Cachascan y Feria

A la Feria!

-De Tacos y Cachascán

Qué suerte que tuvo Mario Vargas Llosa: agarró primera fila de la gran demostración de cachascán que organizó la editorial Trilce en la mera Feria del Libro. Es que presentaban un magnífico libro de fotografías de 25 años de luchas y luchadores mexicanos, de Lourdes Grobet, “En el Ring”.

No pudo don Mario menos que recordar que uno de sus primeros artículos de quinceañero fue precisamente sobre los espectáculos de cachascán que organizaba Max Aguirre en el Luna Park de la Plaza Dos de Mayo, en marzo de 1952.(Publicado en mi libro “Reportero a los quince años” al módico precio de 19 soles en la Feria).

Ya no hay luchas de aquellas en Lima pero en México se sigue cultivando esa mezcla de espectáculo con deporte que convoca masas que rugen alentando a sus favoritos. En la Feria treparon al ring (mientras Vargas Llosa aplaudía con entusiasmo de quinceañero) los “técnicos” (o sea, buenos, caballerosos) Safari, La Máscara y Brazo de Oro. Luego subieron los “rudos” (malos, traidores) Atlantis, Mefisto y Ares y no tardaron en trenzarse en un vale todo salvaje que terminó con todos contentos y sin una magulladura.

Un par de días después en la puerta de la Feria repartían propaganda para las luchas dominicales en el “Arenal Coliseo” que tenían como evento central un dos a dos histórico: El Hijo del Santo y L.A. Park (“técnicos”) vs. Máscara 2000 y Universo 2000. Y de yapa Brazo de Plata y Black Warrior vs. Averno y Mephisto, y otros personajes más como Cris Stone, Flash I, León Blanco, Danger, Cien Caras Jr., Hijo de Cien Caras, Neutrrón, Mágnum, para terminar con Estrellas de Jalisco I y II vs. Rey Trueno y Mr. Trueno… No pude ir al espectáculo que ofrecía variantes como Lucha Estrella, Relevos Australianos a Dos de Tres Caídas sin Límite de Tiempo, etc. Esa mañana debíamos regresar a Lima así que me la perdí.Pero había otras batallas en Guadalajara en las que era posible participar, como las platillos desconocidos en los restaurantes típicos que lideraba “La Chata” en pleno centro.

Siempre había una larga cola, a cualquier hora del día y el olor a carnitas fritas que despedía inundaba la calle, trepaba por los balcones, impregnaba la ciudad junto con las Taquerías.Prudentes, un amigo y yo probamos el conservador “La Rinconada” donde el amable pianista Quetzalcóatl Ornelas ofrecía boleros y repartía tarjetas con la leyenda “Su propina es mi sueldo”. Pero tuvimos que insistir en que no trajeran nada “picoso” porque los mexicanos son famosos por sus chiles.A la salida, el taxista nos dio más tarjetas. Una de “Samantha 21 años – foto real”) y otra “Masajes Mari Fer” que agregaba “También contamos con serv. Extremo, baile, parejas, lesbian show”. Encima de las fotos de las señoritas se ofrecía “1×500, 2×850, 3×1200”. ¿Qué querría decir? Ni preguntamos…Lo malo es que todo olía a taco, es decir , a tortilla rellena con carnes, mole, guacamole y cien salsas más de las que los mexicanos son aficionadísimos. Ya sea en carretillas modestas o restaurantes de lujo, nuestros anfitriones pedían tacos, para agregar después los misteriosos chilaquiles, enchiladas, huevos rancheros, camarones a la diabla o al mojo de ajo, etc.Total, la única batalla en que participé fue en la de resistir la tentación de comprar libros aunque me hice de una autobiografía de María Félix, un manual de periodismo, la biografía de la célebre geisha Sadayakko y un ensayo de Oriana Fallaci. Allá quedaron 280 mil títulos más.

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