Lo conocí mejor hacia 1955 o 56 en La Crónica cuando Alejandro Romualdo
redactaba una columna de crítica de artes plásticas que se llamaba “¡Cuidado
con la Pintura!” y era ya un combativo y radical militante de izquierda, además de un intelectual reconocido. Yo estaba distante de la política, más interesado en los reportajes y las crónicas que en los combates partidarios y antisistema en que él participaba con pasión creciente.
Y dijo mejor porque ya lo conocía del colegio San Agustín, yo primarioso y él de los mayores con los Salazar Bondy. Y porque vivía al fondo de una casona de vecindad en la calle Belaochaga con su hermano y su mamá.
Años después me hice casi su vecino –el parque del Olivar de por medio- y nos frecuentamos, conversamos, compartimos y nos peleamos muchas veces porque Xanno-el apodo que eligió- no era una persona fácil por su vehemencia en sostener puntos de vista extremos.
En los últimos años se había convertido en un personaje del barrio. “El poeta”, le decían el peluquero, el periodiquero, el panadero, el dueño de la bodeguita de media cuadra, que eran testigos de cómo muchas personas lo buscaban y hasta aporreaban el portón de metal que se negaba a abrir. Eran periodistas, estudiantes, amigos, que querían verlo, entrevistarlo, conversar con él.
Lo veíamos veces caminando por el parque hablando solo con su tono de bajo profundo y fuerte, gesticulando, alegando contra enemigos con los que litigaba por su casa y contra sus antiguos adversarios políticos. Había sido fuerte, de pecho ancho, con aspecto de boxeador –decía Vargas Llosa- pero ahora estaba ya muy delgado, demacrado, con cabellera blanca flotando al viento.
Ofrecía, es verdad, cierto aspecto de perturbado pero esta visión desaparecía
cuando al reconocer a los amigos tejía frases ingeniosas, sabias, ocurrentes,
que evidenciaban su enorme talento y cultura.
Vivía solo porque hacía ya muchos años que se había divorciado y sus hijos, ya mayores, estaban cada uno por su lado. Austero al extremo, solo tenía su cama, una mesa, un par de sillas y montañas de libros. Cada mediodía salía para almorzar en alguno de los restaurantes casi caseros del barrio para luego sumergirse nuevamente en su habitación a escuchar la radio y leer. A veces armaba su caballete y dibujaba y trazaba formas en papel que no sé si guardaba. Nunca veía televisión; ni siquiera tenía el aparato.
Romualdo hizo de todo en el terreno de las artes y las letras. Cronista,
crítico, reportero, caricaturista, ilustrador, pintor, ensayista, profesor
universitario pero sobre todo, poeta.
En estos días de duelo por su desaparición se le harán seguramente homenajes a su poesía más ilustrados del que yo pudiera componer ahora.
Pero me falta una nota personal que añadir. Mi hijo mayor, Eduardo, hizo su
tesis para graduarse de Bachiller en Literatura en la Pontificia Universidad
Católica y eligió como tema la poesía de Romualdo. Un día de 1982, en una
pequeña aula, defendió su “La evolución de las concepciones de poesía y poeta en la obra de Alejandro Romualdo”, frente a un jurado que integraban, entre otros Ricardo Gonzales Vigil y Susana Reisz.
Confundido entre los pocos asistentes estaba el poeta, en la que probablemente fue la única vez que visitó la Universidad.
Romualdo lanzaba frases como rayos que herían y hacía dibujos que pasaron a la historia, como aquella caricatura del terrateniente Pedro Beltrán en Octubre colgado de la cruz con el epígrafe “El Señor de los Mil Agros”. Y muchas más que habrá que recoger de la multitud de revistas y diarios en que dejó regado su talento.
Pese a su genio, tenía una multitud de amigos que se preocupaban por su salud y su vida. Varios porfiaron por arrancarle al Estado una pensión que le permitiera superar dificultades pero una férrea burocracia ministerial lo impidió siempre.
En fin, será imposible olvidarlo.
Juan Gargurevich
Periodista, Decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. También profesor en la Universidad Nacional de San Marcos. ¿Especialidad? Periodismo y su historia. Autor de varios libros sobre el tema. ¿El último? "Introducción a la Historia del Periodismo".Archivos
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