Los Cómicos de Montesinos

-Risas, Salsa y Dictadura

Cuando el gran mimo Jorge Acuña reunía círculos de centenares de admiradores en la Plaza San Martín, solo un puñado festejaba a los humildes cómicos que se desgañitaban en el Parque Universitario.
Eran los años del gobierno militar, 68, 69…, y Acuña participaba del esfuerzo contestatario coin su mensajes subversivos, como su gran rutina de “La Leva”, ante la que muchos paisanos derramaban lágrimas. Recuerdo también “La Operación” en que el “cirujano” desmondongaba al paciente y el corazón se le escapaba por entre las piernas de los mirones.
Los cómicos del otro Parque no estaban en esa línea. Intrascendentes, vulgares al extremo, se golpeaban, ridiculizaban a mujeres, se disfrazaban de mujeres; habían descubierto, en fin, los resortes que hacían saltar de risa a un público simple de bajo nivel cultural, quizá recién migrado. No había límites para palabrotas, alusiones sexuales, etc.
Habían comenzado de vendedores ambulantes, quizá de charlatanes –los clásicos
vendedores de “sebo de culebra”- descubriendo que tenían el carisma suficiente
para convocar transeúntes.

Acuña recogía hasta dólares de turistas en su sombrero. Los Cómicos lograban con las justas las monedas para el almuerzo.
Pero esos mismos bufones, que después identificaríamos como Tripita, Cachay, Loncherita, Mondongo, Biscocho, Cara de Chancho, etc. aparecieron años después en horarios estelares de la televisión nacional y desplazando a los ya tradicionales como Chuiman, Barraza y haciendo tambalear hasta al mismísimo Carlos Alvarez.
¿Cómo fue posible semejante salto, del Parque al Set y a las portadas de la Prensa Chicha, compitiendo con los enormes potos de las vedettes de moda??
Aseguran que la idea fue de Vladimiro Montesinos y que tal cambio no fue mas que otro operativo psicosocial de los que urdían los imaginativos asesores fujimoristas para distraer atención y arrancar audiencia popular a los noticieros.
El hecho es que Canal 2 (en manos de los fujimoristas Winter, hoy presos) los contrató para el “Show de los Cómicos Ambulantes” y allá fueron, sin más guión que su experiencia para arrancar carcajadas en la calle pero que en la TV se veían y sonaban de una grosería francamente repudiable.
El Canal 13, del muy oportunista Delgado Parker, lanzó otro programa igual, paralelo, “Los Reyes de la Risa”, logran también cierto éxito de sintonía. Luego los primeros se pasaron a Canal 5, a Panamericana, de manos de Mónica Zevallos y hasta llegaron al extranjero vía Canal SUR, nada menos.
La risa de la televisión peruana estuvo entonces, por varios años, en manos de los payasos del Parque Universitario.
Al caer el régimen, los cómicos siguieron la suerte de sus patrocinadores, los dueños de los canales y sus patrocinadores políticos y volvieron a la calle y a la pobreza porque es verdad que les pagaban hasta cien dólares por aparición pero ese escaso “bolo” desaparecía en alguna cantina a los pocos minutos.
El primero en morir fue Waflerita, hace un par de años. Los periodistas aseguraban que el solito había acabado con “Risas y Salsa”. Los propios cómicos hicieron la colecta para el cajón. Y hace un par de días falleció Loncherita, también en la extrema pobreza, y el cómico Carlos Alvarez solventó los gastos del entierro.
No se puede negar que hicieron historia, que alguien deberá recoger y recordar mejor que estas líneas rápidas que no tienen intención de homenaje (francamente, eran insufribles) sino de señalamiento de, repito, un episodio significativo en el desarrollo de la TV peruana.

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