Día inolvidable

Un día inolvidable

Fue un día inolvidable que sin duda quedará marcado con fuego en los fastos
más memorables de la Pontificia Universidad Católica. Muchas cosas han pasado
en sus venerables claustros pero como ésta… casi ninguna (que sepamos).
Todo comenzó cuando Leonardo Aguirre, periodista, decidió que sería
interesante comentar la más reciente obra de Sergio Galarza, cuentista, que
acababa de lanzar “La soledad de los aviones” a la luz pública, vía la
colección “Estruendo Mudo”. La nota la difundió la popular agencia
virtual “agenciaperu.com” que manejan Chichi Valenzuela y sus más conspicuos
secuaces.
Aguirre, buen lector, no desaprovechó la oportunidad y le dio de alma, como a
hijo ajeno: “prosa elemental”, “lugares comunes”, “ejercicio de taller de
narrativa básica”, “desilusión”, “títulos vendedores”, etc. hasta culminar con
el abrumador “Galarza todavía no despega. Se ha quedado encerrado en el
aeropuerto”.

Todo lo cual, por supuesto, provocó la natural disconformidad de Galarza que
aceptó encantado la posibilidad de un debate público en la propia Universidad
Católica y enfrente de quien quisiera escucharlos.
El debate fue organizado los estudiantes de Literatura que consiguieron un
aula en Humanidades e invitaron a Javier Agreda, Juan Carlos Gallardo, Sergio
Galarza y Leonardo Aguirre pero al día y hora señalados no llegaron los
primeros; y crítico y cuentista debieron discutir solos, entre ellos.
¿Cómo comenzó el pugilato? Hay versiones. La agenciaperu.com, en acción
refleja habitual en la profesión, lanzó el flash: “Escritor golpea a
columnista de agenciaperu.com”. El propio Aguirre diría después: “Solo le
pregunté si mi columna era tan poderosa que provocaría una disminución en las
ventas y él se levantó y cuando parecía que se retiraba, ofendido, me agarró a
golpes…”.
¿Y Galarza? En noble y ética decisión, la agencia divulgó su versión: “Me
levanté de mi asiento y me paré delante de su colaborador, nunca estuve de
costado o hice un amague de irme y luego lancé el golpe, eso es una mentira…
todo ocurrió cara a cara y no cuando su colaborador estaba hablando…”.
Como fuere, el hecho es que Leonardo Aguirre recibió un trompón que le apagó
el farol derecho por un par de días mientras sus coleguitas invocaban a los
dioses del periodismo para que se castigara al agresor.
Aguirre fue mi alumno, de la primera promoción de periodistas de la flamante
Especialidad de Periodismo de la Universidad y destacó siempre por su
actitud , digamos, irreverente, en el amplio sentido de la palabra. Creo que
hasta iconoclasta se le podría llamar. Hemos tenido varios alumnos así que han
saltado del aula a las páginas de la crítica convirtiéndose en fustigadores
durísimos de sus colegas literatos. Destacó siempre como creativo y culto,
poco sociable y casi hostil pero en el fondo buena gente –como somos todos.
Escritor de cuentos, ha recibido ya distinciones como una mención
de “Caretas”, etc.
Varios literatos se han pronunciado ya sobre este método singular de responder
a la crítica y las bellas Pollarollo y Silva Santisteban se han quejado
también de los cruces de adjetivos entre autores vía los populares weblogs.
Pero la verdad la verdad, es que los insultos fueron terribles. Galarza se
paró delante de Aguirre y le espetó sin piedad el adjetivo: “¡Crítico!”
Aguirre no dudó un segundo y le contestó de media vuelta nomás, sin pararla,
con un vocablo más cruel todavía: “¡Poeta!”
Fue inevitable: Galarza, entonces, le zampó un puñetazo a mi amigo Leonardo.

Tío Juan

Derechos Reservados. Cucu Press Features Syndicate

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