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 En la Navidad de 1975, el celebrado retablista ayacuchano Joaquín López Antay recibió el Premio Nacional de Cultura en la categoría de Arte. La decisión provocó rechazos y adhesiones y una profunda división de los artistas, especialmente los plásticos pues los músicos no protestaron. Enero de 1976 debe ser recordado como el mes en que nuestros pintores abandonaron paletas y pinceles para sumergirse en una intensa discusión conceptual y política que todavía, decenas de años después, adquiere vigencia cuando es evocada.

El gran artista ayacuchano López Antay

La siguiente es una apretada crónica de aquellos sucesos que llevaron el arte a las página centrales de los periódicos.

-Un contexto complicado

Aquel 1975 fue un año importante, decisivo para la “Revolución de la Fuerza Armada”. Luego de gobernar con mano dura desde 1968, el general Juan Velasco Alvarado había sido reemplazado por el general Morales Bermúdez en agosto en lo que llamaron la “Segunda Fase de la Revolución”. En aquellos siete años, los militares habían llevado adelante importantes reformas, donde quizá la Agraria era la más impactante por la expropiación de las grandes haciendas norteñas. Le habían seguido la Educación, la Industria, las Telecomunicaciones, etc. en una serie de eventos de cambio que no caben en estas líneas pero debemos destacar la expropiación de empresas de radio y televisión en 1971 y luego los diarios de circulación nacional, en 1974, que debían ser adjudicados a lo que llamaron “sectores representativos de la sociedad”.

El gobierno militar había contado con el apoyo de importantes fuerzas políticas, a la vez que soportado férrea oposición de los afectados por las reformas y de quienes sencillamente no creían que aquella “Revolución” que se decía “ni comunista ni capitalista” no conducía a buen fin y que finalmente, insistían, se deslizaría hacia el comunismo tipo Cuba.

Morales Bermúdez asumió el gobierno en agosto de 1975 luego de una serie de desaciertos políticos velasquistas, como la deportación de docenas de opositores entre los que había periodistas, políticos y dirigentes sindicales acusados de conspiración.  La medida causó tanto impacto que la salida del general Velasco, otrora admirado, fue recibida con alivio y hasta diarios velasquistas de la primera hora como “Expreso”  y “Extra” proclamaron que había llegado el momento de “profundizar la revolución” justificando la defenestración.

Y también recibió el nuevo Presidente un importante sistema de difusión y propaganda porque se controlaba las principales emisoras, los Canales de televisión, los diarios más conocidos, la agencia de noticias, todo agrupado en el “Sistema Nacional de Información” (SINADI) que tenía como órgano de control la “Oficina Central de Información” (OCI).

En cuanto a la cultura, los militares no le concedieron la importancia de otros sectores pero no la descuidaron y en marzo de 1971 reemplazaron la vieja Casa de la Cultura por el Instituto Nacional de Cultura INC, nombrando Director al literato José Miguel Oviedo, quien sería reemplazado un año más tarde por la lingüista Martha Hildebrandt, de impecable historia académica pero de un carácter difícil. Autoritaria y a veces ruda en exceso, asumió las riendas de la cultura oficial sin medir palabras ni consecuencias, adhiriendo con entusiasmo los postulados de la Revolución militar[1]. Sigue leyendo

Cuando los periodistas hacen de mendigo, loco o de p…

En 1961 Isaac Felipe Montoro se disfrazó para incursionar en el sórdido mundo de los mendigos de Lima; en 1984 José María Salcedo simuló estar loco para pasear a sus anchas en el hospital Larco Herrera; en 1992 Consuelo Chirre salió a la avenida Arequipa por varias noches aparentando ser prostituta. Y todo para lograr buenas historias para contar que no tenían necesariamente intención de denuncia. Los historiadores del periodismo ha rastreado el origen de este periodismo –que luego fue llamado “Nuevo Periodismo”- que debía ir más allá de la cobertura simple y cotidiana para saber y luego mostrar lo invisible a los ojos de las personas comunes y corrientes.

Chema loco

José María Salcedo hizo de loco. (Foto Carlos Domínguez- DESCO)

Entre los pioneros de este tipo de búsquedas está nada menos que el célebre Charles Dickens que, en 1836, con solo 21 años, recibió el encargo de “The Morning Chronicle” de abandonar las coberturas políticas para buscar historias en la sordidez del Londres desconocido. Sus relatos tuvieron gran éxito y es probable que fueran la semilla de sus posteriores novelas.

A partir de entonces la lista de reporteros que lograron fama por sus trabajos de “inmersión” es larga aunque, es necesario decirlo, tenemos referencias amplias del periodismo norteamericano pero escasas del europeo.

Por ejemplo conocemos los casos de Nellie Bly, reportera del “World” de Pulitzer, que logró pasar por demente, ser internada en un manicomio neoyorkino para después publicar una demoledora serie denunciando las terribles condiciones de los enfermos.

Dos periodistas que andando los años serían famosos tuvieron experiencias parecidas en los bajos mundos de Londres y París. En 1902, el entonces reportero Jack London pretendía viajar a Sudáfrica para cubrir la guerra de los bóers, en Africa del sur, pero quedó varado en Londres por varios meses esperando inútilmente hasta que se le ocurrió hacerse pasar por marinero desempleado y vivir como mendigo.

La experiencia fue contada en el libro “El pueblo del abismo” (“The People of the Abyss”) y provocó gran conmoción. En su Introducción escribió: “Viví las experiencias recogidas en este volumen en el verano de 1902. Bajé a los submundos de Londres con una actitud mental propia de un explorador.  Estaba abierto a ser más convencido por lo que vieran mis propios ojos que por las enseñanzas de esos que fueron y vieron antes que yo”.

El otro caso es George Orwell, el autor de “1984” (se llamaba realmente Eric Blair) , que en 1931 pasó penurias de mendigo en París y Londres para luego cronicarlas y publicarlas, bajo el título de “Down and Out in Paris and London” (en la edición en castellano se llama “Sin blanca en París y Londres”.  Al final de su relato dijo :”A pesar de todo, algo he aprendido. Nunca volveré a pensar que los vagabundos son malhechores borrachos, ni esperaré que un mendigo se sienta agradecido cuando le dé un penique, ni me sorprenderá que a los desempleados les falten energías, ni haré donativos al Ejército de Salvación, ni empeñaré mi ropa, ni rechazaré un folleto por la calle, ni disfrutaré de una comida en un restaurante pequeño. Por algo se empieza”.

Un relato famoso es el del norteamericano Hunter Thompson, que ingresó a la temible banda de motociclistas “Angeles del Infierno” compartiendo una vida de alcohol, drogas y latrocinio para luego contarle en crónicas que le valieron una terrible paliza de sus antiguos compañeros de ruta. De Europa conocemos al famoso alemán Gunter Walraff  que planteó la fórmula “Hay que enmascararse para desenmascarar” y  que viene practicando desde los años 60.  Quizá su libro más conocido sea “Cabeza de turco”, donde contó cómo se disfrazó para conocer y luego contar las penurias de los migrantes turcos en Europa y en especialmente en Alemania: “Encargué a un especialista que me fabricara dos finas lentillas de contacto, de color muy oscuro… me encasqueté una peluca negra para mis entonces ya ralos cabellos, lo que me hizo parecer varios años más joven”. Luego se lanzó a buscar trabajo recogiendo información que luego se publicaría en el diario “Bild”.

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Janet, la última periodista de Sendero

-“¡Ahí está la negra!” –avisó uno de los policías al comprobar que entre las reclusas que salían con los brazos en alto estaba la inconfundible Janet Talavera. Habían decidido rendirse luego de dos días de resistencia inútil pues el ataque policial era inclemente. “¡Salgan, no les pasará nada!” gritaban los policías.

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Janet Talavera “Camarada Ana”. Foto La República.

Varias mujeres asomaron entre la densa humareda y los escombros del enorme hueco que las bombas habían hecho en la pared del pabellón 4B, sucias, desgreñadas, pasando sobre cadáveres de compañeros de reclusión, gritando con desesperación: “¡No disparen, no disparen!” tratando de hacer oír en medio del estruendo que provocaban los proyectiles Instalaza perforando las paredes. Pero los policías antiterroristas conocían bien a los líderes y tenían órdenes precisas.

Entonces uno de los francotiradores que estaban en los techos de los pabellones vecinos apuntó cuidadosamente y disparó una sola vez. Fue suficiente para que Janet se desplomara con una enorme herida en el pecho mientras las demás lograban salir.

El patólogo del penal luego informaría: “… llaga perforante de tórax, por proyectil de arma de fuego… de calibre aproximado 7.62 mm. Y a larga distancia –mayor de 50 metros”, según versión recogida a un sobreviviente por la Comisión de Verdad y Reconciliación.

Así murió, asesinada, la última directora del periódico “El Diario”, Janet Talavera Sánchez, que purgaba pena de cárcel por el delito de apología del terrorismo. Y junto con ella fueron muertos decenas de presos más en la brutal matanza perpetrada por el gobierno de Alberto Fujimori en el penal “Miguel Castro Castro”.

-Del “Diario Marka” a “El Diario”

Ya no tenía nada que ver “El Diario” con el ya antiguo “Diario Marka” fundado en 1980 y que fue un encomiable proyecto empresarial pues juntó a periodistas, partidos políticos de izquierda y a los propietarios de la revista “Marka” (1975). En sus primeros años fue un importante vocero popular y tuvo como directores, entre otros, a Jorge Flores, Carlos Urrutia, Guillermo Thorndike, José María Salcedo, Sinesio López. Se recordará que Antonio Cisneros dirigió el histórico suplemento dominical, “El Caballo Rojo”.

La experiencia fracasó por las continuas divergencias políticas, los periodistas principales abandonaron la empresa para marchar a destinos más apacibles, los partidos propietarios fundadores se apartaron y el “Diario Marka” quedó en manos distintas hasta desaparecer formalmente en abril de 1986, en que pasó a llamarse “El Nuevo Diario” (La República”. 20.04.86).

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Con datos recogidos por los servicios de inteligencia el coronel de la policía Benedicto Jiménez relató la historia de El Diario hasta su cierre. Jiménez formó parte del grupo de la División contra el Terrorismo (Dincote) y del Grupo de Inteligencia Antiterrorista (Gein) que hizo posible la captura de Abimael Guzmán.

El libro de Jiménez, “Inicio, Desarrollo y Ocaso del Terrorismo en el Perú” publicado por el autor en el 2000, contiene abundante información sobre el periódico en su etapa senderista, que procuraremos abreviar.

Informaremos antes que al iniciarse 1985 Carlos Angulo Rivas había logrado finalmente asumir la dirección luego de ser el gerente general de la empresa que había entrado ya en severa crisis, con disensiones severas en el personal y en franca situación de quiebra.

En mayo de 1985 un grupo de periodistas y trabajadores tomó el local de la avenida Salaverry y llamaron para dirigir el periódico al periodista Juan Gargurevich, luego de impedir el ingreso a la otra facción.

Carlos Angulo por su parte, sacó de manera paralela una edición propia de El Diario. Circularon brevemente por Lima entonces dos Diarios de Marka, uno con la portada a dos colores, rojo y negro (el de los trabajadores) y otro solamente negro (el de Angulo).  Este cisma marcó el final de una etapa. No duró mucho esta situación. Unas semanas después el diario de los trabajadores desapareció y Carlos Angulo se quedó con los restos del aún existente periódico. Cambió entonces a “El Nuevo Diario.

(Historia de El Diario de Marka, 1980-1992. José Carlos Agüero Solórzano. Ponencia presentada a la IV Jornada de Historia de las Izquierdas, Buenos Aires, 14-16 de noviembre del 2007).

La revista Sí ofreció una versión de la etapa siguiente: “Desde que la Unidad Democrática Popular dejó la administración  del diario a fines de 1986, El Diario pasó a manos de la Asociación Democrática de Presos Políticos, vinculada a Socorro Popular y a través de ella a Sendero”.

Añade la crónica que Carlos Angulo no habría soportado las presiones para radicalizar la línea editorial y que cuando viajó a Canadá invitado para dar conferencias sobre derechos humanos la dirección fue asumida por Arce Borja el 14 de enero de 1988 “sin ofrecer explicación alguna a Angulo, que sigue en el extranjero”. (Brazos Legales. Semanario Sí., Lima, 1.02.88)

Jiménez relata que al iniciar 1987 la dirigente senderista Yovanka Pardavé inició las conversaciones para comprar El Nuevo Diario logrando finalmente que se inscriba en los Registros Públicos la Empresa Editora El Diario S.A., apareciendo como accionistas Oswaldo Travezaño Valle (210 acciones), Carlos Angulo Rivas (30 acciones), Luis Arce Borja (30 acciones) y Félix Arias Schereiber (30 acciones).

Carlos Angulo desapareció de la escena a finales de 1987 al viajar a Canadá y no retornar al Perú. En su blog personal indica en su biografía: “Su activa beligerancia en defensa de los derechos sociales y humanos casi le cuesta la vida. En octubre de 1987 sufrió un atentado a manos de elementos del Ministerio del Interior. Exiliado en Canadá, a fines de ese mismo año, continuó la lucha por un mundo justo y equitativo”.

Al renunciar Carlos Angulo, prosigue Jiménez, se formó una dirección colectiva con Arce Borja como administrador y Janet Talavera (a) “Ana”, como jefa de redacción.  Estaban también Danilo Desiderio Blanco Cabezas “Alberto”, Jorge Tulich Moreno (Julio”, Carlos Banda “Edy” y otros.

En su importante libro “Prensa y subversión” (Hipatia, 1979), Carlos Oviedo trabaja el tema de El Nuevo Diario y El Diario y da detalles del caso Angulo:

El 20 de noviembre (1987) Carlos Angulo viaja a Estados Unidos y Canadá para dictar conferencias, en jun viaje que oculta un auto exilio. Logra salir del país tras ser detenido escandalosamente en el aeropuerto mientras se aclara su situación por estar requisitoriado por varios juzgados por casos de difamación y desacato.  Al respecto, diversas voces acusan al gobierno de atentar contra la libertad de expresión y el propio periódico despliega en su primera página: “Detención de Director de El Diario es atentado a la libertad de expresión”. El Jefe del SINACOSO, o vocero del régimen, Víctor Tirado, señala que lo de Carlos Angulo resulta un lamentable suceso que nada tiene que ver con el respeto a la noticia.  Luis Arce Borja asume la dirección interinamente y a los pocos días conduce el periódico como titular”.

Añadiremos a la historia que más tarde Arias Schereiber se retiró de la empresa cediendo sus acciones a Blanco Cabezas y Tulich Morales. Sigue leyendo

“Han sido seis años de logros y satisfacciones”

Balo Sánchez León dejó la Jefatura del Departamento de Comunicaciones. Y yo, dejé el Decanato.

Juan Gargurevich ha sido por seis años Decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación. CONEXIÓN le ha pedido a Gargurevich que nos cuente y converse de manera informal sobre su gestión, problemas, logros, aciertos, lo que se hizo y lo que no se pudo hacer, etc.

-¿Ha preparado un balance de su gestión, una memoria formal?

Algunos decanos salientes, como yo, han preparado documentos para testimoniar qué hicieron, qué pasó en su gestión. Y poco antes de la elección de la profesora Rubina alguien me preguntó si leería una memoria. Les dije a los asistentes que no los aburriría con una lista de realizaciones pero que les pedía que hicieran memoria… Parece un mal chiste pero lo que estaba pidiendo realmente era que me bastaba con que recordaran, que, repito, hicieran memoria de estos últimos años en la Facultad, porque ese recuerdo era, al final, más duradero e importante que un texto que casi nadie conservaría.

Pero existen memorias formales por supuesto, que reúnen decisiones administrativas, cifras, toda una serie de documentos archivados que sirven además para la memoria anual del rectorado. La transparencia más absoluta es una tradición en esta Facultad.

¿Cuál es el balance personal de su gestión, en pocas palabras…?

Al comenzar la reunión para la elección decanal dije que había recibido una perfecta y bien afinada Facultad del profesor Rómulo Franco y que mis esfuerzos se habían dirigido a mantenerla y devolverla tal cual. He cumplido y con creces, me parece. Con una Facultad no más grande porque eso no es posible debido a muchos problemas pero sí enriquecida por la experiencia, con profesores mejor preparados, equipos nuevos, renovación de cursos para adaptarnos a las exigencias laborales porque nuestras especialidades son profesionalizantes. Con algunas cosas no pude porque estuvieron siempre fuera de mi alcance como la ampliación de espacios porque dependemos de un Plan Maestro de la Universidad que maneja proyectos que están más allá de nuestros requerimientos inmediatos. Pero así y todo hemos funcionado.

Quisiera detenerme para explicar algo. El Decanato es un sistema que el decano de turno articula, organiza y procura que funcione en armonía. Está de un lado la Secretaría Académica en la que tuve la suerte de contar con la ayuda de Víctor Casallo, Lucho Ancajima  y su equipo secretarial ; de otro la Administración donde José Carlos Cano y Silvia del Aguila manejan presupuestos y espacios, luego están los informáticos a cargo del experimentado Marco Lazo. Y por supuesto los Coordinadores de Especialidad, claves para el sistema. Todo esto coordinado con el Consejo de Facultad en el que participan los alumnos. Sigue leyendo

Pero… ¿cuándo hubo un mejor periodismo?

Periodismo y nostalgia (II)

Nunca tuvimos un mejor periodismo que el de hoy.

Concordemos en que al calor de cada contexto ha germinado una manera de recoger, escribir, formular noticias arregladas conforme a los llamados soportes, esto es, papel, radio, televisión (y desde hace pocos años internet) de cada periodo histórico.

De acuerdo a las condiciones favorables o desfavorables de cada época, los periodistas siempre hicieron lo mejor para satisfacer al público, al mercado, a los intereses de los grupos de presión o de interés -que van desde “El Pan del Alma” hasta la concentración de medios de “El Comercio”- pasando por una multitud de periódicos de todo tipo.

Los avatares de la invasión chilena fue descrita por grandes corresponsales.

Los avatares de la invasión chilena fueron narrados por grandes corresponsales.

Interviniendo en esta amable conversa, el conocido maestro Julio Estremadoyro puntualiza: “Ni mejor ni peor… ahora es distinto” refiriéndose a que las nuevas tecnologías de la información han alterado de manera radical tanto la formación de los nuevos periodistas como la práctica misma del periodismo al exigírsele manejo experto en las llamadas “plataformas”, esto es, tinta y papel, radio, audiovisuales, etc.

Así, cada tiempo tiene, por ejemplo, sus géneros periodísticos favoritos, maneras distintas de contar las cosas tal como puede leerse en los  viejos diarios limeños cuyos reporteros ignoraban las técnicas del Qué, Quién, Dónde, Cuándo… que  reinaron por cien años en el Perú.

Pero hay un elemento más que atender y que recorre toda la historia de nuestro periodismo y que no es otro que el compromiso, que es, a nuestro entender, el mejor periodismo.

Los periodistas deben ser gremialistas, solidarios con sus colegas, atentos a los problemas sociales, hacer lo posible por ser independientes, promotores de civismo y educación; nacionalistas, patrióticos; deben guardar las formas correctas porque luego de la familia, son los medios los que ayudan a sembrar los valores elementales. El periodismo debe ser, en suma, un servicio público aun cuando esté atado a intereses determinados de los que debe advertir a sus lectores.

Un periodismo así ¿se ha practicado en nuestra historia? Un buen ejemplo de gran periodismo unido en favor de los intereses nacionales se realizó desde el principio de la invasión de Chile en 1879, primero en los diarios y luego en las hojas que la guerra permitía publicarse.

Por mucho tiempo la labor de los periodistas en aquel dramático episodio de nuestra historia fue desatendida. Hoy felizmente ya han sido recogidos los esfuerzos de grandes corresponsales, reporteros que fueron testigos de triunfos y fracasos y los narraron para un público ansioso de saber lo que pasaba en el frente de batalla.

Julio Octavio Reyes de “La Opinión Nacional”, Manuel Horta de “El Nacional”, Benito Neto de “La Patria”, Modesto Molina desde Iquique y Tacna, son algunos de los que contaron la primera fase de la invasión hasta ser acallados por la fuerza.  En la resistencia estuvieron Luis Carranza, codueño de “El Comercio”, Manuel Atanasio Fuentes en “Actualidad” acompañando a García Calderón en la Magdalena y otros que los investigadores deben rescatar del olvido.

Fue sin duda un gran periodismo comprometido. (Juan Gargurevich).

 

-Mañana: Los “Nuevos Periodismos”

 

Periodismo y nostalgia (I)

-Todo periodismo pasado… ¿fue mejor…?

Así era la redacción del diario Expreso en los años 70...

Así era la redacción del diario Expreso en los años 70…

Con alguna frecuencia un puñado de notables periodistas se reúne para conversar sobre lo que mejor saben por experiencia, esto es, el periodismo.  Todos peinan canas, están jubilados y tienen muchas historias que contar de reportajes arriesgados, dramas estremecedores, primicias, entrevistas imposibles, aventuras editoriales, colegas desaparecidos, y disfrutan de las anécdotas que todo veterano periodista tiene de sobra para contar.

Pero aparentemente tienen un problema: la nostalgia. ¿Una buena definición?

“Los psicólogos afirman que la nostalgia expresa un anhelo del pasado que suele ser poco realista ya que se encuentra idealizado. Esto quiere decir que el sujeto siente nostalgia por algo que nunca es del todo real”. (http://definicion.de/nostalgia/)

Por eso es que se molestaron mucho cuando yo afirmé en una entrevista un rotundo: “A mí no me vengan con el cuento de que el periodismo de antes era mejor” y agregué que el periodismo de hoy es largamente superior al pasado. Debo añadir que no puntualicé a qué me refería con  el “pasado” pues eso tiene muchos años, muchas etapas… que valdría la pena examinar con más cuidado.

Cuando mis queridos colegas insisten en el pasadismo, debemos preguntarnos ¿era mejor el periodismo de los años 20 y el Oncenio, el de los años 30 y el fascismo, el de los años 50 y el anticomunismo y antiaprismo, el de los 60 en que nacen Expreso y Correo, el de los 70 y los militares, el periodismo del retorno de los 80 y el Diario Marka? ¿De qué periodismo estamos hablando?

Por supuesto, el periodismo de los años 90 está excluido de la charla… por razones elementales de decencia.

Quizá prefieren tocar solamente el periodismo de los periodistas estrellas de todas aquellas épocas, apartando sus trayectorias de la política y el compromiso, relevando sus hazañas, sus entrevistas, columnas, campañas.

O sea, que tenemos que avanzar hacia una buena definición de lo que nuestros colegas consideran “buen periodismo”. Pero yo no me atrevo ahora al ejercicio intelectual que supone componer la definición de “buen periodismo en el Perú” porque se merece un esfuerzo mayor que este modesto blog.

La verdad es que nunca fue fácil ser periodista en nuestro medio y en esto deben concordar los nostálgicos. Con excepciones notables, los periodistas de la zona que yo llamo “la infantería” que es la que verdaderamente construye una publicación, somos todavía como gitanos, yendo y viniendo, sujetos a los vaivenes de la política, del mercado.

Pero persistimos en nuestra vocación temprana y en lo que a mí respecta, prefiero hoy y el futuro, guardando el debido respeto al pasado –como consta en la docena de libros que le he dedicado.

Mañana: Aquel periodismo pasado…

 

 

 

 

¿Por qué el periodismo de hoy es mejor?? (II)

 Segunda parte de la entrevista que nos hizo Maritza Espinoza, en La República, sobre temas de actualidad  relativos al periodismo. Domingo 5 de febrero.

¿Qué es lo que tiene el periodismo hoy que lo hace mejor?

El acercamiento a la realidad. Es más veraz. Los jóvenes están mejor preparados. La comunicación depende de la calidad de aprehensión de la realidad que tienen las personas y un periodista entrenado ve más que los demás, y lo escribe mejor y la información que traslada al lector es más veraz.

Maritza Espinoza, autora de la entrevista.

Maritza Espinoza, autora de la entrevista.

Se suele culpar a la prensa de todo lo que pasa. ¿Qué responsabilidad tiene realmente en lo que ocurre en el país?

Poca. La responsabilidad es de la sociedad y del país. Los periodistas interactúan con el contexto y sus apreciaciones dependen de lo que hay. En la medida en que lo recoge uno, el periodismo es bueno o no. En ese sentido, yo defiendo a los columnistas y a los periodistas. Los periodistas no pueden cambiar la realidad. Si el periodismo tuviera tanto poder, no hubiera sido elegido Trump, porque todo el periodismo norteamericano estaba a favor de los demócratas y de Clinton. Si el periodismo hubiera tenido poder en los noventa, Vargas Llosa sería presidente. ¡No me vengan con el cuento de que el periodismo puede movilizar…! No, el contexto es lo que moviliza o favorece que los periodistas actúen de una u otra manera. Pero yo insisto en que el periodismo de ahora es largamente mucho mejor que el de antes. Por ejemplo, en los sesenta, existía el diario La Prensa y muchos dicen “¡qué gran periódico!” No era verdad. Eran buenos periodistas, pero de un anticomunismo cerril.

Pedro Beltrán era la expresión misma del anticomunismo…

Sí. Y de un liberalismo a la antigua que no permitía ejercer un periodismo más allá… Igual que El Comercio, antiaprista y cerrado a otros sectores. Entonces, a mí no me vengan con el cuento de que antes se hacía mejor periodismo.

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