Crónica Yeroviniana

-Yeroviniana

Todos teníamos sendos y sesudos textos para leer en homenaje a Leonidas Yerovi. Pero es difícil que algo resulte serio cuando se evoca al gran periodista, dramaturgo pero , sobre todo, humorista.
Estaba prevista sin embargo una solemnísima reunión en el antiguo Senado de la República, hoy llamado “Sala Porras”, para presentar la Obra Completa del gran Yerovi. Tres voluminosos volúmenes que son toda una delicia.
Se había programado –primera sorpresa- que abriría la presentación el mismísimo Presidente del Congreso Marcial Ayaipoma quien, por supuesto, estaba ocupado cuando todos esperábamos el “Vamos” para leer nuestros textos a las 7 pm. en punto ante un auditorio casi lleno.
¿Los comentaristas? Luis Jaime Cisneros, Gonzalo Portocarrero, Alberto Isola, Juan Gargurevich (el estilo Ollanta se me ha pegado), Marcel velásquez el autor de la compilaciòn y notas, palabras de la nieta Celeste Viale, como intermedio un juguete cómico leído por los biznietos Paloma Cisneros y Mateo Chiarella. Toda una fiesta académico periodística dramatúrgica.

Sentados en una salita del fondo (”Sala de Embajadores” la llaman) mirábamos el reloj y sacábamos la cuenta del tiempo que nos quedaba para intervenir. Sabio y maduro, Luis Jaime sacó su lapicero y comenzó a borrar partes de su texto. Yo hice lo mismo disimuladamente mientras Marcel tachaba sin asco. Portocarrero reducía sus notas a la par que Isola que no había podido imprimir su texto y garrapateaba lo que se acordaba en el sobre de la invitación.
A las 7.30 pm. Luis Jaime carraspeó nuevamente, volvió a sacar su lapicero y borró más de su discurso. Marcel y yo acordamos que solo comentaríamos nuestros textos, Isola y Portocarrero estaban claros en la brevedad y solo tenían una breve hojita.
A las 7.45 pm. me hice el gracioso y dije “Creo que solo diremos, qué buen libro y muchas gracias” pero nadie esbozó una leve sonrisa pues el malhumor era evidente. Los funcionarios entraban y salían, miraban sus relojes, cuchicheaban y logré escuchar “está con Del Castillo, no puede venir”.
Un televisor permitía seguir la sesión que se desarrollaba en la otra sala; había “Pleno”, es decir, los congresista debatían a gritos algo sobre el agro.
Casi a las ocho entró para consolarnos la simpática aprista Elvira de la Puente que nos contó que acababa de presentar un proyecto para crear la “Universidad de las Artes”. Nos miramos nomás y la verdad que no le hicimos caso.
Por fin, pasadas las ocho entró el Presidente del Congreso rodeado de funcionarios y seguido de un elegante edecán de la marina.
El primer volumen se inicia con un texto, bien escrito, suscrito por Marcial Ayaipoma pero me temo que alguien se lo escribió o ya no se acordaba de cuando lo redactó. Y tampoco estaba bien informado de la edición pues antes de pasar a la sala donde ya bostezaba mas de un centenar de amigos, preguntó: -“¿Son tres volúmenes?”.
Ya no importa lo que dijo. Expusimos lo poco que quedaba de nuestros textos, los muchachos actuaron la obrita, Celeste Viale agradeció en nombre de la familia y ya era momento de brindar e irse. Pero de pronto apareció por el foro un señor bajito que fue anunciado como el Tercer Vicepresidente del Congreso.
Y nos soplamos un discursito final al mejor estilo Yerovi (“declaro clausurada la presentación del libro”) quien se hubiera divertido de lo lindo si hubiera estado ahí.
(O a lo mejor… estaba….).

Tío Juan

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