Archivo mensual: enero 2007

El chato Pedro Infante

Fortachón, chato, con sonrisa y simpatía profesionales y sobre todo, absolutamente sorprendido por el entusiasmo limeño. Así nos pareció el famoso Pedro Infante esa soleada mañana de aquel día de enero de 1957 en que un puñado de periodistas y miles de admiradores fuimos al aeropuerto a recibirlo.
-¿Tú conociste a Pedro Infante? –me pregunta una sobrina, sorprendida no sé si por la revelación o porque El Comercio ha publicado que “hace cincuenta años llegó a Lima el gran charro cantor y actor…”.
Cincuenta años, efectivamente. Yo estaba encargado de la Página de Espectáculos de la edición matutina de La Crónica y por supuesto preparamos todo para la cobertura del arribo del mexicano, por entonces uno de los personajes más populares de América y especialmente por sus actuaciones en el cine.
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El “maldito” Beto Ortiz

-“Escribir maldito”

Beto Ortiz, periodista y animador cultural, debe contar con un récord de adjetivos endilgados por amigos y enemigos, admiradores y detractores. Citemos, por ejemplo, irreverente, atrevido, irrespetuoso, un poco desvergonzado y a veces hasta insolente. Y también cronista talentoso, perspicaz, culto y crítico lúcido, además de conocedor como pocos de aquella extraña cultura del consumo y cursilería que une a limeños con miamenses y norteamericanos en general.
¿Es así el conocido coleguita? ¿O es quizá una imagen cuidadosamente cultivada para alborotar a un entorno que cada vez se perturba menos porque ya no quedan casi espacios para el escándalo?
Normalmente a los periodistas, y escritores en general, se les juzga por lo escrito y sin ir más allá, salvo que su vida privada adquiera relevancia digna de ser conocida. Pocos son los periodistas criollos que han logrado el nivel de cronistas a la vez que protagonistas del espectáculo.
Beto Ortiz es uno de ellos. No conozco bien su biografía; lo recuerdo en la televisión entrevistando a personajes pero sobre todo lo aprecié en sus crónicas por su estilo abierto, fresco y desenfadado. Algunos de aquellos textos forman parte de su libro “Grandes Sobras. Crónicas” editado por Sed, en Lima, el pasado 2006.
“Tener a Beto como columnista… constituye, por muchas razones, un verdadero dolor de cabeza, porque contar con él en el diario es una receta segura para la generación de problemas” dice en el prólogo de su libro Augusto Alvarez Rodrich, director del cotidiano Perú21 y que confiesa su incomodidad cuando se ve obligado a rechazarle artículos “porque ya se pasaban de faltosos”.
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