El “maldito” Beto Ortiz

-“Escribir maldito”

Beto Ortiz, periodista y animador cultural, debe contar con un récord de adjetivos endilgados por amigos y enemigos, admiradores y detractores. Citemos, por ejemplo, irreverente, atrevido, irrespetuoso, un poco desvergonzado y a veces hasta insolente. Y también cronista talentoso, perspicaz, culto y crítico lúcido, además de conocedor como pocos de aquella extraña cultura del consumo y cursilería que une a limeños con miamenses y norteamericanos en general.
¿Es así el conocido coleguita? ¿O es quizá una imagen cuidadosamente cultivada para alborotar a un entorno que cada vez se perturba menos porque ya no quedan casi espacios para el escándalo?
Normalmente a los periodistas, y escritores en general, se les juzga por lo escrito y sin ir más allá, salvo que su vida privada adquiera relevancia digna de ser conocida. Pocos son los periodistas criollos que han logrado el nivel de cronistas a la vez que protagonistas del espectáculo.
Beto Ortiz es uno de ellos. No conozco bien su biografía; lo recuerdo en la televisión entrevistando a personajes pero sobre todo lo aprecié en sus crónicas por su estilo abierto, fresco y desenfadado. Algunos de aquellos textos forman parte de su libro “Grandes Sobras. Crónicas” editado por Sed, en Lima, el pasado 2006.
“Tener a Beto como columnista… constituye, por muchas razones, un verdadero dolor de cabeza, porque contar con él en el diario es una receta segura para la generación de problemas” dice en el prólogo de su libro Augusto Alvarez Rodrich, director del cotidiano Perú21 y que confiesa su incomodidad cuando se ve obligado a rechazarle artículos “porque ya se pasaban de faltosos”.

Se trata , imaginarán ya, de una antología de crónicas redactadas y publicadas a lo largo de por lo menos diez años en distintos periódicos limeños, lo que ratifica su vocación de inconforme gitano mediático.
Lo interesante es que Beto Ortiz propone una receta para lo que llama “escribir maldito” (que ha llevado al aula porque está dictando un curso con ese tema y con el auspicio de “Etiqueta Negra”) y que es más que escribir “irreverente” o “insolente”. Porque un “maldito” en nuestra jerga es un atrevido pero también es algo que causa admiración.
En el texto que cierra el libro, Ortiz propone como receta: Vive triste; Sufre como negro, como cholo o como chino; Lee; Colecciona palabras como si fueran figuritas; Escribe lo que te incomode; Escribe de 8 a 12 religiosamente; Escucha música sin letra; Pon el aire acondicionado a 73 grados Fahrenheit; Déjate llevar por todas las distracciones; y No pienses. “Y, en la medida se lo posible, cállate la boca. Y deja que el que hable sea el alien que, tarde o temprano, crecerá y te pondrá a escribir sus dictados infernales…”.
Ortiz bromea con sus textos, es verdad. Pero no tienen nada de chistosos y son más bien testimonios dramáticos de este periodista hiperinconforme, extremadamente sensible y observador perspicaz, que lleva a la tinta y el papel un auténtico mural de escenas de vida criollas, de barrio y de esquina, dibujadas con mano firme y certera.
Ha regresado a Lima, haciendo ruido, luego de cuatro años de exilio o mejor, de lucha porfiada por la vida en aquel presunto paraíso que son los Estados Unidos. Pronto lo veremos seguramente en televisión y ojalá que siga escribiendo pero sobre todo, que le publiquen lo que escribe.

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