Archivo mensual: junio 2005

Marito, Bryce y yo

Bryce y yo…

Recordarán que alguna vez les conté de cuánto nos parecemos Mario Vargas Llosa
y yo pues nos gusta escribir, amamos la fama, el dinero y vivir en Londres y,
para colmo, somos arequipeños. Es verdad que algunas coincidencias no se me
han realizado plenamente todavía, pero, quizás, un día de estos…
Y ahora descubro que también tengo puntos de encuentro con el gran escritor
pero antipático Alfredo Bryce: el odio a los perros callejeros.
Si ustedes logran llegar casi hasta el final del segundo tomo
de “Antimemorias” de Bryce, leerán sobre su casa de Las Casuarinas, “Hillside
Drive”, y su imposibilidad de caminar en paz y debido en gran parte al acoso
de admiradores, vigilantes.. y perros.
Pero los perros de Bryce, de los que se defendía con dos bastones fantaseando
con ensartarlos cual anticuchos, eran de categoría, de las mejores marcas, de
dueños de cuello duro. En cambio los míos…
En los años sesenta volví a la viejísima casa familiar de la novena cuadra del
jirón Ica, en pleno barrio de Monserrate, luego de una triste historia
personal que no viene al caso. Y qué suerte tuve pues conseguí trabajo en el
diario “Expreso”, a escasas tres cuadras de la casona.
Entonces, cada noche (o mejor, cada madrugada pues así era el periodismo en
esa época), luego de cerrada la edición, emprendía el viaje a la casa. Como en
las películas, mis pasos resonaban, solitarios, y hasta despertaban ecos en
los rincones de las enormes casas de vecindad.
Pero cuando llegaba a la cuadra ocho, a la calle La Medalla, pese los
esfuerzos que hacía por no hacer ruido, una jauría de perros ululantes y
agresivos me cortaba el paso. Eran por lo menos una docena que brotaban de dos
callejones y se negaban a dejarme pasar. Chicos, grandes, lanudos, sarnosos,
huesudos de razas indescifrables, todos se unían en mi contra.
Intenté entonces dar un rodeo para evitarlos pero a la vuelta había un garaje,
una cochera, con una jauría parecida que había decidido que yo no podía pasar
por ahí por ese su territorio nocturno.
Cuando salía a trabajar, en la tardecita, rumbo a “Expreso” ahí estaban,
tumbados en la vereda, mansos de solemnidad, hasta tímidos. Pero apenas caían
las sombras se me transformaban en peores que los sabuesos de los Canterville.
Comencé entonces a defenderme. Conseguí una especie de bastón con que los
amenacé y juro que sentí que se rieron entre ladrido y ladrido; luego me llené
los bolsillos de piedras y los agredí noche a noche armando unos escándalos de
película hasta que una madrugada le acerté al más grande, al líder, en plena
nariz supongo. Lloró de dolor y escapó, seguido por sus secuaces; y tuve
algunos días de descanso aunque siempre llevando mis armas de reglamento pero
se recuperaron del trauma y me siguieron persiguiendo pese a los proyectiles.
Pocos meses después mi querido cuñado Guillermo me vendió un auto soberbio, un
gran Ford del 52 y , claro, alquilé un lugar en la cochera aquella. Y retornó
la pesadilla pues en la esquina de mi casa se me juntaban ambas bandas y
ladraban y gruñían hasta la exasperación.
Se me ocurrió entonces la venganza, esto es, el asesinato puro y simple de
aquellos monstruos que no me dejaban llegar a dormir. Y poniendo manos a la
obra, a eso de las tres de la mañana de un fin de semana di varias vueltas a
la manzana persiguiéndolos con mi carrazo pero la verdad, no le acerté a
ninguno. Eran demasiado hábiles para mi torpeza en el timón.
“Si no puedes vencerlos, únete a ellos” cita Bryce –en inglés, claro- en su
libro. Y esa fue la solución final. De casualidad, llevando unos biscochos
arrojé uno al grandote pues el mordisco parecía inevitable y pronto se
tornaron buenos camaradas, siempre y cuando, claro, los proveyera de insumos.
Porque a diferencia de los canes pitucos, “casuerineros”, del escritor, los
de Monserrate se morían de hambre y pactaron conmigo: trozos de chancay con
mantequilla por el paso a la casa y de cuando en cuando una hotdog con mostaza.

Tío Juan

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Felix Oliva

Félix, un año

¿Porqué apreciábamos tanto a Félix Oliva? En estos días se cumple un año largo
de su desaparición y todavía la noticia nos abruma como si hubiera sido ayer.
Y es una buena ocasión para preguntarnos, repito, la razón del cariño
particular que le teníamos todos.
Como todos las personas influyentes y notables, de vasta obra, ofrecía muchas
ventanas para observarlo y apreciarlo. Yo les contaré de la mía.
Conocí a Félix en los años 70, en una época cercana al frustrado proyecto
velasquista y cuando manejaban el país los generales que lo reemplazaron y que
convirtieron el sueño en simple dictadura.
Félix había sido, por supuesto, partidario de las reformas centrales de
aquella primera etapa y elogiaba con entusiasmo a los primeros militares. Pero
con una mirada singular pues no tenía una rígida visión ideologizada y mucho
menos politizada. Era, ni más ni menos, que un apasionado partidario de la
justicia, del bien, de la bondad y su discurso de reclamo por el cambio era de
lo que llamamos a veces, emoción social.
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Nuevo Género Periodístico

Pobre Lector/de los Jueves

Nuevos Géneros Periodísticos

-“¡Jefe, un notición! ¡Una imagen de la Virgen que llora, en la Vía Expresa, en
el cemento!”.
Los reporteros veteranos del diario escucharon al novel practicante y se
echaron a reír.
-“No compadre…eso no es un milagro, es un operativo sicocosocial”.
-“Bueno, aquí tengo otra noticia internacional para primera página ¡Pinochet se
está muriendo!”.
-“Ven acá hijito.. “ –dijo el Jefe. –“¿No te enseñaron en la Universidad a
distinguir una noticia de un operativo sicosocial?”.
-“¿¿¿ ¿??”
El diálogo es verdadero, absolutamente cierto, por lo menos en lo que respecta
a la imposibilidad de que los profesores de periodismo indiquemos con certeza
qué es una Noticia y qué es un Operativo Sicosocial. O sea, en el Perú hace
mucho que tenemos un nuevo Género Periodístico (y sospecho que en muchos países
también).
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Día inolvidable

Un día inolvidable

Fue un día inolvidable que sin duda quedará marcado con fuego en los fastos
más memorables de la Pontificia Universidad Católica. Muchas cosas han pasado
en sus venerables claustros pero como ésta… casi ninguna (que sepamos).
Todo comenzó cuando Leonardo Aguirre, periodista, decidió que sería
interesante comentar la más reciente obra de Sergio Galarza, cuentista, que
acababa de lanzar “La soledad de los aviones” a la luz pública, vía la
colección “Estruendo Mudo”. La nota la difundió la popular agencia
virtual “agenciaperu.com” que manejan Chichi Valenzuela y sus más conspicuos
secuaces.
Aguirre, buen lector, no desaprovechó la oportunidad y le dio de alma, como a
hijo ajeno: “prosa elemental”, “lugares comunes”, “ejercicio de taller de
narrativa básica”, “desilusión”, “títulos vendedores”, etc. hasta culminar con
el abrumador “Galarza todavía no despega. Se ha quedado encerrado en el
aeropuerto”.
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“Fuentes generalmente…”

Pobre Lector/de los Jueves

“Fuentes generalmente bien….”

Confirmado. Es definitivo. Garganta Profunda ha venido para quedarse y sabe Dios por cuánto tiempo. “Una generación, por lo menos” acotó un colega.
Y es verdad, porque nuestro periodismo ha pasado de citar testigos de carne y hueso a informantes que se niegan a dar su nombre, que ruegan que no se revele su identidad, que prefieren guardar el anonimato, que esperan que llegue la hora para gritar en público toda la verdad…
También me decía otro colega que el gringo que inventó la frase “Fuentes generalmente bien informadas afirmaron que…” habría ganado una fortuna si la hubiera patentado allá en Washington. Porque desde algún momento en la historia del periodismo, quizá a fines del siglo 19 (si alguien lo sabe, por favor, páseme el dato) un rumor de pasillo, un chisme de lobby, se convirtió en noticia.
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La Garganta Equivocada

Pobre Lector/Especial

La “Garganta” equivocada

“Lo sentimos. Yo y mis alumnos estábamos en un error” se ha apresurado a declarar el distinguido y veterano profesor de periodismo de investigación William Gaines, de la Universidad de Illinois, que señaló a Fred Fielding como el –según el cristal con que se mire- “patriota” o “traidor” de Watergate.. Esta es la historia: hace un par de años, un grupo de estudiantes de periodismo anunciaron a la prensa que habían descubierto la identidad de “Garganta profunda”, quizá el personaje más famoso de la historia del periodismo norteamericano de los últimos 30 años, y luego de una ardua investigación iniciada en 1999.

Recuérdese una vez más que aquel hombre ,“Garganta profunda”, se reunía con el reportero Woodward en secretos lugares de parqueo y proporcionaba los datos justos para que la investigación no se rindiera ante una pared infranqueable. Cuando parecía que esto había sucedido “Garganta” abría otra puerta soltando otro nombre: “Pregunten a….”.
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El tercer aventurero

“Historia de tres aventureros”

Leamos esto, coleguitas:“Lo cierto es que el mundo se maneja desde el delirio. Así como George Bush transporta en su comitiva a un ex cocinero de Mc Donalds diestro en preparar su plato favorito, los chiles jalapeños, culinaria con la que pretendió agasajar a la reina de Inglaterra; así también Alejandro Toledo y Eliane Karp decidieron implantar la realeza inca en las calles de Camacho y lograron primeras planas”.

¿No es una bobada?

Sorprende que un profesional de la destreza de Umberto Jara sea el redactor de este y muchos otros párrafos más en su reciente libro dedicado a denostar a la pareja presidencial y de paso, probablemente, ganarse alguito a su costa.
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