César Calvo Poeta y Seductor

César Calvo,a los cinco años

¿Cuál será la cualidad principal que recojan sus biógrafos? ¿Poeta o Seductor? Porque es verdad que César Calvo fue notable en ambos aspectos. Los académicos eligen, claro, la poesía, pero reconózcase que sus virtudes de cazador de féminas merecen ser rescatadas para la historia pues, la verdad, no hemos conocido nada parecido.“Dueño de un poder de seducción irresistible para con las mujeres a quienes volvía literalmente sus esclavas. Se trataba de un amante mítico, con carisma irresistible, con instinto y aureola de ángel y demonio. Maya, la esposa de Ricardo Luna, embajador del Perú en Estados Unidos, me contaba que cuando lo alojaban en su departamento de Londres era increíble la atracción que ejercía a las hermosísimas muchachas inglesas que pasaban por la avenida central hasta donde él bajaba del piso en que vivían, justamente para hacer esa caza diaria. No pasaba cinco minutos en que él tardara en subir con una ninfa extasiada contemplando embelesada a aquel loco de mirada torva y de cabellos ensortijados, que no hablaba una sola palabra en inglés…”.

El texto, un poco exagerado en la forma pero absolutamente cierto en el fondo, es de Danilo Sánchez Lihón, que rinde así homenaje a su amigo César, desaparecido hace cinco años cuando solo había cumplido 60.Poco se ha escrito sobre el César seductor pero hace poco se han trazado algunas líneas. Hugo Neira, por ejemplo, que lo conoció bien, se burló de Alfredo Bryce Echenique porque este mentiroso patológico dijo en sus “Antimemorias” que Calvo se le arrimó para que le presentara niñas de sociedad. Falso. Neira le tomó el pelo diciendo que Calvo no necesitaba de Bryce para seducir, “tirarse” es la palabra que usó, a cuanta dama pudiera, sin distinción de clase social.

Pero les voy a contar dos casos particulares de Calvo. Dos mujeres. A una no pudo nunca incorporar a su harén y otra lo plantó.

A la primera, que llamaremos “A” le dedicó uno de sus mejores y más dulces poemas, que ahora no recuerdo bien pero termina con algo así “¿… es verdad que allá en Vermont las muchachas lavan sus cabellos en ginebra…?”Y la otra, “C”, no cedió a su persecución si no regularizaban en el Registro Civil, y fue así como se casaron en París en lo que sería, si no me equivoco, el único matrimonio formal del poeta. Pero él era infiel por naturaleza, imagínense. Entonces “C” lo dejó sin atenuantes.

Cuántas historias memorables conocemos de César Calvo, unos más que otros. Pero al final, me parece, apreciábamos su talento de artista, sensibilidad y generosidad con los amigos, cuando estaba en posición de serlo pues tenía severos altibajos en su vida personal. Era capaz de pasar de una semana a otra de un vertiginoso Ferrari a una mugrosa combi; y sin pestañear.Las chicas de la Católica de los años 60 cuentan que vieron trompearse en la Plaza Francia a César Calvo con Javier Heraud. Ganó el primero, más fuerte y mañoso y dicen que desde el suelo, Javier le dijo:-Bueno, al final Calvo puede ser cualquiera, pero Heraud, muy pocos…César era literato, músico, cantor pero por sobre todo actor. Su voz profunda, el abrigo sobre los hombros, la mirada intensa, la carcajada abierta y ruidosa… eran de todo un personaje teatral de esta Lima, su escenario favorito.

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