Una tarde con Gutenberg
No pude armar ni una sola línea con los tipos movibles,. Pese a las indicaciones de un jovial tipógrafo que trató de ayudarme en el trance, mis torpes dedos se negaron a viajar en el tiempo a encontrarse con Gutenberg. Pero me consolé cuando vi que a mi lado, venerables profesores luchaban también sin éxito con el viejo “componedor” inventado en Maguncia hace 525 años.
Estábamos inaugurando aquella tarde el sensacional ”Museo Vivo de la Comunicación” en una pequeña casa de un igualmente menudo pueblo del sur de Brasil, Taquarí, a un par de horas de Porto Alegre.
Toda una historia. Hace algunos años, profesores del Centro Universitario Univates tuvieron noticia de que en el hermoso valle de Taquarí circulaba un semanario confeccionado e impreso con la tecnología más antigua, con máquinas de principios del siglo 19. Y comprobaron que su propietario, Plinio Saraiva, era el empeñoso propietario, editor, redactor, administrador, acompañado de un puñado de tipógrafos del pueblo que habían sido entrenados por sus padres y sus padres.
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