pero se puede distinguir dos clases fundamentales de entrevistas, a saber, aquellas que están tan ligadas al contexto, a la coyuntura que su vigencia desaparece pronto. Y las otras, las que trascienden al tiempo y merecen ser leídas así hayan pasado cien años tanto por el personaje como por el periodista que la realizó.
Los buenos entrevistadores imponen su estilo y pronto son imitados –como debe ser además- por legiones de nuevos periodistas que requieren de referencias profesionales.
¿Cuáles son las cualidades de un buen entrevistador? La básica, elemental, es la cultura personal. Luego, el profesionalismo. Y hay más, muy difíciles de encontrar: los dones de la conversación fácil y de la escucha atenta.
Tengo una lista breve de grandes entrevistadores peruanos que reunieron, o reúnen, esos dones.
Ernesto More (1897-1980) fue poeta, político, periodista de tanta importancia como su famoso hermano Federico, desde los años treinta. Y publicó muchos artículos, libros pero destacaron sus entrevistas. En 1960 las recopiló de diversas publicaciones y editó sus “Reportajes con Radar” con un centenar de conversaciones de características especiales que podrían describirse como de estilo antiguo, es decir, sin grabadora y sin más armas que la buena memoria y apuntes breves.
Cada entrevista es un relato sobre la importancia de su entrevistado intercalando las opiniones que recoge en la conversa. Al revisar su libro el lector joven de hoy no reconocerá quizá casi a ninguno de los personajes pero si está interesado en la técnica de More, poco importará su vigencia.
Alfonso Tealdo (1914-1988). Todos lo reconocen como el más grande. Publicó entrevistas en revistas y diarios, pasó a la radio con éxito y causó sensación en la televisión con su “Tealdo Pregunta” en que hacía tropezar al más experimentado con su estilo nervioso e impaciente al punto que se decía que el programa debía llamarse “Tealdo Interrumpe”.
Sus entrevistas en prensa no han sido recogidas en libros, que sepamos. Y para disfrutar de su lectura hay que recorrer los periódicos en los que depositó su talento de preguntón sin descanso. Quizá las mejores fueron las que hizo, muy joven, para la legendaria revista “Gala”. Su prestigio profesional opacó sus cambios políticos y fue entrevistado por los mejores, como los que siguen en mi lista.
Mario Campos (- +2004). Tampoco dejó libros y decenas de magníficas entrevistas están en periódicos importantes como Expreso, La República, Somos, Caretas. Los colegas lo recuerdan como amiguero, conversador incansable, buen bebedor pero sobre todo con aquel citado don de hacer hablar al interlocutor. Sus entrevistas de La República son interminables; en cambio las de Caretas y Somos son más cuidadas, editadas, por razones de espacio. La característica esencial es que hacía que sus entrevistados abrieran sus corazones, revelaran intimidades y a veces hasta lloraban juntos.
César Hildebrandt. Está en plena vigencia y ha publicado dos libros de entrevistas escogidas porque la lista completa debe ser enorme. Descubrió su talento de conversador y de interrogador persistente en Caretas para pasar luego a la televisión. Su vasta cultura le permite ahondar en cualquier tema, prefiriendo el político donde suele confrontar sus ideas con las del entrevistado.

En síntesis, quien estudie la entrevista en el Perú no podrá prescindir de estos cuatro pèrsonajes.
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EN LA FOTO.- César Hildebrandt entrevistando a Alfonso Tealdo, circa 1980.

Mañana: Entrevista V.- Los mejores de la nueva generación

Entrevista(III) ¿Las peores entrevistas de la historia???

¿Quién califica como mala una entrevista?

¿Cómo se califica como “mala” a una entrevista? Puede ser por corta, mal preparada, peor escrita, insuficiente, mal interpretada, etc.
Recuerdo casos especiales: Hace más de veinte años uno de los programas de Hildebrandt estaba trabajando el tema de padres que no cumplían con pagar pensión alimenticia obligatoria. Y enterados de que el conocido cineasta E. tenía una denuncia al respecto enviaron una reportera para entrevistarlo. Pero no le dijeron el motivo y nuestro amigo creyó que hablarían sobre sus proyectos cinematográficos.
Cuando estuvieron sentados frente a frente, con micrófono de por medio y la cámara funcionando, la primera pregunta fue:
-Señor… ¿Por qué no paga la pensión por alimentos a su hijo?
Atónito, el cineasta palideció, luego se rascó la cabeza y contestó con voz suave:
-Espéreme un momento, ya vengo –y salió de la habitación.
La reportera lo aguardó con paciencia hasta que el vigilante le avisó que el señor hacía mucho rato que se había marchado por la puerta posterior.
Aquella entrevista, quizá la más corta del periodismo peruano, la pasaron por la TV y fue muy comentada..
En el conocido libro “Las grandes entrevistas de la historia 1859-1992” (El PaísAguilar. Madrid. 1997) el editor Christopher Silvester cuenta en la Introducción algunas historias divertidas.
Por ejemplo la que intentó realizar un conocido periodista británico al muy exótico Rey hawaiano Kalakaua que había llegado por primera vez a Nueva York en 1880. Apenas instalados el enorme moreno lo adelantó: “Me gusta Nueva York, admiro sus edificios… sus mujeres son hermosas y tienen los pies pequeños… Washington era un gran hombre… Me encantan sus ostras. Encantado de haber conocido. Adíós”. Le extendió su manaza y lo despachó.
El ayudante, un barón alemán, le explicó al reportero: “Le he enseñado ese discurso especialmente para los periodistas. Nunca dice nada más. ¿Una copa?”.
También cita el editor la famosa entrevista al general Grant, en 1874, que solo contestó “No tengo nada que decir al respecto” a la docena de preguntas que le hicieron. Y el colmo fue que cuando el reportero se despidió diciéndole: “Buenos días”, el general Grant repuso: “No tengo nada que decir al respecto”.
La última entrevista del libro es de antología. El periodista Richard Stengel logró con mucho esfuerzo una cita con el conocido intelectual Paul Johnson , quien lo recibió en su casa. Pero se dio con la sorpresa de que a cada pregunta su entrevistado contestaba: “Hmmm… no lo sé… Es improbable… no sé”. Y de pronto se paró y salió de la habitación.
Stengel lo esperó, aguaitó en el baño, la cocina, subió al segundo piso, revisó los dormitorios… nada, Johnson había desaparecido. Así que estuvo media hora más y se marchó. Nunca supo qué había pasado.
Tengo una personal. Cuando era un “todoterreno” en La Crónica, en tiempos del gobierno de Manuel Prado (éramos oficialistas) me enviaron de urgencia a entrevistar a un economista famoso, el padre Lebret, que había sido convocado para asesorar al gobierno.
Pero yo no tenía ni idea del personaje. Así que cuando después de superar muchos inconvenientes (como conseguir un traductor), empuñando lápiz y libreta le pregunté:
-¿Cuál es el motivo de su vista al Perú?
El cura me miró fijo, interrogó con la vista a sus ayudantes que se encogieron de hombros, y finalmente me dijo:
-Joven periodista ¿Usted no sabe para qué he venido al Perú?
-No, la verdad es que no… -le confesé, azorado.
-Averígüelo. Y regrese. Buenas noches.
……………..
Mañana: La Entrevista IV

La Entrevista (II). ¿Cuál ha sido la mejor entrevista de la historia?

Los historiadores norteamericanos del periodismo insisten en que la entrevista más famosa de la historia es aquella que concedió el expresidente de los Estados Unidos Richard Nixon al periodista David Frost, en marzo de 1977.
Depende del punto de vista. Una buena razón para considerarla así, insisten, es que convocó a 45 millones de televidentes que comprobaron las debilidades y gruesos errores del mandatario en política exterior (Vietnam) y su derrumbe político luego del caso Watergate.
Pero en cuanto a influencia, la entrevista que hizo el gran Herbert Mathews a Fidel Castro en febrero de 1957 que fue de lejos más importante para la política latinoamericana.
Ambas fueron difundidas en capítulos y editadas. Mathews conversó tres horas con el joven Castro en las honduras de Sierra Maestra y fue en el New York Times que se reveló en tres capítulos que la guerrilla existía, que Castro avanzaba y que las versiones sobre su desaparición eran falsas. La noticia provocó conmoción en América Latina porque abría el camino de la guerrilla, una ruta poco imaginada por las izquierdas. (El periodista Anthony de Palma publicó “El hombre que inventó a Fidel”, una excelente biografía de Mathews).
La entrevista de Nixon fue realizada en dos semanas, con un total de 28 horas de charla de las cuales solo salieron “al aire” cuatro capítulos de dos horas cada uno y aquellos 45 millones fueron del primer día. Fue tan interesante para los norteamericanos que dio lugar a una obra de teatro y hasta una película (“El Desafío”) que dramatiza el encuentro. Debe agregarse que Nixon cobró 600 mil dólares por la conversación.
Los españoles tuvieron hasta hace poco el record Guinnes de entrevista larga pero fue al revés, porque un periodista fue el entrevistado en televisión durante largas horas por 62 invitados en un programa especial titulado “12 horas sin piedad”. El personaje fue Pedro Ruiz y habló de todo gracias a que los amigos le hicieron un total de 602 preguntas.
El récord le duró poco pues hace poco el periodista australiano Richard Glover entrevistó para la radio durante 24 horas al escritor Peter Fitzsimons, sobre su vida, obra… y sin pausas para comerciales (quizá alguna para ir al baño pero la nota periodística no lo aclara).
Se cita otras entrevistas de enorme impacto, como la que hizo Truman Capote a Marlon Brando haciéndole contar historias íntimas, de lo que luego el actor se arrepintió. También está en la lista la entrevista a Lady D en la cual que la famosa princesa afirmó que siempre había sabido que el príncipe Carlos la engañaba… y que ella misma también lo había engañado, revelando el nombre de su amante. El divorcio se hizo entonces inevitable.
Dicho sea de paso, es probable que el personaje latinoamericano más entrevistado de la historia sea Fidel Castro. Muchos importantes periodistas han publicado libros enteros de preguntas y respuestas al líder cubano que cuando aceptaba una conversación le dedicaba horas enteras incluyendo horarios exóticos, viajes, tragos, comidas, sesiones, hasta el agotamiento. Y tenía en lista a decenas de colegas que pugnaban por una conversa de aquellas.
A famosos así ¿qué preguntarles que no les hayan preguntado ya? Esto lo comentó García Márquez alguna vez: “Siempre siento curiosidad de saber si me preguntarán algo original”.

Mañana: La mejor entrevista peruana.
(En las fotos, David Frost y su entrevistado Richard Nixon. Y Richard Glover entrevistando a Peter Fitzsimons para la radio australiana).