Brasil Dos

Brasil!!(II)

Castelos de Sonhos

“Allá abajo hay una historia” pensé cuando aquella mi primera madrugada frente a la playa de Copacabana, justo enfrente de mi hotel, observé que un jovencito reparaba con cuidado un enorme castillo de arena dañado por la intensa lluvia que había azotado Río de Janeiro todo el día anterior.
Y era verdad, porque ese imaginativo castillo era producto del esfuerzo de un antiguo “favelado” que había recibido lecciones de un trotamundos colombiano, y a su vez era centro de reunión y trabajo de varios pobrísimos “meninos da rúa” que encontraban en el “Castelho” una buena fuente de trabajo. Además se había convertido en escuela de cómo hacer castillos en la playa y muchos discípulos sembraban ya medio Brasil de los frutos de aquella verdadera Universidad de la arena.

La historia del castillo de Copacabana comienza realmente en la isla colombiana de San Andrés, diez años atrás, cuando el actor desempleado Alonso Díaz inició la construcción de un castillito en la playa y sin más intención que matar el tiempo. Pero los turistas pasaban, tomaban fotos, le dejaban algún dinerito y lo alentaban a seguir.
Alonso no había visto nunca castillos de verdad pero las historias que le habían contado de niño fueron suficientes y entonces inventó castillos imposibles de rampas, portones, torres, ventanas, torreones, en todo un complejo barroco que a la gente le gustaba…
Era un aventurero y decidió viajar llevando en la maleta sus herramientas fundamentales, esto es, un par de escobitas y una espátula, nada más. El resto era encontrar un playa, un poco de agua y entusiasmo.
Los castillos del colombiano se han construido y exhibido en varios países y llegado hasta Punta del Este y Mar del Plata pero ninguna ciudad logró que Alonso se afincara pues es nómada por naturaleza. Pero fue en Río de Janeiro, hacia 1998, que encontró una buena razón para quedarse: el deseo de ayudar a los niños de la calle, los famosos “meninos da rúa” que viven en la playa, pernoctan en los portales y son perseguidos por la policía –a veces hasta el asesinato.
El colombiano emprendió la construcción de un nuevo castillo en el centro de la bella playa de Copacabana, colocó la caja para recibir algo y se tumbó a leer y descansar vigilando a los niños que se acercaban, miraban, preguntaban. El más interesado fue el lustrabotas Rogean Rodríguez da Araujo que primero cuidaba el castillo por la noche y luego descubrió que él también tenía talento para la arquitectura de castillos pese a que él tampoco había visto uno ni en fotografía. “Los tengo en la mente” nos dice.
Rogean, conversador afable, coordina a una docena de niños que limpian, cuidan y exhortan a los viandantes que toman fotos a dejar algo para la causa. “No, no está ahora mi maestro Alonso” me explicó Rogean la tarde que lo visité para que me contara y tomarnos unas fotos de recuerdo junto con Raul Osorio, un amable colega colombiano que ya conocía estos antecedentes y que ha editado incluso una revista que cuenta detalles.
Los castillos de arena ha proliferado como fuente de trabajo para niños y forman parte de los proyectos de ayuda de la Prefectura de Río. Los periodistas los visitan de cuando en cuando y hasta han salido varias veces en la televisión.No olviden: cuando vayan a Copacabana busquen el castillo y pregunten por Rogean, quien les mostrará fotos de los castillos que ha hecho en otras playas. Y para que vean que es verdad, les adjunto una foto.

garotas

Tío Juan

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