Brasil!! (Uno)

Brasil!! (I)

Alcanzamos, o mejor, asaltamos una mesa recién desocupada en plena vereda luego de una agotadora cola en el restaurante de “A Kilo” que nos habían asignado. Era fácil: tomar el plato, llenarlo de comida variada, luego pesarlo y pagar con el vale. Pero lo bravo era lograr sitio pues aquello era un verdadero tumulto de profesores, estudiantes, parroquianos que se quejaban, mozos que aullaban órdenes a la cocina y música, mucha música.

Cuando estaba a medio engullir un palmito gigante me percaté de que mi mesaestaba encima de un enorme pentagrama formada por mosaicos blancos y negros.

Corcheas, fusas, llaves de sol, se alineaban en la acera hasta rodear la manzana.

-Mozo ¿estamos en medio de una canción?

-Meu amigo, vocé está sentado en Cidade Maravilhosa de Ary Barroso…

El pentagrama rodeaba la manzana de la avenida 28 de Setiembre y en la otra seentonaba otra canción, y así sucesivamente en ese barrio cercano a la enorme Universidad de Río de Janeiro, la ciudad en que efectivamente todo es sorprendente para un apacible peruano, desde el ruido fragoroso del tránsito hasta la dulzura con que se deslizan las garotas en medio de la gente…

¿Qué hacía yo ahì? Estaba participando en el 18 Congreso Brasileño de Cienciasde la Comunicación, invitado por Intercom, la institución que fundó José Marques de Melo y que es hoy la principal organizadora de estudios de la comunicación en ese inabarcable país.

No era la primera vez que iba a Intercom. Estuve en 1982 en San Pablo, en los últimos tramos de la dictadura militar y nos reunimos en un convento cercano ycon cierta discreción porque los comunicadores siempre hemos sido subversivos.

Ahí llegaron, por ejemplo, García Canclini, el fallecido Everett Rogers y muchos otros.

¿Cómo describir el formidable congreso en que estuve hace dos semanas? Quizá la frase “hormiguero comunicacional” sería la que más se acerque a mi primera impresión pues cuando el autobús nos dejó -en medio de lluvia incesante- nos topamos con un torrente de jóvenes que iban y venían, corrían por las escaleras,tropezaban, preguntaban, asediaban los ascensores (los que funcionaban), reclamaban sus credenciales, consultaban los cambios en el programa en un gran panel central al que era imposible acercarse.“¿Y qué hago ahora” pensé, angustiado, pues mis anfitriones me abandonaron porque estaban ocupadísimos. Pero ese mar de gente se fue calmando, en media hora todo volvió a la calma y aquellos miles se repartieron finalmente en unos treinta auditorios distintos y se iniciaron los trabajos que tenían como tema central “Investigación y Enseñanza en Comunicación”.

En el medio del edificio estaba lo que un grupo de veteranos comunicadores llamamos la “Avenida de las Tentaciones” por tres razones: una veintena de editoriales ofrecían montañas de libros de periodismo y comunicación en general; un stand brindaba comida bahiana caliente, crocante, olorosa y barata; y decenas de garotinhas de ombligos espectaculares revoloteaban alrededor, cercanas e inalcanzables, sonriendo a los viejitos que las admirábamos con frescura pero sin atrevimiento.

Mañana: Castillos de Arena

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