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“La Voz” de Efraín Ruiz Caro (II)

En algo estaban de acuerdo varios líderes de la izquierda en aquel año de 1986 : era necesario un nuevo diario porque el legendario “Marka” que tan valiosos servicios había servido a Izquierda Unida ya estaba en manos de un equipo distinto al fundador y terminaría poco después en órgano oficioso de Sendero Luminoso.

Un verdadero reto, el anuncio formal del nuevo diario que ya no sería vocero del barrantismo. (“La Crónica”. 06.08.86. p.7)

Un grupo de trabajadores había tratado de mantenerlo pero había otra facción que puso su versión en manos de la UDP. Periodistas y trabajadores de talleres se habían marchado a otras experiencias pero el grupo de la av. Salaverry logró cautelar algunas máquinas y sobre todo el valioso archivo fotográfico. La experiencia de El Observador también había terminado mal

(Debemos recordar que Alfonso Barrantes, IU,  había ganado la Alcaldía de Lima en 1983 y que Alan García (Apra) era Presidente desde julio de 1985).

En los primeros meses del 86 Efraín Ruiz Caro lideraba ya el equipo organizador del nuevo diario, “La Voz”.  Ponían esfuerzo y dinero Gustavo Mohme, Oscar Holguín Núñez del Prado, Alfonso Barrantes facilitaba aportes, y convocaban personal.

Alguien encontró una casa que podría servir, en la avenida 28 de julio, frente al Ministerio de la Fuerza Aerea. Había sido el hogar de un connotado oftalmólogo, Dr. Valdeavellano y su viuda no vaciló en rentarlo. Y “La Voz” se instaló en la casona que era totalmente inadecuada para una redacción y taller de fotomecánica. Pero había que adaptarse y se empezó a trabajar y fueron llegando periodistas y tipógrafos, de diversas vertientes políticas.

Los unía la izquierda y también el barrantismo. El menudo y carismático Alfonso Barrantes, “Frejolito”, se preparaba para competir nuevamente por la Alcaldía de Lima en elecciones que se realizarían el 9 de noviembre. Un órgano de difusión y ataque era indispensable para reunir nuevamente el espíritu que había llevado a Barrantes a la Alcaldía y que había rozado la Presidencia, derrotado por García.

El acuerdo duró poco. Barrantes impuso condiciones que Ruiz Caro rechazó y decidió abandonar el grupo llevándose bajo el brazo el logotipo, “La Voz”, que él había registrado.  Los barrantistas le devolvieron sus aportes y anunciaron que editarían el diario “La Razón” dirigido por José María Salcedo.

Quizá alguno pensó que Ruiz Caro no podría realizar su proyecto periodístico. No conocían su firmeza de principios y tenacidad para lograr metas que parecían inalcanzables, además de su carisma. Pocos se negaron a acompañarlo y en unos días ya tenía una redacción completa.

Mientras en la avenida 28 de julio avanzaban con calma para editar “La Razón”, Ruiz Caro conseguía dinero y alquilaba el noveno piso de la ya semiabandonada cooperativa Santa Elisa en la cuadra 8 del jirón Cailloma.

Y se dio el lujo de anunciar la pronta aparición de “La Voz”.

Mañana: Crónica de cómo organizar un nuevo diario

 

 

 

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“La Voz” en circulación, el 19 de agosto de 1986

“Editar un diario es como dirigir una orquesta sinfónica” bromeaba el afamado periodista Efraín Ruiz Caro cuando subíamos en el tambaleante ascensor al noveno piso del ya sórdido edificio de la Cooperativa Santa Elisa.

Y es verdad, porque en la noche anterior a la aparición de un periódico nuevo el editor debe reunir voluntades de oficios distintos pero que concurrirán en el solo objetivo, la decisión de que al día siguiente los ejemplares estarán en manos de los interesados.

No hay sección más o menos importante, todas tienen un deber, un encargo que no puede fallar. De un lado los redactores y editores que han reunido y editado el material periodístico del día, noticias, opinión, fotografías. De otro la “fotomecánica” con personal muy especializado que prepararán las planchas offset que irán a la rotativa donde está otro personal esperando para imprimir. Ya en el amanecer los distribuidores y vendedores… Luego a la calle. Todo debe estar perfectamente orquestado pues de otra manera, si se incumplen horarios, el esfuerzo fracasará. Más allá la administración, la empresa que contratará la impresión, comprará papel, tinta,

Pocos mejores preparados para este esfuerzo que Efraín Ruiz Caro por su enorme experiencia. Había estado en el nacimiento del vespertino “Ultima Hora”, en la batalla por convertir en diario el famoso semanario “Libertad” del Movimiento Social Progresista, en la fundación de los diarios “Correo”, en “Expreso”, en los esfuerzos finales de “El Observador”. Y ahora emprendía una nueva batalla, la edición del diario “La Voz”.

Ruiz Caro había decidido que la primera edición circularía el 18 de agosto de 1986 pero falló una parte de aquella “orquesta” porque la rotativa contratada no pudo imprimir y el sistema se desplomó con gran pérdida de papel pero sirvió de amarga experiencia y al día siguiente, 19 de agosto, “La Voz” circuló anunciando que traerían a juicio al general Noel, responsable de horrores cometidos en Ayacucho.

Es una  historia apasionante que contaremos por capítulos y en recuerdo y homenaje a Efraín Ruiz Caro, que abandonó esta gran redacción el 24 de diciembre del 2007.

Mañana: “La izquierda necesita un diario”

 

 

 

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¡En qué Ley jubilatoria estás? ¿19990, 20530??

Con una sencilla, austera, impuntual, pero significativa ceremonia (un clásico sanmarquino), un centenar de sentenciados por la Sunedu fuimos despedidos por la Universidad de San Marcos, otorgándonos un merecido agradecimiento, un diploma, una medalla y una tarjeta de Wong por 500 soles. (“No, no hubo panetón” expliqué en familia)

Fue una grata reunión en la que los homenajeados debíamos trepar seis escalones que parecían un test de esfuerzo porque la mayoría requirió ayuda aunque había una rampa sabia que conducía a quienes cuya vejiga no soportó las dos interminables horas que estuvimos allí.

Muchos discursos, elogios, promesas, el mejor, claro, del doctor Fausto Garmendia y el más corto el de Felipe San Martín, el vicerrector que se limitó a saludar, felicitar y agradecer. Dos minutos. Y no faltó alguien que aludió que pasábamos a descansar, casi a mejor vida, provocando la alarma general.

¿Y de qué hablábamos mientras esperábamos al Rector Cachay, que padece de impuntualidad crónica?

Hacíamos recuerdos. Por ejemplo alguien conmemoró aquel día de mayo de 1995 en que los soldados entraron a la Universidad y nos desalojaron a balazos. Y también que hace apenas un mes que murió el Rector Manuel Paredes Manrique, nombrado por Fujimori y que se quedó atornillado por varios años, con la fiel asistencia de neo-fujimoristas y la simpática Martha Martina, que varios recordaron por su amabilidad y capacidad de decisión.

¿”Y Sendero?” recordó otro. “Hacíamos clase con lámpara petromax” dijo otro. “Sonaban balazos toda la noche, y petardos…y los soldados robaban lo que podían” se añadió.

El tema principal era la pensión jubilatoria: ¿”Estás en la 20530… en la 19990”?

Pero la historia que me impresionó fue la del distinguido maestro al que llamaron de la Oficina de Recursos Humanos para decirle que estaba en la corta lista de profes que por sus méritos y títulos, podía seguir trabajando, autorizado por la Sunedu. Le mostraron la Resolución, las firmas, le pidieron que firmara…. pero más tarde no apareció su nombre en la lista de privilegiados.

“Lo sentimos profesor, su expediente ha desaparecido” le confesó un compungido burócrata. O sea, que alguien sustrajo sus papeles y los reemplazó por otro. ¿Por quién? No me quiso decir, pero puedo asegurar que es un hijo de puta que debe estar orgulloso de su vara y destreza.

Fue un triste adiós a San Marcos. De los 120 de la ceremonia yo era el que menos había trabajado allí pues solo estuve treinta años…

Pero agradezco que, por fin, me dieran las gracias por los servicios prestados a la Nación.

 

 

 

 

 

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Las poesías de Carlos Ney Barrionuevo

En algún rincón reposan los paquetes que contienen el libro de poemas de Carlos Ney Barrionuevo, “Las Siete Caras de la Muerte” & “El fracaso de Pigmalion” que nunca quiso sacar a circulación –aunque su editor, Javier García Márquez, alcanzó a enviar un  ejemplar a la Biblioteca Nacional.

Y yo tengo otro. Quizá por ahí esté alguno más pero el reputado crítico literario Carlos Aguirre lo describe como “inhallable”.

Carlitos Ney fue hecho famoso por Mario Vargas Llosa, primero en su gran “Conversación en la Catedral” y luego en sus memorias, “El Pez en el Agua” publicado en 1993. Y nuestro Nobel siempre lo recordó como su mentor literario, el amigo que le abrió los ojos a la literatura en aquel inolvidable verano de 1952 en que Vargas hizo prácticas de reportero en el diario La Crónica.

Desde que ingresó a La Crónica en 1951, flaco, alegre y sin rehusar nunca un buen brindis, Carlitos leía sus poemas a sus amigos. Eran todos poemas de amor que recitaba cuando alguna copa de más lo impulsaba a revelar que era un romántico sin remedio.

Por años sus amigos le pedían que publicara sus versos, un poemario que diera a conocer al poeta que se ocultaba tras la fachada de duro cronista policial de ojos, decía Guillermo Thorndike, que lo habían visto todo.

Javier García Márquez (no era pariente de don Gabriel) era uno de sus más fieles oyentes y lo apuraba para que publicara. Dudando, Carlitos le pasó sus textos al crítico y literato Ismael Pinto, colega en Expreso, quien lo alentó y ofreció el prólogo.

De ahí ¡a la imprenta!

Comenzaba el año 1993 y cuando Carlitos tenía sus ejemplares listos, con prólogo de Pinto, editado por García Márquez, impreso en una pequeña imprenta del jirón Callao, se anunció con estruendo publicitario la publicación de “El Pez en el Agua”, las memorias de Vargas Llosa quien dedicaba párrafos amables a su viejo mentor Carlitos.

“No puedo publicar mi libro, no puedo colgarme de la fama de Mario, lo guardaré” dijo Carlitos a sus amigos. Y arrinconó la edición en alguna parte.

Nadie pudo convencerlo. “No, Mario pensará que soy un oportunista, no puedo”. Y así fue: el libro de poemas de amor de Carlos Ney Barrionuevo  nunca circuló.

Carlitos murió hace unos días y estoy redactando una crónica más o menos larga de su historia y obra periodística. Pero quería adelantarles la razón por la que, como bien dice Carlitos Aguirre, el libro es una joya difícil de encontrar.

¡Salud, Carlitos Ney!

 

 

 

 

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-Mariátegui a la política, Norka al teatro

José Carlos Mariátegui olvidó pronto a Norka Rouskaya porque estaba ya sumergido en la política y desde el diario El Tiempo atacaba con denuedo al gobierno civilista de José Pardo. Y cuando no fue suficiente convocó a un grupo de amigos para fundar el diario “La Razón” que fue decisivo para la derrota de Pardo y la toma del poder por Augusto B. Leguía (puede verse nuestro libro “La Razón del joven Mariátegui. Historia del primer diario de izquierda. Ediciones La Voz. 2da. Edición. Lima, 2016.). Lo que sigue es historia conocida.
¿Y las bailarinas? La Rouskaya bailó sin cesar por varios años más, dejando grata huella en México y las principales ciudades españolas, donde fue muy ensalzada, como leemos en el ABC de Madrid del 5 de noviembre de 1924: “El público de La Comedia aplaudió ayer en justicia, reiteradamente, a esta gentilísima artista, hermosa mujer de líneas correctas y elegantes, violinista muy estimable y danzarina de fama mundial, por sus interpretaciones, en las que pone todos sus entusiasmos y sus más encendidos fervores”.

La Rouskaya convertida en “Baronesa”

Como era costumbre entonces, no vaciló en inventarse una historia publicitándose como “Baronesa Rouskaya” y permitiendo que algunos periodistas afirmaran que era una noble rusa que había logrado escapar de la furia bolchevique. No sabemos nada más de la bella que era suiza-italiana y se llamaba Delia Franciscus. Las últimas menciones periodísticas datan de aquellos años.
Sobre Felyne Verbist también se habla en España en la misma época, elogiándola. En la revista Blanco y Negro del 18 de marzo de 1925, reseñan su actuación en el Teatro Fontalba: “…magistral bailarina de bella y eurítmica figura, fue justamente ovacionada tanto por sus interpretaciones, a las que aporta su expresivo gesto, como por sus creaciones, en verdad insuperables”. Luis Alberto Sánchez afirma que más tarde abrió una academia de danza en Buenos Aires.

-Pero Tórtola era la gran estrella

Pocas de las grandes bailarinas de la Belle Epoque han pasado a la historia y de las españolas solamente dos, Delia Otero, “La Bella Otero” y Carmen Tórtola Valencia, “Tórtola Valencia”. La primera triunfó en las capitales europeas e incluso en Nueva York, la segunda hizo su fama en España y en América, llegando a este nuestro lejano país.

Tórtola, la mejor. Todos la deseaban.

“Era una mujer inteligente, esnob, cultivada, ególatra y libre”. Así describe a la Valencia su biógrafa María Pilar Queralt de Hierro, quien devela además que la bailarina murió soltera en Barcelona en 1955 acompañada de su amiga Angela con quien mantuvo una relación de muchos años.
La historia de su vida es apasionante y se cuenta que era tan atractiva que no tenía problemas para suscitar ardores amorosos entre los hombres. Muchos, como José Carlos Mariátegui por ejemplo, fueron fascinados por sus encantos y talentos. Supo retirarse a tiempo y bailó por última vez en Quito en 1930, cuando aquel Estilo Mata-Hari ya no era apreciado por los grandes públicos.

FIN

Algunos textos sobre esta historia

Con ocasión de recordar que han pasado cien años desde aquella noche en que Norka Rouskaya amagó una Danza Fúnebre en el Cementerio provocando un escándalo de modestas proporciones limeñas, han sido publicados varios textos importantes. Debemos agregar que la Asociación Amigos de Mariátegui, que sesiona regularmente en la Casa-Museo José Carlos Mariátegui, organizó un simposio especial en el que se presentaron ponencias sobre el histórico evento.
Destacamos la conferencia de Gustavo Espinoza “Norka Rouskaya y la censura política” que puede leerse en su blog: https://nuestrabandera.lamula.pe y que contiene valiosos datos sobre la historia y el contexto del suceso que escandalizó a unos y provocó la división de los periodistas.
También recomendamos ver el artículo que publicó en el suplemento dominical de El Comercio el nieto del ilustre Amauta, José-Carlos Mariátegui Ezeta, “El baile de Norka Rouskaya” (05.11.2017. pp. 4-5).
El libro de William W. Stein “Mariátegui y Norka Rouskaya” (Biblioteca Amauta. Lima. 1989) es una magnífica fuente para seguir el caso, además por supuesto de las numerosas informaciones de los periódicos de la época.
Y sobre los colegas y sus afanes por organizarse está nuestro texto “Los periodistas. Historia del gremio en el Perú” publicado en 2da. edición por la Asociación Nacional de Periodistas en el 2003.
Quienes deseen seguir en detalle a las bailarinas encontrarán muchos datos en periódicos españoles que pueden ser consultados gracias a la portentosa Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. Un libro indispensable es “Arruíname pero no me abandones. La Bella Otero y la Belle Epoque”, de Figuero y Carbonel. Espasa. Madrid. 2003”, y “Tórtola Valencia, una mujer entre sombras” de Queralt, Lumen, Madrid, 2005).
Si desean ver cómo era y bailaba la célebre Tórtola, aquí un video:

¿Algo más? La bailarina española Clara Bueno hizo un breve, pero lindo video de homenaje a Tórtola:

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El nefasto ”Efecto Rouskaya” (4)

El presidente del Círculo de Periodistas era Alejandro Ureta Ferrande (su hermano poeta  Alberto tiene un sitial en la literatura peruana) y reaccionó con emoción al enterarse de que sus colegas y compañeros de la directiva, Mariátegui y Falcón, había sido detenidos y encarcelados al igual que Norka Rouskaya y su madre.

Alejandro Ureta, Presidente del Círculo

Y su indignación fue mayor todavía cuando leyó las ofensas proferidas en El Comercio de la Tarde de aquel 5 de noviembre y decidió entonces ir al local del diario a protestar por los adjetivos de Varela y Orbegoso. No lo encontró, pero se enfrentó a otro periodista, Marcial Helguero, con quien por poco no se lía a golpes en plena redacción.

Sujetado por varios colegas exigió satisfacciones a Helguero por sus insultos y ante su insistencia en justificar a Varela lo retó a duelo, anunciándole que enviaría sus padrinos. Helguero  no tuvo más remedio que aceptar.

Y efectivamente, pocas horas más tarde lo buscaron Julio Hernández y el mayor Ramos para anunciarle que representaban a Ureta. Helguero nombró entonces como padrinos a Ignacio Brandariz y Abraham Valdelomar quienes iniciaron la negociación de lugar, etc., debiendo seguir los enunciados del viejo Código del Marqués de Cabriñana. Al final acordaron un duelo a pistola.

-Todos renuncian, se deshace el Círculo

Decepcionado por la falta de solidaridad de los colegas, Alejandro Ureta renunció inmediatamente al cargo y a la institución, provocando el retiro de casi todos sus compañeros. Así, el 6 de noviembre, El Tiempo publicó cartas de varios de los socios. Mariátegui escribió a Ureta:

“Alejandro: Me apresuro a expresarte la gratitud que me inspira la prueba de amistad celosa que para mí representa la carta en que declaras tu apartamiento del Club de Periodistas. Tan noble gesto me obliga a renunciar a mi vez a la segunda vicepresidencia de la institución y mi condición de miembro de ella.

Estrecho tu mano hidalga, gentil y buena. Tu amigo. José Carlos Mariátegui”.

Le siguió inmediatamente César Falcón, quien fue más rotundo: “El Círculo ha desaparecido y toda renuncia es ahora improcedente”. Otras cartas hicieron saber que la unidad de los periodistas se había roto en definitiva y no faltó quien propusiera la fundación de una Sociedad de Periodistas pero nadie le hizo caso.  El Comercio había logrado evitar la agremiación de los periodistas, conducta que repetiría en muchos episodios de su dilatada historia.

-¿Y el duelo, y Norka Rouskaya?

Norka retratada en Lima por Ugarte

El Tiempo del jueves 8 de noviembre publicó en páginas interiores la siguiente breve nota:

“Lance Ureta-Helguero

A causa de un incidente personal, originado por la actitud del señor don Alejandro N . Ureta al renunciar a la presidencia del Círculo de Periodistas, en defensa de los periodistas Mariátegui y Falcón, se realizó ayer un duelo a pistola entre este caballero y el señor don Marcial Helguero y Paz Soldán, redactor de El Comercio. El duelo se efectuó en Miramar sin consecuencias”.

Es de imaginar que, como era costumbre, ambos dispararon al aire y se dieron por satisfechos.

Mientras tanto, la bailarina y su madre pasaron la noche en la cárcel y fueron liberadas al día siguiente gracias a la fianza que pagó Pedro Ruiz Bravo, director de El Tiempo. Mariátegui y Falcón también abandonaron la prisión.

Fue todo un escándalo del que solo salió ganadora Norka Rouskaya pues su todavía escasa fama trascendió fronteras y se hizo conocida.

Mañana: Destinos distintos… y distantes…

 

 

 

 

 

 

 

 

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-El fin  de la Belle Epoque

La llamada Belle Epoque duró una veintena de años, acabando bruscamente al iniciarse la gran contienda, “La Guerra del 14”.  Habían sido años de creatividad explosiva de todas las artes y París, Berlín, Londres, Roma, las grandes capitales eran los centros de reunión de artistas y de atracción de turistas y millonarios. La ola artística llegaba hasta Rusia por el Este, a Nueva York por el Oeste, dando frutos que casi no llegaban a la lejana América del Sur, salvo en la próspera Argentina, en Buenos Aires.

Mata Hari, impuso un modelo

Pintores, actores, bailarinas, literatos, todos fueron afectados. La brutalidad de los combates que pronto se convertirían en grandes y cruentas batallas provocó cierres de teatros, desplazamientos de poblaciones, huida de turistas. Los mercados artísticos se cerraban.

Era el momento de mirar hacia América donde, en el Perú, por ejemplo, la guerra era seguida con escasa atención porque nos afectaba poco. Un puñado de intelectuales seguía con atención los avatares artísticos europeos pero los grandes espectáculos no llegaban nunca a Lima y mucho menos las estrellas del canto y la danza.

La Verbist en acción

-Felyne Verbist fue la primera

Una bella belga, rubia y delgada, fue la primera gran bailarina europea en llegar a Lima y provocar sensación.  “Sobre el tinglado, en medio de una decoración de suaves y sagaces matices, se erguía y retorcía, con rítmicos espasmos, la esbelta bailarina.  (…) Los ‘colónidas’ hervían de fervor” cuenta Luis Alberto Sánchez en su historia de la literatura.

La Verbist traía a Lima la nueva danza, una mezcla de exotismo oriental inventado por europeos y movimientos libres en estilo que había impuesto la ya afamada Isadora Duncan.  Era la línea, digamos, de la Bella Otero, de la no menos famosa Mata Hari.  Pero también la belga hacía ballet clásico y nos hizo conocer, por ejemplo, la célebre “Muerte del Cisne” que era la favorita de Ana Pavlova.

Isadora Dunca, la pionera

Los poetas criollos, los Colónidas que lideraba Abraham Valdelomar, se lanzaron sobre la belga que solo aceptó al buenmozo Alfredo Gonzales Prada.

Con mayor entusiasmo todavía recibieron al año siguiente a la muy atractiva española Tórtola Valencia, quien también ofrecía coreografías exóticas; y entre sus admiradores encontraremos a José Carlos Mariátegui que la entrevistó para el diario El Tiempo.

Sigamos a Sánchez:  “Mientras la grácil silueta de Felyne convidaba al espíritu, el vigoroso y moreno cuerpo de Tórtola Valencia, sus enormes y ardientes ojos oscuros, su exótico atavío, sus bailes orientales, el encaje tejido por sus pies desnudos, hablaban de otra manera a los sentidos”. El escritor se burla: “También Tórtola recorrió algunas ciudades del Perú.  La provincia sentía estremecimientos inesperados ante semejante orgía de ritmo y exotismo”.

Ana Pavlova, lo máximo

En ese par de años llegaron artistas de renombre pero lo máximo fue, en 1917, la compañía de bailarines rusos que lideraba Ana Pavlova, estrella indisputada del ballet clásico y el éxito fue igualmente sensacional, muriendo como cisne, que era, repetimos, su espectáculo cumbre.

-Y también, Norka Rouskaya

Norka Rouskaya no era tan conocida. No era su nombre real, lo habían inventado para evocar a la lejana Rusia, y tampoco era bailarina sino buena violinista y fue gracias a su belleza que se decidió por el baile. Siempre la acompañaba su madre, apellidada Franciscus y declaraban ser suizas, pero tenían un marcado acento rioplatense que hacía sospechar de otro origen.

“Norka” era muy hermosa, amable con los periodistas, a quienes concedía todas las entrevistas que le pedían y posaba para todos los fotógrafos. Los Colónidas también fueron cautivados por sus bailes igualmente mezcla de Mata Hari con Isadora y se hicieron amigos.

Su mejor número, el más aplaudido, era su dramática Danza Fúnebre y por eso lograron convencerla de presentarla en el Cementerio. La madre pensó quizá que era una buena propaganda para su hija y ésta no dudó en aceptar.

Nadie imaginó los efectos de la ocurrencia en que participó Mariátegui, vicepresidente del Círculo de Periodistas.

Mañana: Se rompe el Círculo de Periodistas