Aquella noche de setiembre del 92 un numeroso grupo de amigos festejábamos el cumpleaños de Javier Mariátegui, el hijo menor del Amauta, en su bonita casa de San Antonio. Y no supimos inmediatamente la gran noticia de la captura de Abimael Guzmán.
Recién a la salida, después de las diez, Fernando Lecaros nos soltó la bomba: “¡Agarraron a Guzmán!”
Fue un notición, sin duda. Pero más impactante fue, para nosotros, al día siguiente, contemplar la foto de Guzmán capturado, al lado del músico Celso Garrido Lecca y la guapa bailarina de ballet Patricia Awapara. Y más tarde, el video grabado por la policía, donde ambos silenciosos, demudados, con angustia indisimulable, contemplaban las maniobras policiales sin poder creer lo que veían y con quien estaban. Una verdadera pesadilla.
-“¡¿Qué? ¿Celso? ¿Patricia? ¿Con Sendero!?”.
Medio Lima se hizo la misma pregunta, negándose a creer que ambos tuvieran que ver con Sendero Luminoso. Y era cierto. La casualidad los había colocado en el momento justo en que los policías decidieron que era ya tiempo de detener al “Cachetón” –como ellos llamaban a Guzmán.
¿Y porqué Santiago Roncagliolo no cuenta esta dramática historia de Celso y Patricia, en su reciente libro “La Cuarta Espada- La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso”? Sencillamente por que es privilegio de narrador separar, elegir, ocultar, desvalorizar, exagerar…
