Luis Carranza codueño y codirector de El Comercio

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Luis Carranza Ayarza, olvidado por Familia

Con una gruesa edición especial el diario El Comercio celebró 175 años de fundación y por todo lo alto porque, es de justicia decirlo, es hoy cabeza del conglomerado mediático más importante del país. Pertenece a la familia Miró Quesada pero no siempre fue así porque José Antonio Miró Quesada compartió la dirección y la propiedad con el heredero de la empresa, Luis Carranza Ayarza en la segunda mitad del siglo 19. Pero en la edición citada no encontramos ni una línea dedicada al distinguido científico, político y periodista ayacuchano. Solo le concedieron un centímetro cuadrado en la primera página, como se puede apreciar en la ilustración de esta nota. Está debajo de Francisco Bolognesi y arriba de José Carlos Mariátegui.
El chileno Manuel Amunátegui, fundador de El Comercio junto con el argentino Alejandro Villota, no tuvo hijos con la señora ayacuchana Dominga quien tenía cuatro sobrinos hijos del coronel Francisco Carranza, muerto en batalla en 1855 en apoyo de Echenique. El mayor, Luis, fue recogido en Lima por los tíos Amunátegui-Carranza que lo criaron como hijo adoptivo.
Luis Carranza estudió medicina y se graduó en 1868 y regresó a Ayacucho a ejercer su profesión.
Pronto se interesó por la política y fue elegido diputado por Huamanga. Luego vino a Lima y se plegó con entusiasmo a los forjadores del flamante Partido Civil liderado por Manuel Pardo y cuando Amunátegui decidió retirarse de la dirección del diario, encargó a su sobrino y a su eficiente empleado José Antonio Miró Quesada, la conducción de la empresa. Corría el año 1876.
Así, Carranza y Miró Quesada afrontaron juntos los avatares de la Guerra con Chile. El primero marchó a la sierra para apoyar decididamente a Cáceres en la resistencia y hasta fue su ministro de guerra. Estuvo en los combates de Marcavalle, Concepción y Pucará mientras el segundo, Miró Quesada, también participaba en tareas nacionalistas importantes.
Finalizado el conflicto y cuando Cáceres alcanzó la presidencia fue elegido senador en 1886 y luego en 1890.
Su vocación era la ciencia y fundó en 1888 la Sociedad Geográfica de Lima, editó su boletín y reunió a los científicos peruanos en varios proyectos.
A la vez codirigía El Comercio y cuando Miró Quesada viajó en dos oportunidades por tiempo prolongado a Europa en misiones oficiales se hizo cargo de la empresa.
En 1898 tuvo un infarto que lo imposibilitó de seguir trabajando y poco después murió, el 28 de julio de aquel año.
Tenía cuatro hijos, un hombre, Luis Carranza Valdéz y tres mujeres, coherederos de la empresa Entonces ¿cómo fue que El Comercio pasó íntegramente a manos del antiguo empleado de sus tíos? Toda una historia que contaremos en otra oportunidad.
Mientras tanto, que conste que Luis Carranza no ha sido olvidado.

 

 

¿Por qué recordaremos al gran Alfonso Tealdo?

Originalmente publicado en Periodismo, Periodistas, Periódicos:

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Una enorme cantidad de talento literario se esconde en las colecciones de periódicos que solo visitan los historiadores que buscan contextos. En algunos casos magníficas piezas periodísticas son salvadas del olvido porque sus autores han llegado a la fama y los biógrafos hurgan su pasado y  las rescatan.

Pero la academia periodística  no debe esperar tanto porque hay necesidad de evidenciar que hemos tenido siempre un gran periodismo. Y es el caso de Alfonso Tealdo Simi (1914-1988) quien si bien comenzó su carrera como articulista de opinión pasó luego a la entrevista escrita, luego a la radio y finalmente a la televisión con éxito notable debido tanto a su talento y cultura como a la pasión contagiante que entregaba en cada proyecto que emprendía.

Dedicó al periodismo toda su vida, a excepción de unos pocos años de diplomático, y en todas las áreas de la profesión marcó estilos…

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Crónica de tres conferencias presidenciales, Belaunde, García, Humala

Los asistentes a la conferencia del Presidente .  Pueden verme allá arriba, detrás de Du Bois, director (ahorita) de El Comercio.

Los asistentes a la conferencia del Presidente . Pueden verme allá arriba, detrás de Du Bois, director (ahorita) de El Comercio.

La rutina de ingreso a Palacio de Gobierno no ha cambiado nada desde que fui la primera vez a pedir datos a la vetusta y descuidada Oficina de Prensa de entonces. Claro, antes no pedían el teléfono móvil (“su celular por favor”) pero sí preguntaban; “¿Armas?”. Y los bromistas contestaban: “Mi lapicero nomás…”.
También he estado en conferencias presidenciales y quiero recordar ahora solamente tres.

-La mini-maratón de Belaúnde

En 1982 yo formaba parte de la Asociación de Prensa Extranjera (APEP) como corresponsal de la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información (uf!), ALASEI, de visión alternativa, nacida al amparo del SELA y varios países.
Nuestro presidente era Daniel Sire, de France Presse, culto, solemne, sencillo, quien consiguió que el Presidente Belaunde Terry nos diera una conferencia exclusiva.
Y fuimos a Palacio donde Belaunde nos atendió de manera espléndida, nos mostró maquetas de la futura represa de “Gallito Ciego”, desplegó su conocimiento del Perú con su famosa frase “Ahora… pasemos al mapa” y hasta nos llevó a la Residencia a ver la presunta Higuera de Pizarro. Luego un cóctel, bocaditos que él miraba y aprobada pero no probaba, y llegado el mediodía, hora de marcharse, tuvo una súbita inspiración:
-“¿Quieren ver ustedes cómo es un presidente de un país democrático? ¡Vamos a la calle!”
Y pidió abrir la puerta principal, bajó casi a saltos la escalera urgiéndonos a seguirlo mientras los policías de seguridad, desconcertados, gritaban órdenes y nos empujaban como si fuéramos sospechosos de algo…
Recorrimos el jirón de La Unión a paso rápido, casi trotando, ante numerosos transeúntes que se detenían a ver el espectáculo del mismísimo Presidente Belaunde. Unos lo aplaudían, otros se reían o simplemente no podían creer que el mandatario era quien encabezaba esa extraña procesión de periodistas que finalmente llegamos jadeando al Hotel Bolívar.
En el salón central nos contó algo de la historia del arquitecto que lo diseñó, rechazó el ofrecimiento de una bebida que le hizo el desconcertado gerente, nos hizo adiós y se introdujo en el autazo negro que la policía había ya colocado delante de la puerta de Ocoña. Y se marchó.

-Mala noticia

En octubre de 1989 Alan García señoreaba en Palacio de Gobierno. Ya había engordado pero sobre todo había adquirido ese aire sobrador que lo caracteriza y cultiva hasta el ridículo.
Citó a conferencia de prensa y durante varias horas derramó historias, planes de gobierno, anécdotas, hasta hacernos bostezar. Estábamos en el salón Túpac Amaru rodeados de mozos solícitos que servían cafecito a raudales.
De pronto un policía se acercó al Presidente por detrás y en silencio le deslizó un papelito. Alan García no interrumpió su verborrea pero de pronto leyó la nota y notamos el cambio de expresión. Volteó, llamó imperativamente al Edecán y le dijo: -¡Confirme!
Y siguió hablando y reclamando preguntas pero ya el ánimo no era el mismo y apresuró el final. Dijo unas cuantas frases más, no le dio la mano a nadie y se marchó, raudo, seguido por su corte de pips, edecanes, secretarios… dejándonos sorprendidos por la actitud.
Cuando nos levantábamos, charlando, especulando, un policía reveló lo sucedido susurrando al oído de José Olaya (entonces en El Nacional), quien no tardó en pasar el dato: “Han secuestrado a Héctor Delgado Parker… los martas… han matado al chofer”.
Salimos volando, cada uno a su agencia. Pobre don Héctor. Los canallas del MRTA lo tuvieron varios meses en un cubículo de dos metros cuadrados maltratándolo inútilmente y negociando rescate. No sabemos si sus hermanos pagaron. Cuando lo liberaron era poco menos que un fantasma.

-La cita con Humala

Ollanta Humala no tiene la delicadeza del aristocrático Belaunde. Tampoco la verborrea irrefrenable de García. Pero ha llevado a Palacio su talante de franqueza que se expresa en sus inocultables “jeans”, ausencia de corbata pero sobre todo en su estilo coloquial de plantear los temas, un modo que no ha cambiado desde que ingresó a la política.
Y así fue su conducta en la reunión que tuvimos los responsables de medios que acudimos a la cita en Palacio de Gobierno para conversar sobre el tema de La Haya y la próxima lectura de la sentencia.
Nos fuimos juntando. Y claro, buena parte de la atención estaba en Mohme de La República, desenvuelto y sonriente y el estirado Fritz Du Bois de El Comercio, los antagonistas centrales de la controversia por la concentración de medios.
Pero a poco de comenzar fue ganando protagonismo la directora de prensa de Canal 4, la colombiana Ospina cuya silueta no pasó desapercibida para los veteranos que le dimos besito de puro frescos nomás.
Luego de hablar sobre la Haya, el presidente dijo: -“Bueno, esta es una agenda abierta.. pregunten lo que quieran”.
Nos tomó un poco de sorpresa. –“Vamos, tratemos de los temas que han provocado crispación”. Y así, en su tono de franqueza y sencillez coloquial habló de todos los temas que preocupan a la gente. Largo de contar.
Fue muy entretenido. Tres horas de conversa y nos despedimos cuando en el Patio de Honor evolucionaban los caballos del conocido Cambio de Guardia cotidiano.
A la salida los reporteros gráficos nos acribillaron a fotos, sin saber –me parece- a quien debían enfocar y entrevistar. Me escurrí hacia el Banco de la Nación, feliz luego de oír que un coleguita preguntaba a otro: “¿Y ese viejito quién es?”. No escuché la respuesta, maldita sea.

FIN

¿Por qué recordaremos al gran Alfonso Tealdo?

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Una enorme cantidad de talento literario se esconde en las colecciones de periódicos que solo visitan los historiadores que buscan contextos. En algunos casos magníficas piezas periodísticas son salvadas del olvido porque sus autores han llegado a la fama y los biógrafos hurgan su pasado y  las rescatan.

Pero la academia periodística  no debe esperar tanto porque hay necesidad de evidenciar que hemos tenido siempre un gran periodismo. Y es el caso de Alfonso Tealdo Simi (1914-1988) quien si bien comenzó su carrera como articulista de opinión pasó luego a la entrevista escrita, luego a la radio y finalmente a la televisión con éxito notable debido tanto a su talento y cultura como a la pasión contagiante que entregaba en cada proyecto que emprendía.

Dedicó al periodismo toda su vida, a excepción de unos pocos años de diplomático, y en todas las áreas de la profesión marcó estilos que merecen ser conocidos y enseñados a las nuevas generaciones de periodistas como ejemplo de que la mezcla de trabajo, vocación, entusiasmo y elección oportuna dan siempre grandes resultados.

Así eran las entrevistas de Alfonso Tealdo, por ejemplo, que publicó en su ya legendaria revista “Gala” de los años cuarenta y que suelen ser mostradas como modelos a los nuevos reporteros. Igualmente su columna “Mirador”, sus comentarios radiales “La  Voz y la Pluma” y, por supuesto sus famosas entrevistas en  “Turismo”, o televisivas ya sea con paneles de colegas en  “Pulso” o en los dinámicos enfrentamientos de “Tealdo Pregunta” del programa de noticias “24 Horas”.

 Se preguntará alguien si Tealdo hizo docencia y quizá se dirá que nunca dictó una clase formal. No hizo falta  porque sus textos y reportajes fueron, y son, la mejor lección imaginable.

Fue alumno de nuestra PUCP en Letras y Derecho y destacó tanto en sus primeros meses que el fundador elpadre Jorge Dintilhac lo eligió para integrar una delegación de estudiantes a un congreso en Chile.

En sus últimos años fue muy reconocido por sus colegas y ha sido quizá el periodista más entrevistado por sus colegas para arrancarle sus secretos de entrevistador. Escribió sobre sus técnicas una rara vez: “Lo que más me interesa de la entrevista es el aspecto psicológico. El tema que se trata se convierte en un pretexto” (…) “La entrevista ha sido para mí una forma violenta de entablar amistad con personajes de la política y de la cultura. Después de la entrevista el personaje tiene que ser tu amigo”. (La Entrevista. MasComunicación. Lima. 1983).

La Especialidad de Periodismo de nuestra Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación ha elegido a Alfonso Tealdo como primer personaje de la serie de “Recuerdos” de grandes entrevistadores cuya obra estamos planificando publicar. A don Alfonso lo recordaremos en el homenaje que le dedicaremos al próximo martes 10 de diciembre en el Centro Cultural, a las 7.30 pm.

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¡Flash! ¡Flash!¡Han matado a Kennedy!!

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Gargu en la entrada de Museo dedicado a la memoria de Kennedy, en la hostil Dallas.

Gargu en la entrada de Museo dedicado a la memoria de Kennedy, en la hostil Dallas.


-¡Preparen edición extraordinaria!!!!
Los viejos teletipos del pequeño recinto del segundo piso de “Expreso” parecían saltar de tanto que repiqueteaban sus pequeñas campanitas que clamaban atención. El tañido breve y apagado de “Urgente” era común pero la insistencia del ¡Flash! hizo que todos corrieran al rincón de la sección de Internacionales
Eran tres de esas máquinas de propiedad de las agencias de noticias que nos vendían servicios, United Press International (UPI), Associated Press ( AP) y France Press (AFP).
En ese momento las tres coincidían en una sola línea encabezada por el insistente“Flash”: “Dallas: El presidente Kennedy ha sido herido”. Y luego el definitivo “El presidente Kennedy ha muerto asesinado de varios disparos…”.
No había sitio para los emocionados redactores que nos agolpábamos para seguir de cerca las letras que iban apareciendo en los rollos de los teletipos formando párrafos y textos que alguien arrancaba y organizaba con alfileres.
Regresando de almorzar se abrió paso el gran Efraín Ruiz Caro, nuestro inolvidable jefe de redacción, reclamó los textos y no dudó en ordenar: “Esta noticia se merece una edición extraordinaria.. ¡llamen al director, al Regente del taller, a todos…”.
Era ya la media tarde del 22 de noviembre del 63 y yo trabajaba en “Expreso” encargado de la revista dominical “Estampa” y recién llegaba cuando encontré a la redacción alborotada. Ruiz Caro me llamó a unirme al grupo que redactaba titulares y organizaba los textos que iban llegando a raudales. El director José Antonio Encinas llegó raudo y aprobó la edición.
Felizmente había personal en el Taller y no fue difícil armar la edición que un par de horas más tarde gritaba “Asesinan a Kennedy”.

-En el lugar de los hechos…
Muchos años después estuve en Dallas para una cita académica y por un problema de reservas solo conseguí habitación en el modesto Hotel “Lawrence” alejado de la sede del congreso pero a solo una cuadra del lugar del trágico suceso del 63. Y desde mi ventana veía el edificio rojo, el local que almacenaba libros escolares y desde donde –presuntamente- Lee Harvey Oswald realizó los certeros disparos que dejaron atónito al mundo entero.
Allí en el sexto piso está el gran museo dedicado al crimen, Libros, fotos, la célebre camarita de Zapruder, proyecciones de escenas del crimen y por supuesto la ventana ahora cubierta de plástico para que los turistas no arranquen astillas para el recuerdo. “Aquí” nos dijo el guía “el asesino apoyó el rifle … espero, apuntó, hizo los disparos mortales…”.
Con los historiadores Celia del Palacio de México y Patricio Bernedo de Chile, recorrimos despacio el museo y luego fuimos al Memorial, un monumento en una gran plaza que en los sesentas era zona central pero que hoy es un barrio que solo animan los turistas, como nosotros, que nos tomamos las fotos de rigor para que conste.
Y luego, en un Mac Donald cercano, les conté mi historia de la edición extraordinaria.

Recordando a Lorena Chauca, la Chica Huracán

Lorena Chauca en su rincón de trabajo

Lorena Chauca en su rincón de trabajo

La noticia de la muerte de Lorena Chauca, nuestra exalumna, amiga, colega, provocó una enorme conmoción en la Facultad. Hace ya un año.
Primero rumores y luego la certeza pues su cadáver había sido encontrado en el fondo de una quebrada, en un río cercano a Chanchamayo. Murieron también tres colegas más, como el veterano Javier Ascue al que sus amigos le decían “el sobreviviente” porque a último momento y por razones de salud, no pudo integrar la trágica expedición periodística a Uchucaray en enero de 1983.
No es fácil describir a Lorena pero aquel cariñoso apodo de “chica huracán” puede adelantar quién era, cómo era.
Había asumido al periodismo con vocación y pasión y muy pronto, desde su ingreso a la Especialidad ya en la Facultad fue reconocida como la mejor alumna.
Por supuesto no esperó a terminar para redactar, entrevistar, viajar, apoyar a los profesores como asistente de la profesora Margarita Ramírez, jefe de práctica del curso de Registro de Imagen y Audio, editora de la revista digital “Número Zero” (asesorada por la profesora Jacqueline Fowks), con blogs de altos niveles de lectura, como el promotor del quechua “Alli llanchu”, de deportes “La chauca”, etc.
Quizá sus mejores reportajes los realizó para el diario “Publimetro”.
Y robando tiempo a sus agitadas tareas reporteriles hizo la investigación para su Tesis de Licenciatura sustentada en el 2011 titulada “Construcción de redes de opinión en la web 2.0: ‘Adopta un congresista’ y ‘D’Onofrio, lejos de ti”, aprobada con Sobresaliente y aplausos en ceremonia académica en la que tuvimos el privilegio de participar.
¿Cómo era Lorena? Hay muchas fotos en Google pero ninguna puede representar a cabalidad la energía y entusiasmo de Lorena. Alta, guapa, morena, de sonrisa generosa, anteojos gruesos que a veces abandonaba para acercarse a la PC, siempre dispuesta para embarcarse en la aventura periodística que le ofrecieran y atenta a escuchar consejos de sus colegas mayores.
Lorena encarnaba el ideal espiritual de los estudiantes de periodismo de la PUCP pues a su excelencia profesional unía su compromiso social, patentizado en muchos de sus reportajes.
Aquí les paso un breve texto de Lorena:

¿GENERACIÓN PERDIDA?

Por Lorena Chauca Amado (noviembre del 2009)

“Los jóvenes de ahora no somos como los de antes. Eso dicen. Somos apolíticos, ateos, leemos menos y dormimos más. Nos llaman aburridos porque vivimos prendidos del Facebook, del Twitter y los más freaks, del Second Life. No hacemos deporte, ni comemos bien. Es más, a veces ni comemos.
También dicen que nos hemos olvidado la historia.Que no tenemos brújula y andamos perdidos.Dicen que no sabemos amar a la familia y que queremos mucho a los amores de una noche. Dicen que somos una generación perdida. Una generación que no cuenta, que no sirve. Dicen mucho.Lo cierto es que vivimos desencantados de esta ciudad, y quizá por eso viajamos. Visitamos otros países, conocemos gente y nos enamoramos.También viajamos al ciberespacio y aprendemos.Nos sentimos libres cuando estamos lejos de la “ciudad de asfalto y de rejas”, como cantaba Loquillo.
Pero al final del día, siempre volvemos a casa. “There‟s no place like home”, decía Judy Garland en „El Mago de Oz‟. Y tiene razón. Cuando la travesía acaba, volvemos a nuestra ciudad. La miramos y la criticamos. No porque seamos amargados, sino porque no hemos perdido la esperanza. Y eso es ser joven”.

-Homenaje de la Facultad

Para recordarla hemos decidido que los Premios a las Mejores Investigaciones de cada Especialidad se llamarán a partir de ahora “Premio Lorena Chauca a la Investigación” y los entregaremos por primera vez el próximo martes 5, a las 6 pm. en el Auditorio de Derecho.

Imposible no coincidir -hoy- con El Comercio

-Hasta El Comercio se ha indignado

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