Los periodistas que asistieron al Mundial de fútbol que se acaba no lo recordarán por la decepción argentina, o el fiasco alemán o la garra uruguaya. Se traen como pesadilla el ulular terrible de un modesto artilugio llamado “Vuvuzela”.
Es un instrumento musical tan antiguo que nadie sabe con certeza porqué se llama así. Algunos creen que el nombre proviene de “vuvu” una voz zulu que significa ruido en castellano y piensan también que imita el trompeteo de los elefantes (los paquidermos “barritan” dice el diccionario).
No fue tampoco novedad su aparición en las calles de Johannesburgo el día de la inauguración porque mucho las habían visto y oído en celebraciones africanas.
Pero lo que nadie imaginó es que unas 50 mil vuvuzelas tronando a la vez se convertirían en un horrísono sonido capaz de llevar a la desesperación a los colegas que trataban de hacerse oír en sus transmisiones.
Luego del primer día o del debut vuvuzelo una serie de pedidos abrumaron a la FIFA, desde jugadores hasta dirigentes y por supuesto periodistas para que se detuviera la agresión acústica que amenazaba con desestabilizar al periodismo mundial. Pero no hubo caso pues la FIFA consideró que se trataba de de un instrumento típico de la cultura del país anfitrión y se negó a impedir su ingreso a las tribunas.
La vuvuzela ganó la batalla y su cruel zumbido ha torturado partido a partido a todos, incluyendo a los propios africanos.
El sonido despertó curiosidad científica y se hicieron pruebas para averiguar porqué molestaba tanto; y se estableció que un toque fuerte producía una catarata explosiva de decibeles que casi sobrepasaba la capacidad humana de soportarlo. Un experto lo comparó a estar al lado de un motor de avión arrancando.
En el Perú y en muchos países no se conocían, por lo menos a nivel popular pero ahora que su fama ha traspasado fronteras y los chinos las fabrican en cantidades fabulosas es probable que llegue a nuestros estadios de manera masiva. La Asociación de Fútbol las ha prohibido pero veremos si se puede contra la versión que el gracejo criollo ha bautizado como “vuvucholas”.
La FIFA, entidad multimillonaria y supranacional que ha convertido el fútbol en un negocio extraordinario también tiene su Vuvuzela Oficial y cobra 15 euros por ejemplar. La publicita en Internet y asegura que la tendremos en casa en cinco días.
Recordemos cómo se quejaba Martínez Morosini de una modesta trompetita que sonaba sin descanso en la barra del Alianza sin que nadie pudiera detenerla. Al lado de las vuvuzelas eso era un juguete de bebito.
Juan Gargurevich
Periodista, Decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. También profesor en la Universidad Nacional de San Marcos. ¿Especialidad? Periodismo y su historia. Autor de varios libros sobre el tema. ¿El último? "Introducción a la Historia del Periodismo".Archivos
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