La Viuda del Club Peruano

-La Viuda del Club Peruano

Solo una vez me atreví a regresar caminando solo desde el Club Peruano, luego de un partida de bowling, hasta el barrio Sudete, donde vivía y trabajaba, en La Oroya de los años sesentas de la otrora poderosa Cerro de Pasco Copper.
Y es que lo que más me ha asustado siempre son las historias de fantasmas y en La Oroya las escuchaba a cada rato de mi amigo el fotógrafo Noé Lozano, todo un experto. “No vayas solo” insistía. “Te la puedes encontrar…” y yo francamente temblaba de miedo.
La historia era sencilla. Una joven oroyina recién casada había perdido a su marido en un socavón de Cerro de Pasco y desesperada, sin que nada ni nadie la pudiera consolar, se había suicidado en la puerta del Club Peruano, el lugar donde habían nacido sus amores luego de una fiesta de fin de año.

(El “Club Peruano” era el local social de los que estaba en el “Soles Payroll”, la planilla en soles. Los del “Dollar payroll” disfrutaban del restringido “Club Inca”).
“Desde entonces se pasea por ahí, todas las noches, llamando a su esposo, y se puede oír como llora y está vestida de negro y sin que te des cuenta se te acerca y te mira, quiere saber si eres su esposo perdido…”. A esas alturas de la historia cualquiera estaba ya con los pelos de punta. Como yo.
Esa noche, efectivamente, estaba solo, era casi la medianoche y solo se escuchaban mis pasos apresurados hasta que llegué a mi casa sintiéndome a salvo. Pero en el momento en que introducía la llave en la cerradura una mano me tocó el hombro y una voz suave susurró: “Joven…”.
Casi me desmayé del susto. Volteé despacio, con la piel erizada ¡y –les aseguro- no había nadie!
“La viuda te estaba siguiendo” sentenció mi amigo al día siguiente, emprendiéndola luego con historias del Supay Muqui.
“Yo lo he visto” nos contó. “Era rubio, de ojos azules, parecía un ángel de lo bello y estaba vestido de minero… nos miró muy serio y se metió corriendo. Y nosotros también salimos corriendo porque habíamos cometido el error de entrar sin hacerle pago, así que volvimos con hojas de coca, canchita, harina, lo que conseguimos, lo pusimos en un rincón y ya nunca más se apareció”.
Aprendí entonces que todos los mineros juran haber visto al duende de los socavones por lo menos una vez en su vida y que tiene diferentes aspectos. A veces de niño, otras con cuernos tipo diablo pero siempre vestido de minero y reclamando ofrendas.
“Cuando le caes bien te puede indicar dónde hay tesoros” relataba Lozano al grupo refugiado en su casa en una noche de lluvia intensa. Y se lanzaba a contar historias, casi una por día, de mineros que perseguían a muquis para arrancarles el secreto de la veta de oro, de “entierros” revelados por duendes benignos, de catástrofes provocadas por muquis malignos, etc.
“También hay muquis brequeros, del tren que lleva minerales, que aparecen cuando se ha sacado material de un Apu sin pedir permiso” aseguraba.
¿Y porqué les he contado todo esto? Porque acaban de publicar un libro sobre el “Supay Muqui” y estoy haciendo cola para comprarlo, aunque me asuste…

Tío Juan

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s