“Fuentes generalmente…”

Pobre Lector/de los Jueves

“Fuentes generalmente bien….”

Confirmado. Es definitivo. Garganta Profunda ha venido para quedarse y sabe Dios por cuánto tiempo. “Una generación, por lo menos” acotó un colega.
Y es verdad, porque nuestro periodismo ha pasado de citar testigos de carne y hueso a informantes que se niegan a dar su nombre, que ruegan que no se revele su identidad, que prefieren guardar el anonimato, que esperan que llegue la hora para gritar en público toda la verdad…
También me decía otro colega que el gringo que inventó la frase “Fuentes generalmente bien informadas afirmaron que…” habría ganado una fortuna si la hubiera patentado allá en Washington. Porque desde algún momento en la historia del periodismo, quizá a fines del siglo 19 (si alguien lo sabe, por favor, páseme el dato) un rumor de pasillo, un chisme de lobby, se convirtió en noticia.

Así fue la historia de Watergate, como recordarán. Cuando Woodward y Bernstein llegaban a un punto muerto en sus averiguaciones sobre la mafia de Nixon y estaban a punto de declararse derrotados, surgía –afirman, dicen- un misterioso informante que –oh, qué vivo- no les daba todo sino solo el hilito, el cabito para comenzar de nuevo en otra dirección.
Ambos periodistas han sido consagrados como las estrellas máximas del periodismo de investigación mundial pero la verdad es quien se merece (si existe) los halagos es Garganta Profunda.
En nuestro periodismo está pasando algo parecido y a buen nivel, es decir, con profesionales que no son recién llegados al oficio y ostentan pergaminos de peso. Cito los casos: Ricardo Uceda con su “Pentagonito”, Umberto Jara con sus “Aventureros” y últimamente José María Salcedo con sus “Sospechas”. ¿Qué tienen en común, aparte de historiar periodísticamente la política reciente? El Síndrome de Garganta Profunda.
En los tres textos se recurre a los informantes que solo podrán revelar su identidad, todavía, quizá más adelante, cuando las olas de la historia se aquieten y en la resaca queden flotando nombres que la próxima generación ni siquiera recordará.
Pero hay visiones críticas dentro del oficio. Hace unas noches, César Hildebrandt reclamó a Mónica Vecco el poco profesionalismo de su revista Quinto Poder que reveló “gracias a fuentes que no puedo revelar” presuntos amores del ministro de Industrias con una bella ex.Miss Perú. Quedó mal mi amiga Mónica ante la contundencia de Hildebrandt que, papelito en mano, le hizo ver sus errores que ella llamó, con el último hilito de voz que le quedaba “un exceso de la reportera…”.
El tema da para largo. A los interesados les recomiendo visitar de pasadita la Página del diario The New York Times y buscar el “Siegal Report”. Se trata de un informe redactado por un grupo de profesionales que buscaban las razones del dramático error del diario en aceptar como fidedignas las crónicas de Jayson Blair.
El resultado fue el texto, no muy largo, titulado “Preserving our reader’s trust” (disculpen, no conozco si hay una versión en castellano) y allí en la parte de “Unidentified sources” hacen recomendaciones sobre la necesidad de que los reporteros presionen a las fuentes que no desean dar nombres y que a la vez aquellos deben ser enérgicamente presionados por los editores y , en fin, reducir al mínimo las no-atribuciones.
En cuando al Perú, prefiero entonces la novela “Grandes miradas” de Alonso Cueto que, más y mejor, nos describe a un Montesinos de ficción más verosímil que aquellos personajes que provienen de “fuentes generalmente bien informadas”.

Derechos Reservados. Cucu Press Features Syndicate

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