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En junio de 1980 cientos de trabajadores de los grandes diarios pidieron al Gobierno la entrega de las empresas. Fue una grande e inútil marcha.

-El Marzo Negro de los periodistas

Los directores de “El Comercio”, Aurelio, Francisco y Alejandro Miró Quesada asumieron el control del diario tal como lo hicieron también los dueños de los otros periódicos.  Todos dijeron en sus discursos aquel día de julio que no habría revanchismo, venganzas, despidos…

Pero ya circulaba en las redacciones el rumor, que luego se haría certeza, de que el Gobierno de Belaunde preparaba un decreto especial que permitiría el despido de aquellos que habían pugnado por la entrega de las empresas a sus trabajadores.

El Decreto Legislativo 039 fue promulgado recién el 14 de marzo de 1981, estipulando que los diarios podrían despedir hasta el 15 por ciento del personal estable considerado “de confianza”, calificando así a “quienes integren personal administrativo y ejecutivo en la dirección y gerencia y a quienes ostenten cargos directivos en la redacción”.

Pero “El Comercio” no esperó el decreto. En setiembre del 80 el Sindicato de Trabajadores se quejó en comunicado público que la empresa había desatado un operativo de desplazamientos y despidos, centrado mayormente en los dirigentes.

“Los trabajadores de El Comercio, que estamos sufriendo estas crueles hostilizaciones y humillaciones, esperamos el apoyo de los partidos políticos identificados con el pueblo”, dijeron los sindicalistas en el comunicado.

Por ejemplo, al Jefe de Publicidad lo enviaron a la calle a vender avisos, al Jefe de Cobranzas a vender en Balconcillo, al Auditor Interno a Ciudad de Dios, y un largo etc. A los jefes de la redacción los reemplazaron y no les dieron encargo alguno, crearon un “pool” de secretarias que no hacían nada y despidieron a varias sin causal justificada.

Una historia lamentable.

Por fin, al año siguiente y al amparo legal del 039 pudieron despedir a dirigentes sindicales y de la Comunidad Industrial, sindicando como “de confianza” a personal administrativo, obreros de talleres, redactores, en tal nivel que el propio Ministro de Trabajo, el otrora periodista Alfonso Grados Bertorini planteó un mes después la creación de una “Comisión Tripartita” (empresas, gobierno, trabajadores) para revisar los despidos excesivos.

Recién dos años después, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad la derogatoria del 039 y los periodistas recuperaron el derecho a la estabilidad laboral.

Y así “El Comercio” volvió a ser el de antes, con la misma mala memoria.

 

–FIN–

 

 

 

 

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-Héctor López Martínez allanó el retorno

Al iniciarse 1980 y acercándose la fecha de las elecciones generales, los trabajadores de los diarios inicialmente expropiados (pero ahora ya confiscados pues nunca se realizaron los trámites completos de adquisición y la transferencia prometida a los “sectores organizados de la sociedad”) estaban seguros: no recibirían nunca las empresas editoras.

Los candidatos principales eran Fernando Belaunde (AP), Luis Bedoya Reyes (PPC) y Armando Villanueva (APRA) y habían sido igualmente claros: la gran prensa volvería a sus antiguos dueños.

Por eso, cuando en febrero ingresó a “El Comercio” como nuevo Director Héctor López Martínez, los periodistas supieron que no habría transferencia y que los Miró Quesada retornarían a su viejo bastión.

López Martínez, abogado, historiador, editorialista de confianza de los propietarios- fue uno de los que renunciaron al día siguiente de la toma del diario por los militares y solo volvió cuando –según se afirma- el gobierno militar había negociado una devolución tranquila pues todos sabían de la fortaleza del Sindicato de Trabajadores.

Y así fue: Juan José Vega lo recibió amablemente y muchos trabajadores saludaron su ingreso para una administración que fue cordial hasta el día en que recibió en la puerta a los Directores Alejandro y Aurelio Miró Quesada, cediéndoles su lugar según lo acordado.

Fernando Belaunde, triunfador en las elecciones, había anunciado que su primera decisión presidencial sería devolver los diarios, y cumplió. El 29 de julio de 1980 a las 10 de la mañana, la familia Miró Quesada ingresó al hall histórico y, y según la información de “La Prensa” ,fue recibida por los trabajadores con aplausos, abrazos, ulular de sirenas y papel picado.

En su discurso de inauguración de la nueva etapa de la historia del decano de la prensa peruana, Alejandro Miró Quesada Garland aseguró que “no habrá revanchismos”, lo cual según veremos después no resultó precisamente cierto.

¿Y López Martínez? Volvió a la sección editorial y le encargaron la redacción de ua nueva historia del diario, resultando un grueso volumen titulado “150 años de El Comercio”, publicado en 1989 y que , por supuesto, omite a los que llamamos “directores olvidados”, incluyéndose.

Por todo eso, López Martínez en honor y premio a su lealtad y consecuencia con los Miró Quesada mereceria estar en la lista de los Inmortales  en la página dos del Decano.

Mañana: Después del retorno, inevitable ajuste de cuentas…

 

 

 

 

 

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-Juan José Vega, el quinto olvidado

Alfonso Tealdo y Mario Herrera Gray no dieron la bienvenida a Juan José Vega, el conocido historiador que desde hacía más de un año dirigía los diarios “Expreso” y “Extra”. El nuevo director llegaba con varios colegas, como Walter Hernández que dejó su jefatura de redacción en “Expreso” para asumir la subdirección del diario destinado a los Campesinos.

El 28 de agosto de aquel 1978, en su primer editorial, Vega afirmó: “Nos preciamos de tener un conocimiento directo y cabal de nuestra realidad campesina y por eso, como ya quedó dicho, aceptamos trabajar con ellos en cabal vocación de servicio”.

Y no resistió a la tentación de cierta crítica a sus antecesores cuando añadió: “Pero en el ámbito periodístico general aspiramos también a que este Diario pueda llegar con igual mensaje a todos los niveles urbanos de nuestra población, aún más profundamente. Queremos hacer un periodismo moderno, ameno, de la más alta calidad y, sobre todo, veraz”.

La biografía de Vega es frondosa y de logros encomiables. Bibliotecario, abogado, historiador, había fundado la Universidad La Cantuta a los 35 años, sus libros eran muy difundidos y en especial “La Guerra de los Viracochas”.

Su paso por “Expreso” y “Extra” había sido calificado de exitoso por los militares pues renovó el último llamándolo “Nuevo Extra” y contrató al legendario Raul Villarán, el mejor humorista del Perú “Sofocleto”, al veterano Alfonso Delboy y alguna otra amistad que le granjeó ojerizas del personal. Así logró que las ventas subieran de manera notable.

Portando sus pergaminos, su energía y entusiasmo y el aval militar, Juan José Vega pretendió cambios importantes en el diario donde pronto tropezaría con el sólido Sindicato Único de Trabajadores y la Comunidad Industrial.

Por ejemplo, el 26 de setiembre del año siguiente, 1979, el Sindicato decretó un paro de 24 horas en protesta por el número de contratados que estaba llevando Vega, quien se vio obligado a negociar y aceptar que despediría a sus recomendados.

Eran ya los tiempos de la Asamblea Constituyente, a la que seguirían las elecciones generales y Fernando Belaunde era el favorito para la presidencia. Le seguía Luis Bedoya Reyes.

El general Morales Bermúdez había iniciado ya el desmantelamiento de las reformas velasquistas y se preveía que los diarios serían devueltos a sus antiguos dueños. Por eso, cientos de trabajadores de “El Comercio” suscribieron un comunicado pidiendo al gobierno que les entregara el diario (“El Comercio para su trabajadores”. Domingo 11 de noviembre de 1979. El Comercio. Pág. 12) a lo que el gobierno hizo caso omiso, por supuesto, porque, según se afirma, ya negociaba con los Miró Quesada.

Tampoco sorprendió entonces que el 31 de enero de 1980 el gobierno aceptara la renuncia de Vega y lo reemplazara por el historiador Héctor López Martínez.

Mañana: Preparando el retorno de la Familia

 

 

 

 

 

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Alfonso Tealdo, el cuarto Director olvidado

No tuvo suerte el conocido periodista Alfonso Tealdo, el mejor entrevistador de la historia de nuestro periodismo, cuando aceptó la dirección de “El Comercio” reemplazando a Helan Jaworski, el 17 de marzo de 1976.

Porque con el decreto que reemplazaba a todos los directores de los diarios expropiados, se expidió otro, el 21466, que suspendía la estabilidad laboral de los periodistas, tal como lo había hecho el gobierno velasquista con el Decreto Ley  21204.

Tealdo fue bien recibido por los colegas de la redacción pues llevaba al diario su indiscutible prestigio profesional y una experiencia de muchos años dedicados al periodismo impreso y televisivo.

Preocupado por aquel decreto que en otros diarios sirvió para despedir a varios periodistas (en “Expreso”, por ejemplo, donde Juan José Vega no tuvo miramientos), Tealdo redactó un editorial citando “los considerandos” del decreto: “…se ha detectado en la mayor parte de éstos (los diarios) infiltración de personas de ideologías diferentes a la definida ideología del Gobierno Revolucionario, con la finalidad de usar dichos órganos de expresión nacional para fines distintos a los que inspiraron la socialización de la prensa”.

Pero tranquilizó a los colegas diciendo que no abusaría de las facultades conferidas. Y cumplió: no despidió a nadie y solo llamó para acompañarlo en la página editorial a Mario Herrera Gray, otro veterano periodista de gran solvencia y experiencia.

Pocos días después de hacerse cargo de la dirección, la noticia de la muerte de Luis Miró Quesada, el director retirado por la expropiación, causó conmoción en el diario. Tenía 95 años y había impuesto un estilo de conducción paternalista de generosidad con los allegados, antisindicalismo severo y control absoluto de contenidos. Tealdo ordenó que se hiciera una generosa nota: “Su deceso enluta al periodismo nacional y unifica a nuestra patria en torno a la reivindicación de los valores que supo defender durante su vida”.  Por supuesto, la familia no colocó el clásico aviso de defunción.

Tealdo no aprovechó de la bonanza económica del diario, no se aumentó el sueldo y tampoco pidió cambio del trajinado WV asignado a la dirección.

Y aceptó con resignación (quizá con alivio) que le pidieran la renuncia.

Su nombre apareció por última vez en la primera página el 27 de junio de 1978. Al día siguiente estaba Juan José Vega, quien dejaba los diarios “Expreso” y “Extra” en manos de Pedro Felipe Cortázar, periodista prestigioso de las canteras de la vieja “La Prensa” de Pedro Beltrán.

Mañana: Ahora, un  historiador a la dirección

 

 

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-Helan Jaworski, el tercer Director olvidado

“…Nos incorporamos a un equipo responsable y dinámico que, en las últimas semanas, frente a una situación imprevista y difícil, no se arredró y juntando sus voluntades en un puño continuó sin fallar un solo día, en la tarea de ofrecer al país la presencia de un diario cuyo nombre se identificó en el habla popular con el de todos los periódicos peruanos”.

Así, el flamante nuevo Director de “El Comercio” anunció en su primer editorial su adhesión al proyecto (y de paso recordó que, en Lima por muchos años, a los diarios los llamaban “los comercios”). Era el 22 de setiembre de 1975.

Jaworski era un joven académico conocido por su apasionamiento y compromiso por las tareas que emprendía. Militaba en la Democracia Cristiana cuando fundó con Federico Velarde el conocido centro de estudios DESCO en 1960 que trabajaba proyectos de desarrollo de alto contenido social.

Tampoco entonces fue extraño que aceptara el llamado del gobierno militar para integrar el grupo fundador del legendario “Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social” (SINAMOS) junto con muchos otros destacados intelectuales que no vacilaron en apoyar al proyecto militar de Velasco Alvarado.

Fue quizá su antiguo mentor político, Cornejo Chávez, quien lo convenció de aceptar el difícil cargo de “El Comercio”. Se recordará que el general Velasco ya había sido desplazado y SINAMOS no gozaba de la simpatía del general Morales Bermúdez. Pero era necesario reemplazar al dirigente campesino Alex Noriega y Jaworski ingresó entre aplausos al histórico local de la calle La Rifa.

Su administración fue armoniosa y acertada. Llamó al antiguo guerrillero Héctor Béjar para la subdirección y ambos apoyaron con lealtad al proceso. Pero según muchos tenían un defecto: provenían de altos cargos en SINAMOS que los nuevos gobernantes se apresuraban a desmantelar. No eran de confianza para Morales Bemúdez.

Mañana: Ahora sí: un periodista Director

 

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Los Directores olvidados: sale Cornejo Chávez

El domingo 31 de agosto de 1975 “El Comercio” anunció que el dirigente campesino Alex Noriega se hacía cargo de la dirección del diario pues Héctor Cornejo Chávez había renunciado en rápida reacción por el reemplazo del general Velasco por el general Francisco Morales Bermúdez.
¿Qué pasó? Al iniciarse 1975 los diarios expropiados no ponían en duda la estabilidad del gobierno militar ni el liderazgo del general Velasco Alvarado, inundando de elogios al proceso revolucionario.
La realidad era otra. Había creciente descontento por la ruta que seguía el General, tanto del sector civil que lo apoyaba como de los militares. En ambos grupos había quienes se resistían al avance de los cambios, y quienes se quejaban de la creciente burocratización, del afianzamiento en el poder, de signos claros de corrupción y de abuso con la oposición.
La Marina era claramente hostil al proceso. La Fuerza Aérea callaba y seguía dócilmente al Ejército, donde sus generales conspiraban bajo el liderazgo de Morales Bermúdez quien, finalmente, anunció desde Tacna a fines de agosto que Velasco Alvarado sería reemplazado.
Cornejo Chávez debió recibir la noticia con enorme sorpresa y redactó su último editorial, envió carta de renuncia a Palacio de Gobierno, se despidió de algunos en el diario y se marchó a su casa. Ya no apoyaría más a la Revolución.
En su histórico texto, titulado “Testimonio revolucionario” dejó constancia de sus esfuerzos por el proceso, de su apoyo a Velasco Alvarado a quien se refirió con admiración: “…el General Velasco ha entrado ya a la historia del Perú, de la insurgencia del mundo pobre, de las esperanzas de todos los humildes de nuestra Patria. Su gesto final, al pedir la unión de los hombres y mujeres del Perú, con uniforme o sin él, detrás de la Revolución, rubrica con un gesto alto y noble su trayectoria insigne”.
En medio del desconcierto por el cambio el Consejo Directivo decidió que su presidente, el dirigente campesino Alex Noriega Montero, asumiera la Dirección hasta que Morales Bermúdez decidiera.
¿Quién era Noriega? Se recordará que en la nota anterior relatamos que “El Comercio” fue destinado al “Sector Campesino” pero ¿a quiénes? La solución surgió en octubre de 1974 en un congreso en que fue fundada la “Confederación Nacional Agraria” y Noriega fue elegido su Presidente, pasando por tanto a encabezar el Consejo de “El Comercio”.

Mañana: El reemplazo de todos los directores

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Héctor Cornejo Chávez, el primer olvidado…

Editorial del diario “El Comercio”, sábado 27 de julio de 1974: “Esta nota saluda, alborozada, el amanecer de un nuevo día en la historia de la Patria: el de la libertad de expresión, la verdadera, la de los grandes sectores de peruanos que nunca antes tuvieron, institucionalizada, la posibilidad real de expresarse”.

Un día antes la “Revolución de la Fuerza Armada” había decidido expropiar los diarios de circulación nacional, lo que llamaríamos “la gran prensa” y el ejército entró a los locales de los diarios “El Comercio”, “La Prensa” y “Ultima Hora”, “Correo” y “Ojo”. En “Expreso” y “Extra” no hubo necesidad como tampoco en “La Nueva Crónica”.

Y nombraron nuevos directores siendo el más notable el prestigioso líder de la Democracia Cristiana Héctor Cornejo Chávez, quien entró después de la medianoche para reemplazar al histórico Luis Miró Quesada, que tomaba vacaciones en Europa.

La toma de los grandes diarios ¿fue una sorpresa? No. Algún memorioso debe quedar por ahí todavía que recuerde que al iniciarse el año 1974 para nadie era un secreto que el gobierno militar dirigido por el enérgico general Velasco planeaba intervenir la prensa diaria.

Los indicios sobraban. Discursos violentos de generales, expropiación de canales de TV y emisoras de radio en 1972, etc. anunciaban una decisión drástica y lo único misterioso eran la forma y la fecha. Finalmente (los detalles de este importante evento histórico son para otra oportunidad) se publicó el “Plan Inca” que detallaba el proyecto militar y poco después los diarios fueron tomados para destinarlos, decía el proyecto, a “los sectores organizados de la sociedad”.

“El Comercio” fue asignado al sector campesino y convocaron a sus dirigentes -los que en pocos meses después fundarían la Confederación Nacional Agraria (CNA)- para que se prepararan para asumir la propiedad. Mientras tanto, tal como en los otros diarios, el director sería nombrado por el Gobierno Revolucionario.

Tampoco fue una sorpresa que Cornejo Chávez aceptara un reto semejante porque había manifestado reiteradamente su adhesión al proyecto militar. Antiguo senador, profesor de gran prestigio, polemista, no vaciló en defender a la Revolución y finalmente comprometer su prestigio personal y profesional al nivel de aceptar participar en la agresiva entrada al local del diario más antiguo y conocido del Perú.

Allí encontró apoyo del Sindicato de Trabajadores, de la flamante Comunidad Industrial y el recelo del Círculo de Periodistas allegados a la empresa propietaria.

Mañana: ¡Urgente, un nuevo director!