Archivo mensual: mayo 2005

Betty di Roma (I)

Betty di Roma (I)

“Mambo, qué rico mambo…”

Ante el reclamo de los entusiastas redactores y sin pensarlo dos veces, la bella joven se trepó ágilmente al escritorio aprovechando que desde la radio atronaba un mambo. Allí se contoneó con entusiasmo luciendo sus largas piernas sin timidez alguna y, sobre todo, riendo con alegría…

Era un día de julio de 1951 y el novísimo vespertino “Ultima Hora” trataba de ampliar el número de lectores apelando al mambo, el baile cubano que revolucionaba la cultura popular. Algunos quizá recuerden que provocó opiniones encontradas; y tanto, que el Cardenal monseñor Guevara presionado por damas ultraconservadoras decretó la excomunión para quienes lo bailaran e incluso escucharan.

Medio país quedó entonces bajo el anatema porque el mambo era inevitable en las radios, las fiestas, los carnavales. Y en las casas las muchachas ensayaban los pasos que cada día publicaba el diario en primera página a modo de lecciones.
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Una lección de dignidad

Pobre Lector/de los Jueves

La envidiable dignidad de “O Velho Capitao”

Cuentan que el viejo Chateaubriand, a quien sus redactores llamaban sencillamente “Cható”, arrojó el ejemplar de “Life” sobre la mesa y llamó a gritos a su jefe de redacción:
-¡Pronto, a Nueva York, el mejor equipo de fotógrafos, redactores… qué se han creído esos gringos!! La furia del gran editor brasileño en aquellos días de agosto de 1961 era plenamente justificada. La revista “Life” había publicado en su edición en español un reportaje de siete páginas sobre las barrios pobres de Rio de Janeiro, las famosas “favelas”, llamándolas: “Símbolo de la miseria en América Latina”. El quincenario yanqui mostraba en magníficas fotos a una capital triste, violenta y mísera, como si fuera la realidad completa del país y de Latinoamérica.
“Cható” envió entonces a Nueva York al gran fotógrafo Henri Ballot, estrella indiscutida del fotoperiodismo latinoamericano de la época. Sus reportajes en O’Cruzeiro primero y en O’Cruzeiro en Español, después, lo colocaban al lado de Cartier Bresson y Capa, por ejemplo.
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Betty bailó hasta el final

Betty di Roma (Final)

-Nos hizo bailar a todos…

Fue en el Teatro Monumental, en la avenida Venezuela, en Breña, donde debutaron las frescas veinteañeras convocadas por Última Hora para integrar el grupo de baile las “Bikinis Girls”. Y entre ellas, la reina indiscutida era la morena clara Betty di Roma, por sus grandes ojos verdes, sonrisa amplia, desenfadada y, sobre todo, de sensualidad irresistible para los tiempos.

El cine mexicano había impuesto un nuevo patrón de belleza para las bailarinas de ritmos tropicales y ya no estaban de moda las regordetas de los años anteriores. Los films nos traían ahora a María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Emilia Giu, Meche Barba, que lucían cinturas estrechas y bustos sugerentes pero no desbordantes. Y esos fueron los criterios del Jurado que presidía la Tongolele para elegir a Betty, Verónica, Gladys, María Cristina y Yuri.

No fue sorpresa para el barrio la opción profesional de Betty. Su padre era pianista y la mayoría de hermanos integraban orquestas de aquellas de baile de barrio. El mundo artístico no era desconocido para la bella.
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