Betty di Roma (I)

Betty di Roma (I)

“Mambo, qué rico mambo…”

Ante el reclamo de los entusiastas redactores y sin pensarlo dos veces, la bella joven se trepó ágilmente al escritorio aprovechando que desde la radio atronaba un mambo. Allí se contoneó con entusiasmo luciendo sus largas piernas sin timidez alguna y, sobre todo, riendo con alegría…

Era un día de julio de 1951 y el novísimo vespertino “Ultima Hora” trataba de ampliar el número de lectores apelando al mambo, el baile cubano que revolucionaba la cultura popular. Algunos quizá recuerden que provocó opiniones encontradas; y tanto, que el Cardenal monseñor Guevara presionado por damas ultraconservadoras decretó la excomunión para quienes lo bailaran e incluso escucharan.

Medio país quedó entonces bajo el anatema porque el mambo era inevitable en las radios, las fiestas, los carnavales. Y en las casas las muchachas ensayaban los pasos que cada día publicaba el diario en primera página a modo de lecciones.

Una de esas chicas era Betty, la hija de don Roque Giuseppe di Roma, un severo siciliano que se había casado en Ica donde nacieron parte de los numerosos hermanos de la bella, y que ahora luchaba por la vida en un pequeño negocio en el Callao.

Betty era la mejor de las niñas di Roma, la más avispada y quizá la más coqueta. Al viejo Roque le costaba trabajo apartar de su puerta a los admiradores de aquellos enormes ojos verdes de “La Gata”, como ya le decían en su barrio chalaco.

En el diario, Raul Villarán, y Guido Monteverde consiguieron convencer al adinerado Carlos Wiesse –que no necesitaba trabajar pero adoraba el periodismo-de invertir en una compañía de revistas que llamaron “Bikini Girls”.

“Una tía me llevó el periódico y me contó que pedían bailarinas y como yo bailaba tan bonito pensé en presentarme y fui con ella al jirón de La Unión”, contaría años más tarde La Gata. Efectivamente, en “Ultima Hora” se publicaba cada día un gran recuadro que pedía “Veinte Chicas para una Compañía de Revistas” y que resultó la mejor manera de reclutar “valores nacionales”.

Así fue como Betty di Roma fue inscrita para el concurso previo, junto con otras jóvenes entre las que destacaban una exótica y carnosa llamada Alejandrina Población y otra alegre y coqueta, Consuelo Loyal Cavallini.

Por esos días llegó a Lima la más grande sensación del vedetismo internacional de la época, Yolanda Montes, Tongolele, ya muy conocida porque habían llegado películas en las que bailaba con Tin Tan. Su esposo era percusionista y por eso “Ultima Hora” tituló en primera página: “Llegó Tongolele, con el que le toca el bongó”.

Guido Monteverde aprovechó la oportunidad y la convenció de presidir un jurado seleccionador para las “Bikini Girls”, añadiendo nada menos que al pintor Sérvulo Gutiérrez y la bella Pilar Pallete (pocos años después esposa de John Wayne).

Entonces, en la boite “Cotillon” , entre Ocoña y Cailloma, desfilaron y bailaron las concursantes y las tres citadas quedaron en los primeros lugares y, como todos sabemos, pasaron a la historia cultural limeña. A la rechonchita Alejandrina le pusieron “Mara” y a la contorsionista del Circo “Cavallini” le adjudicaron “Anakaona”. A Betty di Roma, en cambio, no le cambiaron el nombre pues era y sonaba perfecto.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s