La primera canallada de Fujimori: el “Ojo” falso

La Gran Final del debate de 1990

Ilustración de "Página Lbre" del lunes 4 de junio de 1990

Ilustración de “Página Lbre” del lunes 4 de junio de 1990

Las palabras finales del debate le correspondían a Alberto Fujimori. Habían sido casi tres horas en las que Mario Vargas Llosa se había defendido académicamente y con firmeza de las acusaciones de que su gobierno planeaba un “shock aterrador”.
Fue el domingo 3 de junio de 1990 cuando debatieron los candidatos que habían pasado a la segunda vuelta, Fujimori y Vargas Llosa, actuando como moderador Guido Lombardi.
Y al final el público no pudo menos que sorprenderse, y seguro que Vargas Llosa más todavía, cuando Fujimori dijo:
“…Voy a tener que hacer una denuncia muy grave que echará por tierra la seriedad política de mi oponente. Tengo aquí una publicación, una especie de encarte con el logotipo del diario Ojo, que ha sido impreso, hasta donde sabemos, en número de quinientos mil ejemplares para ser distribuidos el día de mañana. Aquí se dice que el doctor Vargas ha ganado este debate…”.
Y levantó dos hojas del presunto diario “Ojo” ante el desconcierto de Vargas Llosa y sus asesores que nada pudiera idear, replicar, porque ahí nomás Lombardi dio por terminada la confrontación que había acaparado la atención nacional.
Apenas terminado el debate los directivos de “Ojo” desmintieron con energía que existiera aquel periódico exhibido por Fujimori, y se aprestaron a denunciarlo judicialmente. Solidariamente la mayoría de diarios protestaron por el engaño, como ”El Comercio” por ejemplo, que editorializó diciendo “Un caso indigno y bochornoso”. El Colegio de Periodistas también se unió a la denuncia pero sin duda el efecto televisivo había sido devastador.
Pocos días después Alberto Fujimori ganó ampliamente las elecciones asegurándose la impunidad y dejando para el recuerdo su primera canallada, lo mismo que a quien ideó la estratagema que no fue otro, con seguridad, que Vladimiro Montesinos.
La verdad es que nunca existió tal edición, eran solo un par de hojas mal impresas destinadas a llamar la atención y que fueron destruidas inmediatamente por el entorno fujimorista que contaba con el diario “Página Libre” para elevar el tema a primeras planas y que al día siguiente del debate lanzó: “Debate acaba en escándalo. Fujimori descubre fraude. Edición extraordinaria de Ojo inventa triunfo de MVLL”.
Nada pudo hacer el Fredemo, el partido de Vargas Llosa para revertir el impacto del canallesco invento de Fujimori.
Ha pasado muchos años pero siempre habrá tiempo para recordarlo como uno de los operativos sicosociales más exitosos de la pareja Fujimori-Montesinos.

El director de “Ojo” era por entonces Fernando Viaña y los dueños la familia Agois Bnchero que no disimulaban su fervir por el Fredemo, tal como “Página Libre” y “Novedades” lo hacían por Fujimori. Y para mejor prueba aquí agrego la primera página auténtica de “Ojo” de aquel domingo.

Verdadera

 

Y “La República” se burló de “El Comercio”…

Las páginas Dos y Tres de "La República", del 14 de marzo

Las páginas Dos y Tres de “La República”, del 14 de marzo

“El Comercio” anunció con la solemnidad de siempre que asumía el formato “Berliner” y “La República” le tomó el pelo haciéndole recordar que ese formato lo asumió hace ya años, aunque no agregó (para no incordiarlos más) que la mayoría del periodismo mundial hace mucho que se trasladó a ese tamaño que no es otra cosa que la media entre el viejo tamaño “standard” y el pequeño “tabloide”.
En la actualidad la prensa impresa que lucha por sobrevivir al tsunami digital “on line”, se presenta en cuatro formatos básicos, a saber, el Standard, antiguo, legendario que hasta hace poco mantenía diariamente “El Comercio” (al que volverán los fines de semana según anunciaron).
Le sigue en popularidad el Tabloide, creación de principios del siglo 19 y que fue llamado así porque apareció como un intento de condensar las noticias acompañándolas de fotos. Pero pronto los tabloides, que tenían menor precio, se inclinaron hacia el sensacionalismo naciendo así el “tabloidismo” como estilo de hacer periodismo (en nuestro caso encajan en la descripción los diarios “Trome”, “Extra”, “El Chino”, etc.).
Pero hubo una nueva opción, el Tabloide Serio, de los que abandonaron el gran formato para reducirse y pidieron ser llamados “Compactos” (como “Perú21”, “Gestión”, “El Peruano”, etc.).
Y finalmente apareció la opción del tamaño Berliner o “Berlinés” que “El Comercio” anunció que adoptaba justificando la decisión con sesudas reflexiones.
Así entonces, “El Comercio” se puso a tiro de su adversario en el tema de la concentración que no desperdició la ocasión de tomarle el pelo aunque muy bien hubiera podido señalarle que el Complejo de Adán no es ajeno al periodismo criollo.
El mismo día en que “El Comercio” apareció con formato nuevo, el 14 de marzo, “La República” dedicó sus páginas Dos y Tres a comparar el viejo tamaño del diario de La Familia con el que ellos asumieron hace ya años y no solo en tamaño sino en estilo noticioso.
Y para rematar la burla el famoso “Carlín” caricaturizó al analista Arellano en escena que nuestros lectores apreciarán aquí abajo…

Una buena caricatura vale más que mil palabras...

Una buena caricatura vale más que mil palabras…

Erratas, Errores y… Horrores!

-Qué cosas que pasan en el periodismo..

Imaginamos que el monito siguió el consejo de El Comercio...

Imaginamos que el monito siguió el consejo de El Comercio…

Un reciente error de logotipo en la sección de Normas Legales del diario Oficial El Peruano, ha provocado sonrisas en los periodistas… ¿Por qué? Porque los que estamos e este oficio hemos visto ya de todo y para todos los gustos. Y buscando en viejos archivos (en diskettes) encontré esta nota sobre Joaquín Edwards publicada en mi desaparecida “Cucú Press Agency”. Que repito. Y de paso recojo de mi buena colección algunos primores del Decano, el mejor repositorio de erratas y errores y gazapos de nuestro periodismo.

Siin comentarios

Siin comentarios

Don Joaquín y las erratas

A Don Joaquín le gustaba espiar a sus lectores. Iba a las librerías del centro de Santiago y vigilaba a los clientes. Un día notó con sorpresa que en un extranjero de aspecto distinguido pidió uno de sus títulos, “En el viejo almendral”, que tenía una cantidad enorme de erratas. Así que lo siguió y abordó:
-Disculpe caballero pero veo que acaba de comprar un libro de Joaquín Edwards..
-Bueno (sorprendido) sí, aquí está…
-Mire usted, yo soy el autor, Edwards Bello, y ese libro tiene tantas erratas que quisiera que me permita corregirlo. Dígame en qué hotel está y mañana se lo devuelvo.
-Caramba (más sorprendido todavía). Si usted insiste, aquí está mi tarjeta.
Estoy en el Savoy.
A la mañana siguiente don Joaquín Edwards retornó el libro corregido al amable nuevo lector de una de sus novelas.
Imaginarán que cito la anécdota (contada por el mismo escritor) porque circula desde hace pocas semanas la novela “El inútil de la familia” de Jorge Edwards en la que cuenta la historia de su tío escritor, periodista, timbero,
iconoclasta y , al final, suicida. Durante 50 años escribió una columna semanal en La Nación habiendo redactado la última pocas horas antes del pistoletazo definitivo cuando había cumplido 81 años.
La novela es muy entretenida aunque me parece desigual pues alterna momentos
brillantes de gran maestría narrativa con parrafazos excesivos y aburridos. Me gustaron los momentos en que relata la historia del Marqués de Cuevas, simpático vividor y sinvergüenza y uno de los mejores amigos de Don Joaquín.
Pero mi interés es contarles que en 1970 compré en Santiago un libro de este gran personaje, titulado “En torno al periodismo y otros asuntos” donde recopiló columnas, artículos pero por sobre todo, una bella colección de erratas espigadas en diarios sureños.
Cito algunas que Edwards recogió a su vez de otro amigo coleccionista que rastreaba diarios en busca de perlas:
-Dice: “El obispo padecía una encefalitis litúrgica”;
Debió decir que “padecía una encefalitis letárgica”
-Dice : “El ministro es un brujo para el país”
Debió decir que “es un lujo para el país”
-Dice: “Chile adhirió al Pacto con salvavidas”
Debió decir que adhirió “con salvedades”
-Dice: “El hacendado conoce bien la flojera”
Debió decir que conoce bien “la filoxera”
-Dice: “Zabaleta es el mejor aprista del mundo”
Debió decir que era “el mejor arpista”
-Dice: “España trajo el cerdo católico”
Debió decir: “el credo católico”
-Dice: “En momentos de peligro los militares deben empeñar la espada”
Debió decir que los militares “deben empuñar la espada…”.
.Dice: “Apelaron al Código del Horno”
Debió decir que apelaron al Código del Honor…

Recogió Edwards en este libro un poema dedicada a las Erratas, del poeta Emilio Frugone: “Es un duende maligno y solapado. Salta en medio de las frases que el ingenio combina, y con una terrible voluntad asesina, hunde en plena belleza el puñal de una falta. La construcción magnífica asalta… al globo del estilo clava traidora espina”…
Y es verdad, porque al reseñar la desaparición de un distinguida santiaguina
el diario debió decir: “Falleció de hidropesía” y dijo “Falleció de hipocresía…”.
Joaquín Edwards Bello ganó el Premio Nacional de Literatura y el de Periodismo
y obtuvo fama y reconocimiento pero no pudo derrotar a sus dos principales enemigos, las carreras de caballos… y los correctores de pruebas.
—–

-¡Sí! ¡Maté al gato… era un pericote!!

Cuando un gato muerto hizo noticia en “Ultima Hora”

El asesinato a balazos de un gato ha hecho las delicias de la TV sensacionalista de las mañanas, en días pasados. Un poco menos en la prensa.
La historia es confusa. Aída Smith se presentó compungida a la Comisaría de la Perla y luego a la Fiscalía del Callao acusando a su hermano Luis Humberto de haber matado a balazos a su gato. Y luego llamó a los medios y varios reporteros acudieron volando para entrevistarla, para más detalles.
Luego el hermano reconoció el crimen, fue detenido y luego a la Carceleta. Pero ha salido en libertad un par de días después. Entonces Aída, temerosa de la venganza anunció que pedirá garantías para su vida y la de sus hijos… “No es la primera vez que mata a un felino” dijo a “El Chino”
Un gato también hizo noticia en el vespertino “Ultima Hora” en su mejor época, cuando era dirigido por el legendario periodista Raúl Villarán y sus primeras planas causaban conmoción.
El occiso se llamaba “Charles” y era propiedad de doña Delia Espinoza. Blanco, gordo, conchudo, se pasaba a la casa del vecino que tenía pollitos en la azotea y provocaba el terror de las gallinas. Hasta que un día don Juan Uceda pidió prestada un arma de cacería y de un solo escopetazo acabó con Charles.
La vecina armó un escándalo, llevó al muerto a la Comisaria de Lince y pidió justicia logrando que el Comisario mandara apresar al asesino.
La noticia, en apariencia intrascendente, no pasó desapercibida para el fino olfato noticioso de Villarán y envió a su mejor reportero policial, nada menos que al veterano Emilio Bobbio.
Al día siguiente “Ultima Hora” lanzó en primera página el titular PIDEN SANCION PARA EL QUE ABALEO AL GATO”, contando detalles.
Siguió luego la entrevista al asesino: LA SOCIEDAD NO PUEDE CONDENARME: ESE GATO ERA UN PERICOTE, alegando que Charles le robaba comida de su cocina y perseguía a sus pollitos.
Siguieron entrevistando personajes, como el gringazo y buenón Elmer Faucett que era presidente de la Sociedad Protectora de Animales y que también condenó el crimen .
Total, a la semana el caso no daba para más y entonces “Ultima Hora” se despidió del caso con una gatuna y ridícula historia de amor:
“26 de enero de 1951. Charles ya es un gato adulto. Desde días atrás corteja a la gata del vecino. Como es muy bien plantado le han dado el sí. Sale a dar sus rondas. Su amada lo espera en la azotea de la señora Doris. Escenas de ternura y efusión (…) Fue en una de éstas. Una más, la última, Juan Uceda, con una escopeta prestada cumplió con su criminal designio. Un estampido que profana el silencio de la noche. Cae Charles (..) Lágrimas y flores para su sepultura”.
¿Por qué olvidaron a Charles? Porque se acercaba a Lima Dámaso Pérez Prado y el gato solo sirvió para un par de días en que no tenían buenas noticias. Así es el periodismo, qué le vamos a hacer…

¡Expreso se defiende! (Final)

-Aquel 5 de febrero de 1975

Esta fue quizá la ultima vez que el Frente Unico de Trabajadores de Expreso y Extra salió a las calles a defender a Velasco. Fue el 7 de Junio de 1975

Esta fue quizá la ultima vez que el Frente Unico de Trabajadores de Expreso y Extra salió a las calles a defender a Velasco. Fue el 7 de Junio de 1975

Aquella tarde del 5 de febrero en que la turba acosaba a los trabajadores de Expreso y Extra y se acercaba peligrosamente portando latas de gasolina, los defensores se hacían la misma pregunta: “¿Porqué no vienen los militares a protegernos?” y pedían a Paco Moncloa que llamara a Palacio de Gobierno porque la situación era desesperada.
La respuesta del General Graham fue sorprendente: “-No se preocupen, no les va a pasar nada… estamos viendo qué solución le damos a todo esto”. (Olórtegui, ob. Cit. P. 309)
El problema era que los asaltantes ya dominaban la plazuela Sebastián, a unos 50 metros del pequeño edificio y pese a la resistencia de palos y piedras de los defensores se hacía ya probable que lograran ingresar por alguna de las puertas.
La alarma creció cuando se supo que el líder sindical Antonio Laynez había sido herido y capturado aunque poco después logró zafarse y correr hasta una puerta lateral. Allí fue atendido con un simple torniquete. Pero también había heridos en el bando contrario pues las pedradas eran eficaces y además surgiendo aliados inesperados: varios vecinos decidieron apoyar a los de Expreso y lanzaban proyectiles y hasta agua caliente que hacían retroceder a los sediciosos.
A las tres de la tarde el griterío era general, la turba avanzaba y retrocedía ante la inesperada resistencia de los periodistas y gráficos que ya se veían agotados.
De pronto resonaron disparos en la avenida Tacna, a una cuadra escasa. Desde la azotea de Expreso distinguieron a soldados que disparaban sus fusiles pero al aire, no querían matar a nadie, lo que hizo que los asaltantes persistieran pero pocos minutos después apareció un “jeep” con oficiales que también disparaban y detrás un enorme tanque de aquellos nuevos que enfiló su temible cañón hacia el grupo central.. Ahora sí, la masa se dispersó, todos corrieron, se ocultaron…
Y sucedió algo insólito: los oficiales del “jeep” dispararon sus ametralladoras contra la puerta y fachada del diario haciendo saltar vidrios hiriendo seriamente el fotógrafo Otto Díaz.
Los militares tenían órdenes precisas y ciegas: evacuar el edificio, que todos se vayan a sus casas, sin importar que los sitiados alegaran que defendían al Régimen. Y no valieron las razones del Director. Así, levantando los brazos, salieron todos a la calle, abandonando el edificio que acaban de proteger de la turba que ya había desaparecido.
En la noche volvieron al diario y prepararon una edición de emergencia contando los hechos.
El Gobierno declaró el Estado de Emergencia en todo el país y, sobre todo, dispuso el famoso Toque de Queda. Nadie podría circular entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana, horas en que la ciudad quedó totalmente en manos del Ejército.
¿Y el destino de Expreso y Extra? Recuérdese que el general Velasco fue reemplazado en agosto por el general Morales Bermúdez quien prometió “profundizar la revolución”. Fue una burla. En pocos meses todos los periodistas leales a la Revolución fueron despedidos de Expreso y Extra y algunos hasta deportados. En 1980 los diarios fueron devueltos a Manuel Ulloa y el Frente Único pasó a la historia.
(Hay pocos trabajos sobre este episodio. El más interesante es sin duda la tesis del conocido sociólogo Aldo Panfichi quien se graduó de bachiller en 1982 con el texto “”Los sucesos del 5 de febrero: una aproximación de estudio” que se puede consultar en la biblioteca de la PUCP. De sus Conclusiones tomamos un párrafo: “Los sucesos del 5 de febrero a pesar de originarse en un fisura de los aparatos coercitivos del estado, revela una serie de fracasos en la implementación del proyecto político reformista implantado por el Gobierno Militar que jefaturó el General Juan Velasco Alvarado. Los sucesos indican que, tras 7 años de gobierno, el régimen militar no logró, pese a sus múltiples intentos, plasmar un activo apoyo popular”. ).

FIN

¡Expreso se defiende! (Dos)

-Aquel 5 de febrero de 1975

Luego del ataque e incendio del diario Correo, la masa se dirigió por la avenida Tacna hacia el local de Extra y Expreso, en el jirón Ica. Era sin duda el blanco más preciado para la turbamulta dirigida por agitadores del Apra porque eran los periódicos que con más contundencia habían apoyado las reformas velasquistas desde su expropiación en marzo de 1970.

El viejo local de los diarios del jirón Ica.

El viejo local de los diarios del jirón Ica.

Para ese momento, pasado el mediodía, ya era claro que se lidiaba con varios frentes: las turbas lumpen con saqueadores que aprovechaban el desconcierto, asaltando y robando a manos llenas; los grupos dirigidos por el Apra con participación de extremistas de Bandera Roja, entre otros, y que tenían objetivos claros; los altos mandos militares divididos ante la falta de resolución del Presidente Velasco que dudaba en ordenar la salida de tropas para defender a la ciudad.

“La cuadra cinco de Ica, entre Tacna y Chancay, está desierta. Pero en la esquina de Chancay los de Expreso esperan a la turba desde hace rato. Han levantado una primera línea de barricadas con sus bobinas de papel, colocándolas en pleno cruce” (Olórtegui Ramírez, Elmer. El Señor de los Incendios. 5 de febrero de 1975. La última insurrección del APRA. Edición personal. Lima. 2001. P. 301).

El periodista Elmer Olórtegui, a quien desde temprano lo motejaron “Paiche”, ha contado en detalle el asalto de los diarios y la encarnizada resistencia que opusieron los trabajadores gráficos, periodistas, administrativos, hombres y mujeres que decidieron hacer frente al asalto sin más armas que piedras, alguna botellas de ácido sulfúrico y, sobre todo, con mucha decisión.
¿Quiénes estaban ahí? El director Alberto Ruiz Eldredge, los jefes Rafael Roncagliolo, Pierre de Zutter, Francisco Moncloa, Francisco “Paco”Landa, Owen Castillo, Hernán Zegarra, Enrique Paredes, Ernesto Chávez, Mario Campos, … entre los gráficos los líderes Antonio Laynez, Carlos Ramos, Carlos Linares, Salomón Orellana… Eran un centenar destacando un puñado de bravas reporteras encabezadas por Zoraida Portillo.
Expreso ya no era el mismo de antes, de cinco años atrás cuando luego de una intensa lucha sindical habían logrado que el Gobierno expropiara la empresa y la entregara en administración a sus trabajadores reunidos en un Frente Unico, que debían agruparse en la Cooperativa Prensa y Pueblo.
Pero en julio de 1974 el gobierno militar confiscó los diarios principales y los asignó a “sectores organizados de la sociedad” y los trabajadores de Expreso y Extra recibieron son sorpresa que ellos también habían sido expropiados y asignados a la inexistente “Comunidad Educativa”. Renunciaron al director Efraín Ruiz Caro y nombraron al citado Ruiz Eldredge. El general Velasco y su gobierno traicionaron así las expectativas de quienes durante cinco años habían sido los más decididos defensores del régimen.
Olórtegui comenta en su libro: “No obstante el desplante velasquista ahí estaban los trabajadores de Expreso-Extra dispuestos a defender los diarios con uñas y dientes, en vez de dejarlos a merced de los enemigos del gobierno y salvar primero su pellejo”.
Finalmente los asaltantes llegaron casi hasta la plazuela San Sebastián y los defensores de los diarios comenzaron a corear a gritos: -“!Expreso no se rinde, Expreso se defiende!” y los recibieron con una lluvia de piedras.

Mañana: “General ¿Por qué no vienen soldados?”

En pleno saqueo, en tiendas del jirón Emancipación

En pleno saqueo, en tiendas del jirón Emancipación

¡Expreso se defiende!!! (Uno)

-Aquel 5 de febrero de 1975

Correo
Cinco de febrero de 1975 y cien historias por contar. Por ejemplo, la huelga policial y el atrincheramiento de cientos de guardias en Radiopatrulla de la av. 28 de Julio y el salvaje asalto gubernamental con tanques y a cañonazos, la ciudad sin custodia, los enjambres lumpen avanzando y saqueando tiendas en el centro, el incendio de los diario Correo, el asalto a SINAMOS , la destrucción del nuevo teatro del Centro Cívico, la quemazón del Círculo Militar en la Plaza San Martín la violenta pero tardía respuesta del Ejército, los centenares de saqueadores acribillados por los nerviosos soldados pero, sobre todo, la responsabilidad del Apra que aprovechó los pleitos internos de las Fuerzas Armadas y condujo las turbas hacia blancos políticos bien seleccionados, como los diarios.
Fue una mañana terrible de miedo, de cierrapuertas al viejo estilo porque los rumores avanzaban como las turbas. A la Residencial San Felipe llegó el grito de ¡Ya vienen, ya vienen!” y todos nos refugiamos, cerramos, atrincheramos, aguardando…
El primer grito de los agitadores apristas fue marchar hacia el diario La Crónica, que dirigía Guillermo Thorndike. Pero tuvieron suerte de no llegar porque el famoso Gringo había previsto un ataque. Leamos lo que escribió el gran periodista Domingo Tamariz, jefe de La Tercera:

“Y a qué hora vendrán a La Crónica? Era la pregunta que flotaba en el ambiente. Se armó entonces un piquete de defensa premunido de pistolas y metralletas que Thorndike, previendo una situación de fuerza, había adquirido desde meses atrás para defender el diario de cualquier amenaza. Los que no tenían armas se habían provisto de fierros y hasta palos de escoba (…) Se vivían horas dramáticas, inciertas, plagadas de rumores. Como nunca, sin un policía en las calles, la ciudad a merced de las turbas que recorrían como alucinadas las principales plazas y avenidas, azuzadas por alguna gente que, todo parecía indicarlo, eran del Apra” (Tamariz Lúcar, Domingo. Memorias de una pasión. Tomo II (1965-1980). Jaime Campodónico/Editor. Lima. 2001. P. 284).

SaqueoThorndike no hubiera dudado en disparar a los agitadores que retrocedieron al encontrarse con militares en La Victoria.
El campo de batalla central fue entonces el Centro Cívico y luego el diario Correo. Hugo Neira, su director entonces, organizó una breve resistencia pero la turba era enorme y bien proveída de gasolina que no dudaron en arrojar contra las puertas y prenderle fuego.
Y luego: ¡A Expreso, a quemar a esos comunistas!!

Mañana: La resistencia