Archivo mensual: septiembre 2006

Día del periodista

-Allá vamos, Día del Periodista…

En algún momento de la historia (si alguien lo sabe, por favor, cuéntennos) el Partido Aprista acuñó la frase “Esto es el APRA ¿Qué les parece?”. En su momento y contexto fue, nos parece, una divisa desafiante que quizá surgió en un mitin multitudinario en la Casa del Pueblo en los buenos tiempos de Víctor Raúl.
La frase fue utilizada sabiamente por Guillermo Thorndike en febrero de 1975 para señalar al APRA como responsable de los disturbios en que resultó destruido por las llamas, por ejemplo, el diario “Correo” que dirigía Hugo Neira y que acompañado por un puñado de periodistas trató inútilmente de salvar las instalaciones. En cambio, los muchachones de “Expreso” repelieron el ataque a pedradas.
“La Crónica” hizo un impresionante despliegue de fotografías con dramáticas escenas del saqueo, ataques, muertos en un suplemento especial, y le colocó como título amargo “Esto es el APRA, qué les parece”. Y es que las imágenes mostraban a los agitadores del Partido Aprista dirigiendo las acciones, como el incendio del diario citado, el Círculo Militar y, sobre todo, del hermoso teatro del Centro Cívico –que aún sigue sin rehabilitar.
La política económica del Apra en los años 85-90 casi hundió al periodismo independiente pues a la destructiva inflación se sumó el reparto sabio de la publicidad estatal y de los dólares MUC. El que no se alineaba no recibía ni un Clasificado. De paso hundieron para siempre al Colegio de Periodistas del Perú al apristizarlo desde su nacimiento.
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La leyenda del Chino Muerto

-¡Mamá! ¡Un policía! –gritó una de mis hermanas desde la ventana con celosía que permitía aguaitar la calle sin ser visto.
Nos precipitamos a la ventana o a las rendijas de la puerta y comprobamos que, efectivamente, un guardia removía con el pie el paquete que habíamos dejado enfrente de la casa para que lo recogieran los basureros.
Solo mi papá no abandonó el desayuno dominical. Calmado como siempre se limitó a murmurar entre chupada y chupada de su infaltable cigarrillo:
-Se los dije. Esos huesos de cristiano hay que enterrarlos…
Es que en el fondo de la vieja casa del jirón Ica, cuadra nueve, quedaban todavía restos de la vida de la familia Regal, del abuelo coronel, de los hermanos Alberto y Bernardo. Allí había tesoros, como montañas de revistas (“La Ilustración Americana” y algo de “Variedades”) irremisiblemente apolilladas, un par de sables, libros de artillería, trastos varios e inclasificables que poco a poco se iban botando.
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“Qué mal he quedado…”

He revisado mi Diccionario de Frases Hechas (Larousse, por si acaso) y no encuentro la expresión coloquial “Quedar mal” que todos usamos, o por lo menos todos los peruanos usamos, de manera corriente y natural.
Por ejemplo: “Qué mal ha quedado el Cardenal en el tema de la pena de muerte”.
¿Qué quiere decir? Que su actitud, respuesta, etc. no ha estado a la altura de las expectativas que se tenía sobre su reacción ante el pedido aprista de imponer la pena de muerte. Y que debió rechazar con energía como buen apostólico y romano.
El diccionario rescata “¿En qué quedamos?” que significa animar a alguien a que se decida de una buena vez. También cita “Quedar tan campante” o “Quedar como si nada”, es decir, realizar una acción generalmente reprobable y “Quedar tan fresco”.
Por ejemplo: “El Cardenal quedó como si no fuera con él luego de la reacción de la Conferencia Episcopal contra la pena de muerte”.
Las cosas no quedan ahí porque a veces enriquecemos la frase, como “Quedó pésimo” o “Quedaron horrible”, como se califica a, por ejemplo, la Selección Peruana de Fútbol.
Los cronistas policiales también usan “Quedó limpio” para indicar que alguien que fue acusado no tenía culpa, como por ejemplo “Corremos el riesgo de que el expresidente Fujimori quede limpio y pueda volver a postular”.
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Ciao, carissima Oriana

Flaca, feúcha pero atractiva, pedante, narcisista al extremo de que solo aceptaba carátulas con su imagen y provocadora constante. Así era la máxima diva del periodismo de nuestro tiempo, Oriana Fallaci.
Habrá que añadir algo más a este breve e insuficiente perfil: era la periodista más talentosa a la vez que temida de Europa; y en estos días cientos o quizá miles de periodistas deben estar redactando textos como éste, de recuerdo y de encomio de la brillante italiana que hizo de la entrevista una mezcla de género literario, arma política, radiografía psicológica y elevó el oficio a escenarios personales que habían sido privilegio de la gran literatura.Su libro “El Sexo Inútil”, de 1962, sobre las mujeres en Asia, fue un descubrimiento para los periodistas pero “Los Antipáticos”, de 1964, su primera recopilación de entrevistas, representó una auténtica revolución en nuestro periodismo lejano y casi provinciano.
Hasta entonces, comienzos de los años sesenta, la crónica del “nuevo periodismo” norteamericano no se popularizaba todavía y la entrevista era un sencillo juego de preguntas y respuestas en diálogo que avanzaba bien si el periodista tenía habilidad para improvisar .Esos dos libros iniciales de Oriana Fallaci nos cayeron como una revelación. Y supimos entonces que esa mujer de grandes ojos celeste pálido era una resuelta reportera que peleaba por el primer lugar en los frentes de batalla y que sus entrevistas se publicabanprimero en el Corriere della Sera y luego en cientos de diarios más en todo el mundo.
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Chiclayo impredecible

-“No, no hay boleto para su esposa… pero usted tiene dos boletos a su nombre. Lo sentimos, no es error nuestro, es de la agencia de viajes” -.nos dijo secamente el empleado de Lan.
Así, con malos augurios, comenzó el viaje a Chiclayo donde debía dictar un par de charlas a jóvenes y entusiastas estudiantes que habían organizado el seminario “Conglomerado Comunicacional”.
-“Véndame un boleto, reclamaré después” -riposté. Y enarbolé mi Credicard. .Pero cuando ya había pagado nos dijeron que Pierina estaba en “lista de espera”.
Total y para hacerla corta, logramos viajar trepando últimos al avión y en asientos separados.
Al llegar a Chiclayo no estaba nuestros anfitriones. Tomamos un taxi y notamos agitación, desvíos, policías, un clima de tensión. Pronto supimos lo que pasaba: vándalos en disputa por la alcaldía habían incendiado la Municipalidad y aún ardía. Una multitud copaba la calle Elías Aguirre y los bomberos iban y venían.
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