Premio al Tío Juan

Tío Juan premiado

Amigachos y sobrinachos:
Qué contento estoy. Anoche, en una lucida ceremonia –como decimos los
periodistas- la Universidad de San Marcos me otorgó, y cito la Resolución
correspondiente : “un premio en reconocimiento como profesor, investigador de
los medios de comunicación, destacado maestro y hombre de prensa”. Con medalla
y todo.
No estaba solo, la verdad. El Consejo de Investigación de la Decana de América
organiza una entrega de premios anual (nunca podré decir “premiación”) a
investigadores destacados. Y agrega Premios Especiales, por trayectoria. Aquí
estuve yo junto a tres viejitos más que dudamos ante una peligrosa escalerita
para subir al escenario.

En el auditorio de la Biblioteca “Pedro Zulen”, 400 personas nos aplaudían y
hasta vivaban cuando desfilábamos para recibir nuestros galardones de manos
del Rector Manuel Burga, dilecto amigo, renovador de San Marcos. Un señor. (Y
de paso nos deslizaban discretamente una carpeta con un más discreto sobre que
contenía un cheque por una discretísima cantidad. Pero enorme para la siempre
ajustada economía sanmarquina).
Lo bonito es que a la vez que premiaban proyectaban fotos de la familia,
actividades, etc. Yo solo envié una gran foto con Pierina en nuestro patio-
jardín. Así que mientras Burga me imponía la medalla, la Doña sonreía en
pantalla gigante. Abajo, en la platea, aplaudían a rabiar mi nieta Manuela,
mis nueras Dehera y Lennia y la propia Pierina. El grupo lo presidía, en
representación de otros sectores familiares, el hijito Juan Luis que nos
premió después con una estupenda cena.
Hubo varios discursos formales y felizmente no tuve que hablar. De hacerlo
quizá habría recordado mis primeros días en San Marcos, allá en abril de 1972.
Repito:¡1972!!
En aquellos años el gobierno militar había reformado el viejo sistema de
Facultades y creado Departamentos. Letras era dirigido con mano maestra por
Antonio Cornejo Polar, que debía lidiar con un clima político realmente
endemoniado. Todos contra todos. Con decirles que en el restorán había un
cartel que gritaba “Abajo los tallarines que nos impone la junta fascista” y
no quedaba un solo lugar en las paredes para añadir un grito más de
subversión. El “horror vacui” clásico sanmarquino.
Fue mi querido Antonio quien me invitó a dictar un par de cursos de periodismo
en el programa de periodismo, nombrándome formalmente.
Alumnos hostiles y desconfiados, profesores que habían aprendido a tomar las
aulas por asalto para dictar sus clases porque no había suficientes. Y
Periodismo solo tenía una para cuatro cursos a la vez, imagínense…
Era el tiempo de la batalla por el muro perimétrico que reclamaba el sentido
común y rechazaba el radicalismo (“¡las ideas no se encierran!!”) y así
sucesivamente. Otro día les cuento.
Mientras tanto, insisto, qué contento estoy.
Tío Juan

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s