Lo he visto nuevamente en una tienda de anticuario en Miraflores, arrinconado, dejado en consignación pero nadie lo quiere. Un soberbio aparatazo de fina madera marca “Telefunken” con un gran dial que indica que es posible sintonizar todo el abanico radial, con los nombres de las ciudades más importantes del planeta. Es un poderoso radiorreceptor de los años 30 y por sus parlantes deben haber pasado toda la Segunda Guerra, luego la Guerra Fría, etc. hasta que el transistor lo derrotó. Ahora es un armatoste inútil lleno de tubos que no prenden y que me encantaría tener pero no sabría donde ponerlo.
Con un aparato así era posible acercarse al mundo antes de la apabullante llegada de Internet, gracias a la cual ahora mismo podría escoger entre miles de emisoras y sin necesidad de buscar en el viejo dial la señal lejana de las radios provincianas, las prohibidas por subversivas, las piratas, las musicales exóticas.
Era el mundo de la Onda Corta, hoy en franca extinción porque pocos transmiten en ese espacio pues no tienen casi oyentes. Incluso es raro y caro un buen receptor para las bandas que van desde los 10 a los 80 metros, o sea de los 2 300 kH hasta los 30 mil KH, donde hasta hace unos veinte años reinaban La Voz de América, la BBC, Radio Moscú, Radio Suecia Internacional, Radio Nederland, Radio Francia Internacional, Radio La Habana y un largo etcétera que preferían las bandas de 19, 25 y 31 metros para sus emisiones regulares.
Todos los mayores tenemos historias de radio para recordar y contar. Nuestro primer acercamiento a la radio fue en Mollendo, cuando desatada la Guerra Mundial, mi padre compró un aparato de “¡ocho tubos!” en que era posible escuchar a norteamericanos, alemanes, rusos, ingleses cuando caía la tarde y hasta avanzada la noche. El crepitar de la señal distante nos acompañó por años.
Luego llegó la gran guerra de la propaganda en todas las bandas porque los vencedores se habían apropiado de casi todo el dial, dejando poco a los pobres tercermundistas, como el Perú por ejemplo. La propaganda radial fue uno de los frentes más activos de esa Guerra que tuvo su final luego de 1989 con la Caída del Muro y el desmantelamiento progresivo de las emisoras destinadas a subvertir el orden “en el otro lado”.
En América Latina “Aquí Radio Rebelde”, desde Sierra Maestra fue la favorita de las izquierdas a partir de 1958 porque era todo un reto encontrarla para seguir el avance de la guerrilla castrista pero hacía falta un radiorreceptor como el que venden en la tienda de antigüedades y que nadie quiere comprar. Las alternativas ahora son otras -el mundo de la radio sigue siendo tan importante como antaño- aunque ya muy pocas desde los viejos y queridos 31 metros.
Juan Gargurevich
Periodista, Decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. También profesor en la Universidad Nacional de San Marcos. ¿Especialidad? Periodismo y su historia. Autor de varios libros sobre el tema. ¿El último? "Introducción a la Historia del Periodismo".Archivos
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