Archivo mensual: marzo 2005

Drama en “El Comercio”

Pobre Lector/de los Jueves
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“Cuando los leones tengan sus propios
historiadores, los cuentos de cacerías
serán diferentes…”
Proverbio ¿africano?

El Comercio, qué tal historia…

“Los Miró Quesada han perdido el control del diario El Comercio” anunció sin disimular satisfacción César Hildebrandt hace un par de noches, agregando que los García Miró pasaban a comandar la empresa aunque advirtió que “el cambio de director no se hará efectivo hasta setiembre, fecha en que cesará Alejandro Miró Quesada como directivo de la Sociedad Interamericana de Prensa”.
Como esto no ha sido desmentido, todo indica entonces que ese complicado ajedrez de acciones acompañado quizá de presiones, acomodos, conveniencias, enconos, ventajas y sobre todo disputas económicas que hace ya años que se juega en esa familia ha terminado (por esta vez) con la derrota de la línea AlejandristaMQ que controlaba el periódico desde que el enérgico don Luis tomó las riendas.
Qué tal historia que tiene ese periódico, un verdadero drama que todavía aguarda al cronista que la cuente. Me atrevo a adelantarles que cuando se despliegue ante los ojos del lector, las grandes novelas de suspenso parecerán cuentos de niños…
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El tío Joaquín Edwards Bello

PobreLector/delos Jueves

Don Joaquín y las erratas

A Don Joaquín le gustaba espiar a sus lectores. Iba a las librerías del centro de Santiago y vigilaba a los clientes. Un día notó con sorpresa que en un extranjero de aspecto distinguido pidió uno de sus títulos, “En el viejo almendral”, que tenía una cantidad enorme de erratas. Así que lo siguió y abordó:

-Disculpe caballero pero veo que acaba de comprar un libro de Joaquín Edwards..

-Bueno (sorprendido) sí, aquí está…

-Mire usted, yo soy el autor, Edwards Bello, y ese libro tiene tantas erratas que quisiera que me permita corregirlo. Dígame en qué hotel está y mañana se lo devuelvo.

-Caramba (más sorprendido todavía). Si usted insiste, aquí está mi tarjeta. Estoy en el Savoy.
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Nalgacracia

Pobre Lector de los Jueves–

Aquel día ganó la “nalgacracia”

Me costó mucho trabajo conseguirlo pero ya está aquí, en mi preciosa colección de libros escritos por periodistas, mis favoritos, vengan de donde vengan.
Se llama “Susy Díaz. Anatomía de una democracia” (Arteidea editores, Lima, 1995) y tiene en la portada una foto colorida que muestra una mano que introduce su voto en el ánfora del Jurado Nacional de Elecciones. Pero el “voto” es una foto de una vedette de espaldas que, agachadita, muestra un robusto y celulítico trasero. O sea, un voto por el poto.
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Y tú ¿bajas a “Eisha”?

Y el “Decálogo” llegó a los media…“Esto solivianta a la gente, crea resentimientos… parece la época de Velasco” comentó el veterano vecino que agitaba el colorido tabloide. “No me extrañaría que nos asaltaran” agregó la esposa cargando el Rubbermaid mientras el marido arreaba como podía la motonáutica.
Lo que pasaba es que el “Decálogo de Eisha” ha llegado efectivamente a los medios luego de una circulación notablemente explosiva por Internet. Osea, el “tout Limá” ha leído el Decálogo de conducta que proponen las “regias y divinas” en un texto de autor desconocido -o que yo no conozco por lo menos (porque no soy de Eisha).
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¿Periodismo asesino?

El periodismo ¿puede ser “autor intelectual”?

Conocíamos varias versiones sobre la infame asesinato del talentoso líder aprista Rodrigo Franco, en 1987, pero francamente no se nos había ocurrido que se acusara al diario El Comercio de ser el autor intelectual.

No es un rumor. El conocido periodista César Campos ha hecho la afirmación en días pasados en una serie sobre el tema titulada “Los últimos días de Rodrigo Franco” publicada en Expreso, a toda página, en tres jornadas. Y allí, el primer día, al lado de las ilustraciones Campos escribe: “La implacable campaña de El Comercio contra Rodrigo Franco lo presentó como un funcionario corrupto y perverso. De ello tomó nota Sendero Luminoso”.

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SUNAT no cree en lágrimas

La SUNAT no cree en versitos…

Pobre mi amigo poeta. Le dijimos, le advertimos, nada, no hizo caso. Y repetía: “Para que nuestro país cambie debemos hacer todo bien, derecho, por las buenas, respetando la ley…”.
Fue inútil decirle que todos aquí somos infractores genéticos, ya sea por un dvd pirata, un libro por allá, el olvido de dar una factura, una pasadita de semáforo, obviamos algún ingresito por ahí, o sea, que no somos nórdicos, vaya…
“No, por eso es que estamos jodidos” insistió.El poeta tenía en la mano un ejemplar de su libro cuando hizo la cola ante las ventanillas de la SUNAT, allá en la sórdida av. Wilson, asediado por imprenteros, vendedores de formularios, cerca del espectáculo de los viejitos que reclaman su mísera pensión de jubilación a la ONP:
-Mire usted, tengo este libro y quiero venderlo en las librerías ¿Qué tengo que hacer?
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