Betty bailó hasta el final

Betty di Roma (Final)

-Nos hizo bailar a todos…

Fue en el Teatro Monumental, en la avenida Venezuela, en Breña, donde debutaron las frescas veinteañeras convocadas por Última Hora para integrar el grupo de baile las “Bikinis Girls”. Y entre ellas, la reina indiscutida era la morena clara Betty di Roma, por sus grandes ojos verdes, sonrisa amplia, desenfadada y, sobre todo, de sensualidad irresistible para los tiempos.

El cine mexicano había impuesto un nuevo patrón de belleza para las bailarinas de ritmos tropicales y ya no estaban de moda las regordetas de los años anteriores. Los films nos traían ahora a María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Emilia Giu, Meche Barba, que lucían cinturas estrechas y bustos sugerentes pero no desbordantes. Y esos fueron los criterios del Jurado que presidía la Tongolele para elegir a Betty, Verónica, Gladys, María Cristina y Yuri.

No fue sorpresa para el barrio la opción profesional de Betty. Su padre era pianista y la mayoría de hermanos integraban orquestas de aquellas de baile de barrio. El mundo artístico no era desconocido para la bella.

Los ensayos se hicieron en el pequeño auditorio de Radio Lima en la avenida Bolivia y se afinó un espectáculo que incluía “sketchs” a cargo de cómicos como Antonia Puro, Alex Valle, Benjamín Ureta, etc.

El vespertino de Baquíjano hizo tanto alboroto con las Bikini Girls que aquella noche hubo una gran cola en el Monumental para verlas y aplaudirlas. Fue el delirio y a la vez la consagración de Betty y su pareja de baile y coreógrafo, Rafael Ferreira. Su tema favorito era “Mambo en España”.

Cómo trabajaban. Sábado “Monumental” en Breña ; domingo “Primavera” de Surquillo; lunes “Francisco Pizarro” en el Rímac; martes “Western” de Lince; Miércoles “Pacífico” del Callao; Jueves “Broadway” de Magdalena…. todo un circuito de trabajo constante que solo resistían aquellas jóvenes atléticas y, sobre todo, entusiastas.

No duró mucho el grupo porque los socios se distanciaron. Pero Monteverde insistió por su cuenta y fundó la compañía “Chá Chá Chá” y después las “Bim Bam Bum” (tomando el título del espectáculo santiaguino). En todas las versiones estuvo Betty di Roma como estrella, compartiendo con Mara y Anakaona.

Fueron diez años de éxitos, giras, sucesos, hasta que los entusiasmos por el mambo fueron decayendo. En los años sesenta Betty de Roma era ya una leyenda y viajaba por América con fortuna desigual bailando por aquí y por allá y desordenándose un poco en su vida personal. La bohemia le pasó la cuenta y hasta se enamoró hasta el delirio (como las buenas artistas) de un “broadcaster” limeño, en amores que la llevaron hasta un intento de suicidio.

Finalmente, en uno de sus viajes Nueva York tomó la decisión de quedarse, de radicarse por allá, instalándose definitivamente.

Pero venía al Perú de cuando en cuando y hasta probó fortuna con un show con Amalia Aguilar, en 1982. Ambas eran todavía bellas y ágiles pero los viejos admiradores no fueron a verlas y los jóvenes no las conocían, así que retornó a su rincón peruano de New Jersey.

En 1984 el gran periodista Mario Campos (de cuya nota he tomado la mayoría de estos datos) la descubrió en un café donde conversaba con Rafael Ferreyra -y los entrevistó para “La República”- y le propuso una cita melancólica: ir a Teatro Monumental, al escenario donde debutó. No dudaron. Al día siguiente fueron para allá y cito a Mario Campos observando al viejo administrador Mario Urbina: “Faltando un cuarto para las siete de la noche del sábado 30 de junio (de 1984) Mario Urbina se hizo como que fumaba en el hall del teatro. Se hizo como que miraba a otra parte, donde se mataban de risa unos muchachos. Sí, ahí.A esa hora la reja del teatro estaba a medio abrir y él vio como Betty di Roma entraba lentamente, no vaya a sonar la reja, nadie se vaya a dar cuenta. Betty, vestida con un abrigo azul, la cabeza envuelta con un pañuelo, un ‘necesser’ en una mano y un maletín en la otra…”·

Coqueta irremisible, Betty di Roma presumía de belleza inacabable y no tuvo reparos en compararse con Gisela Valcárcel y Analí Cabrera y hasta les mostró cómo debían bailar el mambo antiguo, en lecciones que testimonió un fotógrafo de “La República”.La bella murió en los Estados Unidos en noviembre del 2004, el año pasado. Nunca perdió la alegría y bailoteó, nos cuentan, hasta el final.Me imagino que en su lápida dirá, en frase sencilla y enorme: “Aquí está Betty. Nos hizo mambear a todos”.

FIN

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