El tío Joaquín Edwards Bello

PobreLector/delos Jueves

Don Joaquín y las erratas

A Don Joaquín le gustaba espiar a sus lectores. Iba a las librerías del centro de Santiago y vigilaba a los clientes. Un día notó con sorpresa que en un extranjero de aspecto distinguido pidió uno de sus títulos, “En el viejo almendral”, que tenía una cantidad enorme de erratas. Así que lo siguió y abordó:

-Disculpe caballero pero veo que acaba de comprar un libro de Joaquín Edwards..

-Bueno (sorprendido) sí, aquí está…

-Mire usted, yo soy el autor, Edwards Bello, y ese libro tiene tantas erratas que quisiera que me permita corregirlo. Dígame en qué hotel está y mañana se lo devuelvo.

-Caramba (más sorprendido todavía). Si usted insiste, aquí está mi tarjeta. Estoy en el Savoy.

A la mañana siguiente don Joaquín Edwards retornó el libro corregido al amable nuevo lector de una de sus novelas.

Imaginarán que cito la anécdota (contada por el mismo escritor) porque circula desde hace pocas semanas la novela “El inútil de la familia” de Jorge Edwards en la que cuenta la historia de su tío escritor, periodista, timbero, iconoclasta y , al final, suicida. Durante 50 años escribió una columna semanal en La Nación habiendo redactado la última pocas horas antes del pistoletazo definitivo cuando había cumplido 81 años.

La novela es muy entretenida aunque me parece desigual pues alterna momentos brillantes de gran maestría narrativa con parrafazos excesivos y aburridos. Me gustaron los momentos en que relata la historia del Marqués de Cuevas, simpático vividor y sinvergüenza y uno de los mejores amigos de Don Joaquín.

Pero mi interés es contarles que en 1970 compré en Santiago un libro de este gran personaje, titulado “En torno al periodismo y otros asuntos” donde recopiló columnas, artículos pero por sobre todo, una bella colección de erratas espigadas en diarios sureños.

Cito algunas que Edwards recogió a su vez de otro amigo coleccionista que rastreaba diarios en busca de perlas:

-Dice: “El obispo padecía una encefalitis litúrgica”;

Debió decir que “padecía una encefalitis letárgica”

-Dice : “El ministro es un brujo para el país”

Debió decir que “es un lujo para el país”

-Dice: “Chile adhirió al Pacto con salvavidas”

Debió decir que adhirió “con salvedades”

-Dice: “El hacendado conoce bien la flojera”

Debió decir que conoce bien “la filoxera”

-Dice: “Zabaleta es el mejor aprista del mundo”

Debió decir que era “el mejor arpista”

-Dice: “España trajo el cerdo católico”

Debió decir: “el credo católico”

-Dice: “En momentos de peligro los militares deben empeñar la espada”

Debió decir que los militares “deben empuñar la espada…”

-Dice: “Apelaron al Código del Horno”

Debió decir que apelaron al Código del Honor…

Recogió Edwards en este libro un poema dedicada a las Erratas, del poeta Emilio Frugone: “Es un duende maligno y solapado. Salta en medio de las frases que el ingenio combina, y con una terrible voluntad asesina, hunde en plena belleza el puñal de una falta. La construcción magnífica asalta… al globo del estilo clava traidora espina”…

Y es verdad, porque al reseñar la desaparición de un distinguida santiaguina el diario debió decir: “Falleció de hidropesía” y dijo “Falleció de hipocresía…”.

Joaquín Edwards Bello ganó el Premio Nacional de Literatura y el de Periodismo y obtuvo fama y reconocimiento pero no pudo derrotar a sus dos principales enemigos: el juego y los correctores de pruebas.

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