Adios al Zeppellin

¿Porqué excitaba tanto la imaginación popular el Graf Zeppelín? Las fotos y testimonios nos cuentan que cuando cruzaba por una ciudad se congregaban multitudes para verlo pasar. Ese gigante plateado, brillando al Sol, movilizaba curiosidad y admiración.
Ya los nazis estaban en el poder en los años de la grandeza del Graf Zeppelín y la nave servía como un eficaz medio de propaganda de las bondades del régimen y la superioridad técnica alemana..
Porque el zeppelín no pasaba simplemente por las ciudades sino que se las sobrevolaba muy despacio, como pavoneándose, dando una vuelta amplia para que todos pudieran admirarlo y luego aceleraba para seguir a la siguiente ciudad.
El Zeppelín jugaba así con las ilusiones pues un viaje en esa nave era un sueño accesible solo para los ricos y famosos de su tiempo. Políticos, industriales, cantantes famosos, militares connotados y millonarios, sobre todo magnates norteamericanos, elegían el Zeppelín para cruzar el Atlántico. Es decir, los mismos que escogieron al “Titanic” de 1912.
El “Graf Zeppelín” fue reemplazado por el “Hinberburg”,una versión más grande y compleja, que doblaba el número de pasajeros. Ahora serían cincuenta los que podían embarcarse en el fabuloso zeppelín.

Pero en Alemania no todos apostaban al futuro de las enormes y lentas naves. A la par de la exhibición zeppeliniana, una vigorosa industria aeronáutica extendía sus logros por el mundo con los seguros y eficientes “Junkers”, llegando incluso al Perú.
El gran cronista del zeppelín fue el español Andrés García de la Barga y Gómez de la Serna, “Corpus Barga” para los amigos y lectores, que lo abordó, dijimos antes, en 1930. Escribió mucho sobre el tema y de una de sus crónicas he escogido esta descripción:
“Muchas esperas he tenido que sufrir como periodista. Ninguna tan
extraordinaria como ésta, en el cielo de Río de Janeiro, buscando a la luz del
alba un punto negro en el horizonte. Río de Janeiro dormía, cansada de esperar
al dirigible. Sólo las colinas continuaban despiertas y vigilantes escrutando
el horizonte también. De pronto una colina se ruborizó. Acababa de percibirse
por el Sur algo deslizándose sigiloso entre las nubes. El Graf Zeppelín
llegaba cauteloso ante las colinas. Iba a acercarse, sin embargo, cuando detrás
de ellas salió, radiante, el sol a darle el alto. Se vio al Graf Zeppelín
retroceder horizontal. El dirigible, frente al Sol, parecía un aparato
fotográfico enfocando a un personaje. Luego el zeppelín se puso a brillar otra
vez como el acero, y dando una vuelta, se fue a despertar al aeropuerto,
cubierto aún con las sábanas de niebla…”.
El formidable Hindenburg se incendió y explotó en mayo de 1937 en Lakehurst, en New Jersey y la tragedia causó tal conmoción que nadie quiso ya jamás trepar a un zeppelín. Y al poco tiempo se precipitó la Guerra y todos lo olvidaron.
Menos por supuesto los pernambucanos que vieron llegar y partir al zeppelín muchas veces y que hasta ahora conservan la torre de amarre. Es improbable que regrese. Pero sigue alimentando la fantasía popular y muchos van a ver la Torre legendaria para enterarse de la historia.
¿Quieren ver cómo era ese aparato volador? Fácil: vayan a Youtube.com, tecleen “Graf Zeppelin” en la caja de diálogo correspondiente, elijan un video y allí aparecerá, en toda su gloria, la nave más grande la historia de la aviación.

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