Permiso para escribir

Todo indica que el venerable Gabo ha pasado de la teoría a la acción y dado permiso para que se use el idioma como a los periodistas les dé su real gana. De otra manera no nos explicaríamos que su prestigiosa Fundación haga la siguiente convocatoria:
“La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, el Ministerio de Educación de Colombia y la Corporación Andina de Fomento, con el apoyo de UNESCO y el Proyecto Educación, compromiso de todos convocan al Seminario “El cubrimiento periodístico de los temas de educación”.
Y la verdad es que todos creíamos hasta ahora que se decía “cobertura”, una palabra clásica del antiguo periodismo. Pero si Gabo lo dice no hay nada que hacer: adelante con el “cubrimiento” y si quieren con la “cubrisión”, no hay problema.
No sería la primera vez que García Márquez arremete contra la Academia de la Lengua, aquella de “Limpia, Fija y Da Esplendor”. Recordemos su célebre discurso en el Congreso de Zacatecas, en 1997, titulado “Botella al mar al dios de las palabras” y del que tomamos esta extensa cita:

“…Me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”.

Recordarán también la escandalera hispana y el título de un diario madrileño :”Autor de Zien años de Zoledad nos cambia el idioma” o algo así.
Hasta hora nos habíamos malacostumbrado a decir las cosas de una manera y a escribirlas de otra, protegiendo las viejas palabras de los crecientes barbarismos coloquiales que son imposibles de trasladar a la tinta y el papel. Total, hemos terminado creando un dialecto porque ya casi nadie escribe… como habla. Y los jóvenes, menos.
“Óe uón, la peli estaba de puta mare óe” escuchamos en los pasillos universitarios con cada vez más aterradora frecuencia pero todavía tenemos autoridad para reclamar a esos muchachos que el registro/código lo contextualicen al aula y al honorable profesor.
Pero ¿hasta cuando será eso posible si hasta los respetabilísimos profesores de García Márquez nos atropellan el idioma?
Entonses, la próxima bes que vállamos a clase, le diremos al profe que tenemos autorisasión para ablar y escrivir y desir como querramos. Un Premio Nóvel nos a dado permizo.

Gargurebiche

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