Archivo del Autor: Juan Gargurevich

-Cómo rectificar una caricatura, o -La furia de la señoraJuárez

¿Cómo se rectifica una caricatura?

La mujer que está en la parte inferior de la caricatura de Alonso Núñez.. ¿es la señora Patricia Juárez? Y la dama, ¿está recibiendo dinero… o entregándolo? Y… ¿a quién, y por qué?
El problema es que doña Patricia -personaje importante en el proceso fracasado de la Revocatoria- creyó reconocerse en la mujer aquélla y exigió “la rectificación correspondiente” en furiosa carta enviada a El Comercio hace unos días y haciendo referencia al dibujo de Núñez publicado el 17 de marzo.

Caricatura de los "Revocadores" por Alonso Núñez" en El Comercio del 17 de marzo.

Caricatura de los “Revocadores” por Alonso Núñez” en El Comercio del 17 de marzo.


El tema es muy interesante y debe haber provocado más de una discusión o reflexión entre los artistas de la pluma que se especializan en tomar el pelo, generalmente con crueldad, a los personajes de la actualidad.
Los políticos que están en el candelero se aguantan, saben que son las reglas del juego, que hay que contar hasta diez. Y los artistas -a quien la sociedad concede patente de corso sin problemas- flagelan sin piedad a sus víctimas.
Alonso Núñez, Mario Molina y Javier Prado hicieron una exposición de sus trabajos en mayo del 2010 y la muestra se llamó “No vale picarse”. Y la verdad es que es muy raro que un caricaturizado reaccione como la señora Juárez que en su carta dice, por ejemplo que “ la malhadada caricatura me presenta como una mercenaria, condición que rechazo manera categórica”.
Núñez le contestó explicándole que una caricatura es “una opinión sin palabras, con imágenes, símbolos, alegorías, gestos, metáforas, con licencias que solo en el lenguaje artístico se pueden dar” y de yapa le dijo más adelante “En mi dibujo no la he querido calificar de ‘mercenaria’ pero usted lo ha interpretado así”.
Como todo un caballero arequipeño y con finísima ironía le pidió disculpas “ante el hecho concreto que se sienta agraviada”.
Y como verán en la reproducción que acompaña a esta nota, algunos personajes que creemos reconocer también deberían pedir “rectificación” a Núñez, como por ejemplo Alan García, Ljuis Castañeda, etc. y etc.
Para lo que ha servido la protesta de la señora Juárez es para renovar la discusión de los presuntos agravios mediante las caricaturas de corte político. Y si dichos trabajos están incursos en los códigos civiles o penales relativos a la imagen.
El problema es que una rectificación cabal consistiría en repetir el dibujo pero retirando a la presunta señora Juárez, o mejor, borrando a la dama que la señora Juárez afirma que es ella. O también Núñez podría colocar una circulito al lado de la doña diciendo “esta no es la señora Juárez…”. Uf.
Un famoso político decía que para hacer política en serio debía aprenderse en primer lugar a “tragar sapos”. Y si la señora Juárez no es capaz de tragarse ese sapito… mejor que se regrese a su bufete acompañando a su marido revocado.

¿En qué se parecen, Sofocleto, Vargas Llosa, Nicanor de la Fuente??

Además de ser escritores y peruanos… ¿Qué acerca a Mario Vargas Llosa con Luis Felipe, Sofocleto, Angell de Lama y el poeta norteño Nicanor de la Fuente??
Son -que sepamos- los únicos literatos nacionales que han inaugurado su propio monumento. El primero, nuestro Nobel de Literatura, en la Biblioteca Nacional y el segundo en una pequeña plaza de Paita que lleva el ambicioso nombre de “Parque Sofocleto”.

Sofocleto inaugurando su monumento, en Paita.

Sofocleto inaugurando su monumento, en Paita.


Sofocleto publicó sus primeros “Sinlogismos” en 1955 y luego, en 1957, una antología de “Sofocleto en Dos Columnas” que recogía sus textos publicados en “El Comercio”.
Fue una sorpresa para el mundo literario que ganara el Premio de Novela que auspiciaban el famoso librero Juan Mejía Baca y el impresor Villanueva, en 1958.
Se cuenta que se presentaron varios autores y entre éstos nada menos que José María Arguedas y se daba por descontado que ganaría. Pero al final el jurado prefirió la novela corta “La Tierra Prometida”, de Angell, porque trataba de un tema inédito, el drama de un migrante andino que trata de sobrevivir en Lima sufriendo penurias atroces y con un final trágico.
No volvería Angell a incursionar en la novela, decidiéndose por el humor y logrando finalmente la fama y el reconocimiento de sus paisanos paiteños que le consagraron el “Parque Sofocleto” un par de años antes de que muriera en el 2004. Las escasas fotos que se conservan de la ceremonia lo muestran feliz y sonriente al lado del adusto bronce que lo inmortalizaría.
Vargas Llosa no necesita de nuestra presentación. Al igual que Sofocleto inauguró su busto, que no es de bronce y que está en la entrada de la Biblioteca Nacional como constancia del reconocimiento nacional a su obra.
Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional.

Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional.


El tercer literato que inauguró su busto y enfrente de su casa chiclayana, nada menos, fue el periodista, poeta, narrador Nicanor de la Fuente que llegó a la edad de 107 años.
Pero hay que añadir que hay más peruanos en la breve lista de los que inauguraron sus monumentos. Por ejemplo, la Universidad Nacional Agraria encargó al famoso artista Carlos Bernasconi el busto de Orlando Olcese, gran profesor, fundador con su hermano Aldo de los revolucionarios “Super Markets” en 1953.
Ya pasados los noventa años, Olcese presidió la ceremonia de inauguración de su busto y tuvo así la enorme satisfacción de comprobar que sus esfuerzos académicos no habían sido en vano y que generaciones de “molineros” lo apreciaban tanto que no dudaron en inmortalizarlo en vida.
Dejamos para el final al dictador democrático don Augusto B. Leguía, que lucía entre sus virtudes la carencia absoluta de pudor pues no se hizo de rogar cuando propusieron su nombre para parques, avenidas, plazas y, por supuesto, cuando le erigieron monumentos en La Punta, La Victoria, la avenida Leguía (hoy Arequipa), etc. Y también consintió que usaran el nombre de su papá Nicanor, su mamá Carmen, sus hermanos…
Leguía, sin verguenza, inauguró varios de sus monumentos.

Leguía, sin verguenza, inauguró varios de sus monumentos.


La diferencia con los anteriores es que de Leguía solo quedan dos efigies: el pequeño busto que estaba en la avenida Arequipa y que hoy descansa de manera inexplicable en el Parque de la Amistad de Surco y en el hermoso mural de coloridos mosaicos que está en la fachada de la Sociedad de Fundadores de la Independencia y Defensores Calificados de la Patria, también en la avenida Arequipa.

……………

¿Los antiguos asesinos también aprendieron de los medios??

-El caso de la descuartizada en el baúl

El baul con el cadáver. Foto de "Mundial".

El baul con el cadáver. Foto de “Mundial”.


“Ya después de lo que ha ocurrido, nadie puede negar la influencia perniciosa de las novelas de veinticinco centavos que a vista y paciencia de los encargados de velar por la moralidad pública se venden en calles y plazas, y de las películas cinematográficas de aventuras donde nuestro pueblo recibe lecciones de alta criminalidad. Gracias a ellas nuestro pueblo sabe ya cómo puede aplicarse el cloroformo y el éter, el uso del soplete oxídrico, la potencia del aire líquido y una infinidad de linduras por el estilo”.
El parrafazo es el inicio de una extensa crónica titulada “Información completa del último crimen” y fue publicada en la famosa y aparentemente recatada revista “Mundial” que pertenecía al elegante Andresito Aramburú. Siete páginas de texto y macabras fotografías que incluían la del serrucho que sirvió para descuartizar a la víctima… cuyos restos también fueron mostrados sin reparos. Fotografías que ni siquiera la prensa chicha de hoy se atrevería a exhibir.
(El ejemplar de “Mundial” del que rescato la crónica citada lo encontré en mi cacería quincenal de libros y periódicos viejos y corresponde al nro. 93 del 24 de febrero de 1922).
El caso fue así: el chofer Benjamín Franco asesinó a su pareja, madre de sus dos hijos y luego la descuartizó con un enorme serrucho. Después compró un baúl donde acomodó las partes del cadáver y lo llevó a la estación del tren donde lo dejó etiquetándolo para Cerro de Pasco.
Era un baúl enorme y maloliente. Los empleados llamaron a la policía que luego del hallazgo se lanzó a buscar al asesino. La cacería duró poco porque los trapos que envolvían al cadáver estaban marcados por una lavandería de chinos del Rímac que usaban, como todos los limeños, las pepas de palta.
Capturado en una chacra, Franco confesó el crimen, delató a sus cómplices y todos fueron entrevistados, fotografiados, para escándalo limeño.
Y de paso "Mundial" aprovechó el crimen para hacer humor.. macabro...

Y de paso “Mundial” aprovechó el crimen para hacer humor.. macabro…


La política también aprovechó el crimen porque en esos días –era presidente Leguía- se discutía el presupuesto nacional y “Mundial” publicó en el mismo ejemplar una caricatura a toda página en que se ve a varios diputados rodeando un cadáver mutilado que lleva en el pecho las palabras “Presupuesto general de 1922” y debajo un versito titulado “EL CRIMEN DE ANOCHE! : En el Congreso, anoche,/se ha descubierto/otro baúl macabro/con otro muerto/ y al abrirlo encontraron/con gran sorpresa/que tampoco tenía/ pies ni cabeza…”.

Historia de La Crónica (Final)

-Fujimori decidió que no circulara más
Cierre027
En los años que siguieron desde el fin del gobierno militar hasta el cierre definitivo del diario, en 1990, poco queda por contar de La Crónica, salvo el paso fugaz de Ricardo Ramos Tremolada, nombrado Director a los 23 años escasos, en 1986.
Ramos había sido testigo del asesinato de su padre, dirigente histórico del Apra, por sicarios de Sendero Luminoso y era un intelectual que hizo esfuerzos por mejorar el diario, editando, por ejemplo el excelente suplemento “Hipocampo”. Pocos meses después se marchó a los Estados Unidos, donde reside.
Recordemos que cuando el presidente Belaunde fue elegido no desactivó el aparato informativo estatal militar sino que lo reemplazó por el “Sistema Nacional de Comunicación Social” (Sinacoso) que encargó a Miguel Alva Orlandini, y éste nombró director de La Crónica al distinguido literato Augusto Tamayo Vargas.
Cuando Alan García asumió el poder en 1985 prometió solemnemente desactivar el Sinacoso lo que, por supuesto, no cumplió y lo encargó a Hugo Otero.
En 1989 La Crónica tuvo una directora, la militante aprista Janet Gamarra y finalmente, el nuevo gobierno de Alberto Fujimori decidió el cierre en la Navidad de 1990, siguiéndole pocos años después la otrora exitosa La Tercera, que nació el 9 de diciembre de 1953 y circuló hasta 26 de octubre de 1992. Su último director fue Luis Arista.
¿Volverá a circular La Crónica? Hace poco se supo, y se publicó con amplitud, que el nombre, el logotipo, había sido declarado en abandono en Indecopi y recogido por personas que finalmente lo vendieron a la Universidad San Martín de Porres y más específicamente a su rector, el militante aprista Chang.
Se especula a partir de entonces que el Apra relanzaría La Crónica para la próxima campaña electoral y en la que, con seguridad, Alan García tentará la Presidencia nuevamente.
Pero el Apra y el periodismo nunca fueron buena pareja. Los diarios que editaron fracasaron.. pero esa es otra historia para contar.

–FIN–

Historia de La Crónica (Cinco)

-Un huracán llamado Guillermo

Primera página de La Crónica dirigida por Guiller Thorndike, en julio de 1974.

Primera página de La Crónica dirigida por Guiller Thorndike, en julio de 1974.


La llegada de Guillermo Thorndike y su batallón de periodistas a La Crónica fue como si un verdadero huracán hubiera sacudido las instalaciones improvisadas en el jirón Andahuaylas, el viejo predio de la empresa de tejidos Santa Catalina, una de las joyas del extinto Imperio Prado.
Los Prado, abrumados por la crisis, vendieron el gran edificio de la av. Tacna al hotel Crillón, que lo convirtió en Centro de Convenciones.
Antes había instalado una poderosa rotativa Metro Goss en Andahuaylas y luego se llevaron allá la redacción.
Los militares libraban una dura pelea con los medios privados y La Crónica y La Tercera –de la tarde- les pareció útil para la propaganda y decidieron conservarlos. Nombraron un directorio presidido por Javier Aramburú Menchaca y ahí estuvo todavía Gustavito Prado Montero, hijo del antiguo dueño Gustavo Prado Heudebert, soberbio e indiferente, que jamás contestaba un saludo y al que motejaban “huelecaca”. El director era el notablemente ubicuo Augusto Rázuri.
En 1971 Velasco envió a La Crónica a Luis Gonzales Posada, hermano de su mujer, apodado por ello “Cuñadísimo” y que dejaría como único aporte el nuevo nombre, “La Nueva Crónica”. También llegaron al diario el anecdótico Ismael Frías, Hernando Aguirre Gamio y otros.
Cuando el gobierno decidió la expropiación de la llamada “gran prensa” dispuso que La Crónica y La Tercera fueron renovadas y llamaron a Thorndike, uno de los periodistas más notables de la época.
Thorndike.

Thorndike.


Así, a la vez que nuevos directores y redactores entraban en la noche del 27 de Julio a los edificios de los diarios confiscados, Guillermo ingresaba a una redacción silenciosa, ante un grupo de veteranos redactores preocupados y temerosos.
Ya había convocado al equipo de periodistas que se harían cargo. Tomaría personalmente La Crónica y entregaría La Tercera a Domingo Tamariz.
¿Quiénes estuvieron en esa redacción que sacudió la historia del periodismo nacional? El Chino Domínguez, José Luis Vargas, José Adolph, Mirko Lauer, Humberto Castillo Anselmi, Alejandro Sakuda, Manuel Alcántara, Abelardo Oquendo, Lucho Delboy, Maruja Barrig, Ricardo Muller, Jesús Ruiz Durand y otros, una treintena.
Y hasta se dio el lujo de despedir a Pocho Rospigliosi y su team deportivo de La Tercera sin que se perdiera un solo ejemplar de venta.
Cambiaron el formato de tabloide a estándar, reactivaron Variedades, lanzaron Mundial, y hasta una versión en quechua, “Cronicawan” manejada por Angel Avendaño.
La primera edición, cuenta Tamariz, tardó en salir, pero su titular principal atrajo a más de cien mil lectores pues proclamaba “Sin Patrones Ni Mordaza” sin disimular el tono de lo que vendría en ese año, el mejor de toda la historia de La Crónica y La Tercera, que llegó a vender más de 200 mil ejemplares.
La hazaña duró poco, un año exacto. El propio Velasco, días antes de ser defenestrado por Morales Bermúdez despidió a Thorndike reemplazándolo por Gonzales Posada. Pero a las pocas horas el nuevo Presidente nombraría sucesivamente a Aguirre Gamo, Luis Silva Santisteban, José Luis Brousset…
El gran equipo periodístico fue reemplazado. Alguno se quedaron, otros fueron despedidos en 1976.
Total, cuando La Crónica y La Tercera pasaron a control del nuevo gobierno de Fernando Belaunde, en 1980, habían vuelto a ser los viejos diarios de siempre, sin ánimo ni imaginación.
Página editorial de La Crónica en quechua.

Página editorial de La Crónica en quechua.

Mañana: Epílogo sin pena ni gloria

Historia de La Crónica (Cuatro)

Mario Vargas Llosa y Carlos Ney Barrionuevo en  La Crónicas en 1952. Todavía estaban en la calle Pando h reinaban los bohemios que pronto serían desplazados.

Mario Vargas Llosa y Carlos Ney Barrionuevo en La Crónicas en 1952. Todavía estaban en la calle Pando h reinaban los bohemios que pronto serían desplazados.

Cuando el quinceañero Mario Vargas Llosa entró a trabajar a La Crónica en el verano de 1952 no sabía que justo entonces se libraba una dura batalla en el diario porque los Prado auspiciaban a una nueva generación de periodistas que pugnaba por ocupar el lugar de los viejos cronistas, aquellos que habían sostenido el diario a duras penas en el mediocre decenio de los años cuarenta.

La Crónica estuvo en esta casona casi cuarenta años. Ya no existe. En su lugar se abrió las Galerías Boza.

La Crónica estuvo en esta casona casi cuarenta años. Ya no existe. En su lugar se abrió las Galerías Boza.


Desde que La Crónica había pasado a manos del ya poderoso y llamado “Imperio Prado”, en 1942, la familia se había desentendido un poco de la empresa periodística que era manejada por la Papelera Peruana y cuyos ingresos eran elementales en comparación a, por ejemplo, “Santa Catalina” y otras.Banco Popular Uno
El “Imperio Prado”, recordemos, estaba formado por un centenar de empresas lideradas por el Banco Popular. La fortuna provenía de los bienes del controvertido general y expresidente Mariano Ignacio Prado quien tuvo siete hijos, Grocio, Justo y Leoncio que murieron durante la Guerra con Chile y Mariano que se hizo empresario y banquero, Javier que fue el intelectual y Jorge y Manuel que se lanzaron a la caza de la Presidencia.
Demás está decir que luego de poseer el principal Banco limeño, haber tenido un Presidente en la familia y un largo etc. los Prado eran probablemente la familia más poderosa e influyente del Perú.
Decidieron mantener La Crónica que languidecía allá en la vieja casona de la calle Pando (jirón Carabaya, a la vuelta de la Plaza San Martín) porque Manuel Prado podría tentar nuevamente la Presidencia luego del retiro del dictador Odría (1948-1956).
El diario, los Prado, se quedaron quietos en el Ochenio, aguardando, reuniendo fuerzas y tomando la decisión política de invertir y mejorar La Crónica a partir de 1952.
En aquel año el Presidente del Directorio llamó a un sobrino de su mujer para renovar el diario. Así fue como el trujillano Pedro Morales Blondet abrió fuegos contra la vieja generación de crónica roja, pisco, burdel y putas de fin de semana, de bohemia de viejo estilo y en poco tiempo desplazó a los “históricos” para liderar el cambio que coincidió con el traslado del diario al grande y nuevo edificio en la avenida Tacna.
Para 1954, más o menos, La Crónica había cambiado y Morales Blondet apostaba más por los deportes que por la venerada crónica roja del famoso “Becerrita” que Vargas Llosa recordó en sus memorias.
El Imperio logró éxito por segunda vez. Manuel Prado fue elegido Presidente en 1956 y ocuparía Palacio hasta 1962, año que fue derrocado por los militares.
(Para seguir la historia de los Prado, auge y debacle, hay mucha bibliografía. Pero hay varios textos indispensables: “El Imperio Prado” de Felipe Portocarrero y “Historia de tres familias” de Dennis L. Gilbert. Para los avatares periodísticos es obligaría la lectura de “Memorias de una Pasión” de Domingo Tamariz” y de yapa… “Vargas Llosa, Reportero a los 15 años” de Juan Gargurevich).
Cuando los militares liderados por el general Velasco Alvarado tomaron el poder derrocando al presidente Belaunde, el “Imperio Prado” agonizaba. Y cuando Mariano y Marianito negociaban su venta al Chase Manhattan Bank (vía el Banco Continental), el gobierno nacionalizó el Banco.
Y fue así como a partir del 12 de junio de 1970, las empresas Prado pasaron a control gubernamental, incluidas La Crónica, La Tercera y Radio La Crónica.
Habría que añadir el dramático final del otrora poderoso Mariano, el gerente del Banco. Murió en 1974, preso en el Hospital de Policía, enjuiciado por fraude y otros delitos. El heredero, Marianito, logró fugar a España.
La avenida Tacna de los años 50. El mejor edificio, La Crónica.

La avenida Tacna de los años 50. El mejor edificio, La Crónica.

Mañana: La Crónica en el aparato estatal militar (1970-1980).

Historia de La Crónica (Tres)

-Larco Herrera, un “barón del azúcar”, el nuevo dueño
Si alguien podía ser calificado de oligarca en el Perú en los años 30, era sin duda don Rafael Larco Herrera, co-dueño –con sus hermanos- de Chiclín, Chiquitoy y otras haciendas azucareras del norte.

Rafael Larco Herrera, dueño de La Crónica de 1931 a 1942.

Rafael Larco Herrera, dueño de La Crónica de 1931 a 1942.


La familia Larco, llegada al Perú a mediados del 19, había logrado superar la invasión y exacción chilena de la Guerra gracias a sus conexiones inglesas y pronto rehízo su pequeño reino cerca de Trujillo, afianzando su fortuna y su influencia.
Rafael tenía la vocación de la política y quería ser Presidente, sin duda. Al caer Leguía estuvo en la Junta de Gobierno de 1931 y luego ocupó otros cargos de importancia… pero él quería ser Presidente.
En ese año de 1931 le ofrecieron a precio módico la agonizante empresa La Crónica y Variedades S.A., la que compró asumiendo el cargo de Presidente del Directorio, dejando a sus periodistas lo noticioso. Allá estaban los históricos Domingo López de la Torre, Santiago Vallejo, Guillermo Corzo, Oscar Paz, los grandes “policiales” Becerra y Marcoz Sarrín, el deportivo Oscar Paz, los fotógrafos Ego Aguirre.
De paso fundó en Trujillo el diario La Nación, de escasa trascendencia.
El semanario Variedades no volvió a salir y La Crónica fue sostenida por el millonario que apoyó a Benavides, luego a la candidatura de Jorge Prado Ugarteche en 1936, forcejeando con José Quesada que había comprado La Prensa para su candidatura.
Larco Herrera estaba sin duda en el proyecto político de mediano plazo de la ya poderosa familia Prado que se perfilaba como líder en el sistema bancario por medio del Banco Popular. Y por esto aceptó postular como Primer Vicepresidente junto con Manuel Prado en las elecciones generales de 1939, con el auspicio del presidente Oscar R. Benavides. No podían perder.
Eran años difíciles en lo internacional. Se iniciaba la Segunda Guerra y Prado y Larco eran pro norteamericanos sin dudas. Y aquí fue donde Larco Herrera se peleó con el Presidente.
Roosevelt invitó a Prado a Washington en abril de 1942 y cuando el dueño de La Crónica creyó que, por fin, se pondría la banda presidencial por lo menos unos diez días, el Presidente decidió que sería reemplazado por el Consejo de Ministros haciéndole, en fin, una criollada que indignó al magnate.
No dudó en lanzar sus diarios contra Prado pero le surgió un sorpresivo frente interno en La Crónica. Un grupo de periodistas le lanzaron acusaciones, hicieron denuncias, la Caja de Depósitos le reclamó por deudas que él creía arregladas por el gobierno pero sobre todo, la empresa que proveía de papel a La Crónica y que le concedía crédito generoso reclamó el pago.
En agosto de ese 1942 Larco Herrera se declaró derrotado y transfirió sus acciones a la Papelera Peruana, de la familia Prado.
Desalentado y triste por la deslealtad pradista se retiró al norte donde sostenía una lucha encarnizada con sus hermanos por el control del negocio azucarero y finalmente murió en Lima en 1956.
Entre sus virtudes debemos destacar su pasión por reunir piezas prehispánicas. Su hijo, Rafael Larco Hoyle, heredó y trabajó la enorme y valiosa colección que hoy está en el museo de su nombre, en Pueblo Libre.
Manuel Prado, mañoso y desleal, impidió que Larco Herrera fuera Presidente por diez días.

Manuel Prado, mañoso y desleal, impidió que Larco Herrera fuera Presidente por diez días.

Sigue: La Crónica para el Imperio Prado

Historia del diario La Crónica (Dos)

La Crónica y Variedades, en manos de Palma y Leguía

Clemente Palma, fundador y director de La Crónica y Variedades.

Clemente Palma, fundador y director de La Crónica y Variedades.


La trágica y temprana muerte del fundador de Variedades y La Crónica, el portugués Manuel Moral, dejó ambas publicaciones en manos de Clemente Palma, quien había asumido la dirección por decisión del propietario.
No conocemos detalles de la herencia de Moral y debemos presumir que Palma, Gálvez, Hernández y otros de los que controlaron ambos periódicos honraron la memoria del gestor y dueño atendiendo a las necesidades de la familia.
Clemente Palma, como saben, era el hijo mayor del célebre periodista más conocido como “tradicionista” don Ricardo Palma quien al fundarse el diario acababa de ser removido como Director de la Biblioteca Nacional. Hubo entonces un desencuentro con el presidente Leguía pero que fue resuelto muy rápido.
Y La Crónica y Variedades fueron puestos al servicio de los intereses de Augusto B. Leguía, quien fue generoso con Palma en sus gobiernos sucesivos, como veremos.
Clemente no necesitó de la ayuda del padre para afirmarse como intelectual y político influyente pues era hombre de genio y creatividad. Hacía literatura fantástica, siendo hoy reconocido como pionero; redactaba la crítica de toros firmando como “Apapucio Corrales”, llevaba la crítica literaria y, en fin, su personalidad marcaba La Crónica y Variedades aunque era en esta última que desplegaba sus talentos.
El diario, que había sido concebido como tabloide de agilidad informativa al estilo norteamericano pronto fue reduciendo sus intereses a las noticias sensacionales, policiales, convirtiéndose en órgano oficioso del leguiísmo. Se recordará que durante el Oncenio, Leguía tuvo a su merced La Crónica, Variedades, la revista Mundial de Andrés Aramburú, La Prensa confiscada, el diario El Sol y otras publicaciones que le hacían coro. Y cuando surgían otras voces, como José Carlos Mariátegui, por ejemplo, fueron silenciadas de inmediata y muchas veces mediante deportaciones.
Gracias a Leguía fue elegido y reelegido diputado y viajó con frecuencia representando al gobierno. Siguió escribiendo y publicando, dejando el diario en manos de redactores que lo condujeron al espacio menos conflictivo: la crónica policial, los crímenes y sus frecuentes exageraciones la ganaron el mote de “la mentirosa”.
Las grandes fotos de Leguía eran frecuentes en la primera página, pagando al final la entrega excesiva pues apenas aquel fue derrocado Clemente Palma fue arrestado y llevado al Frontón por los militares que lideraba el nuevo Presidente, el comandante Sánchez Cerro, en 1930.
El presidenteLeguía y la primera Miss Perú, en febrero de 1930. En setiembre sería derrocado.

El presidenteLeguía y la primera Miss Perú, en febrero de 1930. En setiembre sería derrocado.


Sin embargo ya Palma no dirigía La Crónica y Variedades, periódicos sumergidos en la dramática crisis económica que le costaría el gobierno a Leguía.
En 1930 el director era Pedro Dulanto y entraría en escena Manuel Cisneros Sánchez, promotor de la candidatura presidencial de Manuel Prado Ugarteche. Fue Cisneros quien maniobró para que la empresa fuera vendida en 1931 al magnate azucarero Rafael Larco Herrera, el dueño de “Chiclín”.
¿Y Palma? Partió a Chile, al exilio. Regresó cuando Sánchez Cerro fue asesinado en 1933 y luego publicó un libro de homenaje a Leguía. No retornó jamás a la política ni al periodismo y murió como discreto funcionario de Relaciones Exteriores, en 1946.

Mañana: La Crónica de Rafael Larco Herrera

Historia del diario La Crónica (Uno)

-Manuel Moral, fotógrafo portugués, fue el fundador

“Hemos adoptado para La Crónica el pequeño formato, que ya se está adoptando profusamente en Europa y otros países adelantados de América. Hoy que todo el mundo lee y que lee en cualquier parte, los grandes formatos tradicionales tiene inconvenientes que el pequeño formato salva. Excelsior en París, A.B.C. en Madrid y muchos diarios ingleses y norteamericanos, responden a esta conveniencia de comodidad para la lectura, que ha venido a ser ya una exigencia de la vida moderna, agitada y rápida.”

En la casa del medio, en la calle Mercaderes, al lado de la Casa Welsch, fue fundada La Crónica. Llevaba en e frontis un retrato de Daguerre.

En la casa del medio, en la calle Mercaderes, al lado de la Casa Welsch, fue fundada La Crónica. Llevaba en e frontis un retrato de Daguerre.


Así justificaron los fundadores de La Crónica el tamaño tabloide, toda una novedad en Lima que tenía como periódicos principales al ya tradicional El Comercio civilista-pardista (1839) y a La Prensa (1903) demócrata-pierolista.
El dueño era el portugués Manuel Moral, fotógrafo talentoso y sin duda carismático que había llegado a Lima apenas terminada la guerra con Chile, en 1883. Veinteañero, aficionado a la fotografía, abrió un pequeño estudio en el Callao logrando éxito porque se especializó en los retratos de damas.
A principios del siglo ya tenía dinero, era conocido, y se decidió a plantar competencia a los venerables Courret, Manoury, asociándose inicialmente con Garreaud e instalándose en pleno centro, nada menos que en la calle Mercaderes a pocos pasos de la Plaza de Armas, del Famoso estudio Courret y de las tiendas comerciales más distinguidas de entonces.
Se unió pronto a la bohemia limeña y en su estudio se reunían intelectuales y periodistas como Julio Hernández, Carlos Germán Amézaga, Clemente Palma y otros. Terminó casándose con Julia María, la hija de Hernández y fue éste quizá quien lo convenció de promover la fotografía por medio de una revista propia, en la que aparecerían a toda páginas las damas de sociedad que fotografiaba su reputado estudio, la Casa Moral (originalmente “Casa Lusitana”).
Así apareció Prisma. Y luego Variedades, Ilustración Peruana, Figuritas y finalmente Palma y José Gálvez lo animaron a la aventura del diario propio, La Crónica.
¿Quería hacer política el portugués? Quizá su intención era comercial pero Clemente Palma, el flamante director, era partidario de Leguía a quien acompañaría hasta el final.
En ese abril de 1912 terminaba su mandato Augusto B. Leguía y se perfilaba como seguro Presidente el acaudalado azucarero Antero Aspíllaga.
A pcos días de fundada La Cronica la gran noticia del hundimiento del Titanic sacudió al mundo. La Crónica supo aprovechar la conmoción.

A pcos días de fundada La Cronica la gran noticia del hundimiento del Titanic sacudió al mundo. La Crónica supo aprovechar la conmoción.


Cuando estaban en campaña apareció La Crónica y celebró la presencia del candidato sorpresivo, Guillermo Billinghurst , héroe de la guerra, dinámico exalcalde de Lima y que terminó ganando las elecciones.
La Crónica fue fundada en la calle Mercaderes (véase la foto) y luego Moral compró una casona en la calle Pando (jirón Carabaya) adonde se trasladaría meses después. Y fue allí donde Manuel Moral murió de un fulminante infarto cuando inspeccionaba los arreglos del nuevo local, un aciago 7 de noviembre de 1913. Solo tenía 48 años.

Mañana: La Crónica, que llamaron “la mentirosa”

¿Quién fue Modesto Molina?: Un patriota peruano, tacneño

Persiguiendo a Modesto Molina (III)

Encontramos al periodista, compositor, profesor, poeta tacneño Modesto Molina Paniagua en episodios importantes de nuestra historia de tiempos difíciles. Por ejemplo, como testigo del asesinato del expresidente Manuel Pardo en 1878, como director del diario “El Comercio” de Iquique que se ve obligado a cerrar ante la invasión chilena del 79, como editor del periódico “La Voz del Perú” en Iquique en 1903 resistiendo luego al proceso de chilenización de las provincias cautivas, como editor de “La Voz del Sur” en Tacna, y un largo etcétera.

Modesto Molina, gran periodista.

Modesto Molina, gran periodista.


Y como cronista y testigo, dejando para la posteridad el dramático relato del combate naval de Iquique en que el “Huáscar” espoloneó y hundió al “Esmeralda” pues había abordado al monitor poco antes del encuentro.
Leamos un párrafo:
“A una evolución de la Esmeralda en que presentó hacia el sudoeste su costado de estribor, le acometió por tercera vez el Huáscar con su ariete, descargándole dos cañonazos. Uno de estos le llevó por completo la proa, por la cual comenzó a hundirse.
Fue en este tercer choque cuando el comandante Prat de la Esmeralda saltó, revólver en mano, sobre la cubierta del Huáscar gritando: ¡Al abordaje, muchachos! Lo siguieron un oficial Serrano, que llegó hasta el castillo, en donde murió, un sarjento de artillería i un soldado. Todos estos quedaron en la cubierta muertos. Prat llegó hasta el torreón del comandante, junto al cual estaba el teniente Velarde, sobre el cual hizo tres tiros que le causaron la muerte.
Entonces un marinero acertó a Prat un tiro de comblain en la frente, destapándole completamente el cráneo, cuyos sesos quedaron desparramados sobre cubierta”.
Firmado el Tratado de Ancón en 1883 quedaron para decisión futura las provincias peruanas de Tarapacá, Arica y Tacna (cuyo destino se decidiría recién en 1929).
Un importante grupo de intelectuales sureños asumieron la tarea patriótica de lograr que revirtieran al Perú y, sobre todo, que no se perdiera el ánimo peruanista, la llama patriótica. Y entonces encargaron a Modesto Molina la confección de un Himno a Tacna, que comienza así:
“Mantengamos el fuego sagrado
Del amor a la patria, inmortal,
Que Dios salva y eleva a los pueblos
Que confían en su libertad”.
Pero quien puede contar mejor toda esta historia es el conocido y reconocido Cronista de Tacna, don Fredy Gambetta, animoso y, sobre todo, generoso intelectual tacneño. Gracias a él conocimos mejor a don Modesto Molina, cuya biografía completa estará en el libro que preparamos junto a otros autores y que se titulará “Los Periodistas en la Guerra con Chile”.
Ojalá esté listo para el 8 de octubre. Y quizá sea Tacna el lugar ideal para presentarlo.
El gran monumento del campo de batalla del Alto de la Alianza.  Adelante, dos patriotas.

El gran monumento del campo de batalla del Alto de la Alianza. Adelante, dos patriotas.


-FIN-