El falso muerto del Callao

-“¡Este muerto es falso! ¡Nos han cambiado de muerto!” –exclamó la sobrina de don Leoncio D.
Momentos antes se había acercado al ataúd para observar por última vez el rostro de su querido pariente, y ante sus gritos, los otros acongojados deudos se lanzaron sobre el cajón para comprobar que, efectivamente, ahí estaba “otro”.
-“¡Este es un gordo, y mi tío era flaquito! ¡Y le han puesto su terno azul de
matrimonios!” –insistió la sobrina.
Don Leoncio era un comerciante provinciano que había hecho algún dinero y sus herederos consideraron que se merecía un buen entierro. Indignados, llamaron a la empresa funeraria y el empleado fue parco:
-“Caracho, nos confundimos en el mortuorio del Hospital… no hay problema, lo llevamos de vuelta y le traemos el verdadero…Ya nos ha pasado otras veces, no se preocupen”.
Mientras tanto, ya los vecinos del otro muerto, Dionisio T., hacían colecta para enterrarlo porque era poco menos que un mendigo que dormía en el rincón de una casa con una dura banca como lecho. Uno de ellos luego de entrar al mortuorio a verlo se había quejado:
-“Pobre Dionisio.. está flaquito… en un día de muerto se ha consumido… no se parece en nada…”.

Habían llevado la humilde ropa, casi andrajos, de Dionisio y trataban de vestirlo.
Pero en eso llegó la camioneta de la Funeraria como una tromba, varios empleados bajaron el elegante ataúd de cedro, sacaron de mala manera a Dionisio, lo desvistieron y depositaron desnudo en una mesa, buscaron al delgado Leoncio, le encajaron camisa, corbata roja y el terno azul de matrimonios y se marcharon tan rápido como vinieron. Todo sin decir palabra ante los asombrados amigos del gordo Dionisio.
-“¿Y ahora cómo enterramos a nuestro amigo?”-se preguntaron los amigos, que ya brindaban con licor de la casa para pasar el mal rato, recordando lo bueno que era el desaparecido.
Recomenzó entonces la colecta que alcanzó con las justas para comprar un ataúd de ínfima categoría para que Dionisio descanse en paz, mientras el otro, Leoncio, ya recuperada su dignidad de comerciante próspero, ingresaba rodeado de flores al Cementerio del Callao.
¿Dónde, cuándo sucedió esta historia? Ayer, en el Callao, y fue mostrada por la televisión de esta ciudad y país donde la palabra Imposible ha sido desterrada para siempre del diccionario.

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