Nalgacracia

Pobre Lector de los Jueves–

Aquel día ganó la “nalgacracia”

Me costó mucho trabajo conseguirlo pero ya está aquí, en mi preciosa colección de libros escritos por periodistas, mis favoritos, vengan de donde vengan.
Se llama “Susy Díaz. Anatomía de una democracia” (Arteidea editores, Lima, 1995) y tiene en la portada una foto colorida que muestra una mano que introduce su voto en el ánfora del Jurado Nacional de Elecciones. Pero el “voto” es una foto de una vedette de espaldas que, agachadita, muestra un robusto y celulítico trasero. O sea, un voto por el poto.
El autor del texto es el imaginativo Carlos Chávez Toro, mezcla de periodista, poeta, actor (hizo de “La Caperucita Rota” en un café-teatro) y que se unió a esa extraña legión de colegas que han lanzado libros, buenos o malos que se han sumergido en el silencio de los últimos estantes de las librerías del jirón Amazonas.
Pero este es especial pues a diferencia de los dedicados a Yesabella o Alex Brocca o “La Señito” Chávez era ya un profesional eficiente cuando decidió historiar a Susy Díaz, seguramente tan sorprendido como todos nosotros cuando las masas decidieron llevar al Parlamento a la vedette, en las elecciones de 1995.
La verdad es que la historia misma (narración aparte) es sensacional. Desentonada hasta lo inverosímil, incapaz de bailar con alguna armonía, ignorante hasta la ternura, Susy solo contaba en aquel año 95 con una frescura irrompible, un generoso trasero pero ambos fueron suficientes para su carrera política. Ingresó al “Movimiento Independiente Agrario” (MIA), colaboró con algún dinero y recibió el número 13. Era solo una cuestión publicitaria, para convocar público para sus espectáculos de café y por eso no dudó en imaginar la mejor forma de escandalizar. Una amiga le contó de la italiana Cicciolina pero ella dijo, resuelta:
-“No y no, nada con las tetas”.
Entonces en el comité del partido le propusieron:
-“Entonces te pondremos el número 13 en las nalgas”.
Así fue como Susy Díaz solo tenía que voltearse y agacharse para lucir su imbatible número 13 por las plazas de Lima y balnearios y algunas provincias, armando tumultos cuando repartía preservativos. Incluso alguien le propuso armar un “Chuchimóvil” para la campaña pero no fue necesario y finalmente obtuvo los diez mil votos necesarios para ocupar una honorable curul en el Congreso donde permaneció hasta el año 2000.
El sabroso libro de Chávez cuenta todo esto y entrevista al compositor Augusto Polo Campos quien no ahorra groserías al hablar de su vida y a su siguiente pareja Percy Arévalo.
En fin, Susy Díaz todavía espera la gran crónica de su vida porque la verdad es que se la merece y Carlos Chávez solo nos regaló el punto de partida, con párrafos tan memorables como este:
“-Ya nunca será monja.
Eso pensó su madre, el día en que Susy le dijo que iba a participar en el concurso Miss Tanga Internacional. Entonces supo que, definitivamente, su hija había perdido su puesto de honor en el reino de los cielos…”.
Algo más: el libro tiene un buen prólogo del colega televisivo Federico Salazar, el hijo de otro coleguita, Arturo Salazar Larraín, que obtuvo magros 2648 votos contra 10280 de nuestra entonces imbatible Susy.

Tío Juan

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