Y tú ¿bajas a “Eisha”?

Y el “Decálogo” llegó a los media…“Esto solivianta a la gente, crea resentimientos… parece la época de Velasco” comentó el veterano vecino que agitaba el colorido tabloide. “No me extrañaría que nos asaltaran” agregó la esposa cargando el Rubbermaid mientras el marido arreaba como podía la motonáutica.
Lo que pasaba es que el “Decálogo de Eisha” ha llegado efectivamente a los medios luego de una circulación notablemente explosiva por Internet. Osea, el “tout Limá” ha leído el Decálogo de conducta que proponen las “regias y divinas” en un texto de autor desconocido -o que yo no conozco por lo menos (porque no soy de Eisha).

“Eisha” parece ser la pronunciación correcta de Asia en inglés y es el título que uno debe dar a los balnearios que están más allá del km. 97. donde una pequeña sociedad quizá adinerada pero con seguridad aristocratizante propone normas de conducta que han trascendido sus celosas fronteras.
Así, entre la huachafería, el arribismo, la defensa feroz de los espacios exclusivos, un grupo de peruanos ha sido identificados ya como “los de Eisha” y hasta tiene sus Mandamientos.
Por ejemplo, se recomienda entrar a Wong descalza, no pedir pollos Pardos Chicken porque eso es para el servicio, debes comprar en DeliFrance y no en los Tres Chanchitos, nunca “vayas “ a la playa porque a la playa “se baja”, no luzcas un paté de esos con alambrito de Wong, etc. Y finaliza “El último de mis consejos de hoy, divinas y soñadas, es que seas tú misma, no hay nada mejor que la sencillez para triunfar en la vida”.
El Decálogo se queda corto pues al autor(a) se le pasaron algunas reglas de convivencia impuestas por esa mezcla de club y comunidad que han inventado allá por “Eisha” como el trato al personal de servicio. Siempre de uniforme.. no pueden bañarse en el mar antes de las seis de la tarde… no puede juntarse a conversar… nada de enamorados(as)… etc.
En suma, “Eisha”, lugar de discotecas de escándalos, “boom” comercial, está a punto de convertirse en un lugar popular y pronto, como pasó en Ancón, las “divinas” deberán compartir el toldo con la familia con tallarín en bolsa y sopa en botella.
Y no son fantasías. Ya les pasó a los argentinos cuyos millonarios, hartos del Mar del Plata de la cursilería y el arribismo masivos, se pasaron con todo a Punta del Este. Y lo mismo los chilenos, que ya no van Viña sino a Reñaca, donde tampoco llegan los Otros.
Sugiero que se observe con atención la situación: si Susana de la Puente y sus amigos levantan sus bártulos y se mudan de playa… es que “el verdadero Eisha” ha terminado. Quedará para las “regias y divinas” y sus casas miamenses porque las otras, las verdaderas, ya no estarán en el sur.
—“

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