¡Vergogna en la Scala!

-¡Vergogna, vergogna!!

Las voces se elevaron, estentóreas:
-¡¡Vergogna, vergogna, questo e la Scala!!, ¡¡Questo e la Scala de Milano!!!
Algo alucinante acababa de pasar en el escenario donde se reponía, por enésima vez, la formidable “Aída” de Verdi hace unos pocos días.
El poderoso tenor francés Emilio Alagna culminó el aria de apertura con su estentóreo “..un trrrrono…vicino al Soooool…” y se hizo un decisivo instante de silencio. Luego surgió por ahí un timido “bravo” pero de allá arriba, de la otrora temida “claque”, de donde dicen que están los verdaderos entendidos, brotó el despiadado y temido: -¡¡¡Buuuuu… buuuuuuu… buuuuuu…!!.
El divo, furioso, hizo un gesto de desprecio y marchó hacia bambalinas, equivocándose de salida y entonces retornó y cruzó despacio todo el escenario, marchándose, ante el asombro de, por ejemplo, el Presidente de Italia, Romano Prodi o de la Canciller de Alemania, Angela Merkel, su invitada y de los demás privilegiados que habían pagado hasta 2 000 Euros por una platea.

(Vayan a Youtube.Com y tecleen “Alagna La Scala”. Ahí comprobarán la escena).
¿Se interrumpió la función? Eso pasó, por ejemplo, cuando alguien abucheó a María Callas allá por 1965 al terminar de entonar su “Casta Diva”. La divina flaca plantó el espectáculo sin pensarlo dos veces y se marchó al hotel a hacer sus maletas.
Pero otros aguantaron el abucheo sin pestañear. Como Puccini por ejemplo, a quien protestaron su exquisita “Madama Butterfly” y al final del aria “Un bel di vedremo” alguien de arriba gritó: -¡Eso es de la Boheme!!
Se sospecha que esto de Alagna parece haber sido un plan maquiavélico. Por ejemplo, cuando llegó a la Scala, tempranito, para ir “calentando” y ensayando algo, escuchó que otro tenor hacía gorgoritos y cantaba “Celeste Aida” en una sala contigua. Era , le dijeron, un italiano, tenor de segunda, llamado Antonello Palombi que estaba ahí “solo por si acaso”.
Y tan listo estaba, que cuando Alagna desertó de la escena y Amneris, la hija del Faraón, se arrancaba en solitario con el dúo que seguía, surgió Palombi, en jeans y chaqueta, reemplazando al otro Radamés, como si nada, sin que el director de orquesta hubiera esbozado siquiera una pausa, una interrogante.
Ahí comenzó a gritar la gente de nuevo pero no hubo nada que hacer. En las escenas siguientes ya el italiano se disfrazó de Radamés, con ropas que tenían listas también “por si acaso”.
Esto parece una historia de Mario Puzzo en la que solo faltan los asesinatos pero que evidencian que hay evidentes divisiones en la mafia del bell canto mundial. Alagna, su esposa la gran rumana Angela Georgiu, el español Domingo, etc., están en un lado; en el otro, los italianos igualmente divididos.
Alagna convocó a la prensa al día siguiente a la Piazza de la Scala y cantó la de Puccini “Addío, fiorito asil” despidiéndose de Milán pero anunciando una batalla legal que la Scala también notificó que repelerá y llevará hasta las últimas consecuencias.
Todo indica pues que Alagna, como dicten los peruanos , “pisó el palito y pateó el tablero”, y fue víctima del maquiavélico y criollazo método que consiste en largar los perros para provocar la conducta deseada.
Esto no ha terminado, por supuesto. La guerra operática acaba de comenzar.
Veremos si quien canta último… canta mejor…
……………

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