México: “Marcos son todos” (Final)

“Se llama Rafael Guillén, ha sido alumno jesuíta, estudió filosofía en la Metropolitana del DF, después fue profesor y luego desapareció”.
Estos fueron algunos de los datos que divulgó oficialmente el Gobierno mexicano en febrero de 1995, anunciando que aquel encapuchado, alto y delgado, de grandes ojos expresivos que se hacía llamar Subcomandante Marcos había sido identificado plenamente.
Pero “Marcos” desmintió con energía aquella identidad y se burló del gobierno.
Era sin duda un buen conocedor del alma y cultura popular en un país que ha visto en otros encapuchados a justicieros como El Zorro y El Santo, el luchador por excelencia.
Ya en mayo del 94, a pocas semanas del desastre y en plena guerra mediática, Marcos habló de su identidad:

“Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, rockero en CU, judío en Alemania nazi, ombudsman en la Sedena, feminista en los partidos políticos, comunista en la posguerra fría, preso en Cintalapa, pacifista en Bosnia, mapuche en los Andes, maestro de la CNTE, artista sin galería ni portafolios, ama de casa un sábado por la noche en cualquier colonia de cualquier ciudad de cualquier México, guerrillero en el México de fin del siglo XX, huelguista en la bolsa de New York, reportero de nota de relleno en interiores, machista en el movimiento feminista, mujer sola en el metro a las 10 p.m., jubilado en plantón en el Zócalo, campesino sin tierra, editor marginal, obrero desempleado, médico sin plaza, estudiante inconforme, disidente en el neoliberalismo, escritor sin libros ni lectores, y, es seguro, zapatista en el Sureste mexicano”.
Añadió todavía en ese famoso texto: “En fin, Marcos es un ser humano cualquiera en este mundo. Marcos es todas las minorías intoleradas, oprimidas, resistiendo, explotando, diciendo “¡ya basta!” Todas las minorías a la hora de hablar y mayorías a la hora de callar y aguantar. Todos los intolerados buscando una palabra, su palabra, lo que devuelva la mayoría a los eternos fragmentados, nosotros. Todo lo que incomoda al poder y a las buenas conciencias, eso es Marcos.”
El líder zapatista no se ha quitado nunca el pasamontañas ni siquiera en el intolerable calor de Chiapas. Grandes periodistas lo han entrevistado -Monsiváis, Galeano, etc.- añadiendo datos a la leyenda y comprobando solo un cambio: desde hace unos pocos años luce un anillo que evidencia que es casado.
Ya no porta armas, aunque viste de militar de raro estilo chiapanesco. De otra manera no hubiera podido realizar el gran viaje (lo llamaron el “zapatour”) alrededor de casi todo México y que culminó en el Zócalo ante 200 mil asistentes, hace dos años. Cientos de zapatistas formaron –dijeron los periodistas, una “burbuja humana” para protegerlo de la policía o de algún
sicario de los que abundan en el violento país azteca.
Otra revelación importante fue que era un buen escritor, creador de cuentos y fábulas y poesía. Leamos, como ejemplo mínimo, este párrafo tomado de alguno de sus numerosos textos:
“Madrugada en las montañas del sureste mexicano. Despacio, con un lento pero constante movimiento, la luna deja que la oscura sábana de la noche le resbale por el cuerpo y muestra al fin la lúbrica desnudez de su luz. Se tiende entonces a lo largo del cielo con el deseo de mirar y ser mirada, es decir, de tocar y ser tocada. Si algo hace la luz es remarcar su opuesto, así que, abajo, una sombra ofrece a la nube una mano…”
El año pasado, las actividades zapatistas (“La Otra Campaña”) fueron suspendidas y los caudillos volvieron a la selva para reponerse de la enorme pérdida que significó la muerte de la Comandanta Ramona, la pequeña tzotzil que dirigió la toma de San Cristóbal de las Casas aquel ya citado 1ro. de enero de 1994.
Casi llorando, Marcos suspendió una Plenaria para decir que “En este caso es muy difícil hablar pero lo que puedo decir es que el mundo perdió a una de esas mujeres que paren nuevos mundos, México perdió una de esas luchadoras que le hace falta y a nosotros nos arrancaron un pedazo de corazón.”
Los zapatistas han creado nuevos tipos de jurisdicción administrativa. Primero fueron los “Aguascalientes” y ahora son los “Caracoles”, zonas liberadas a las que jamás ha entrado nadie que no sea del lugar. En uno de esos Caracoles fue enterrada Ramona en presencia de todos los líderes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Total, un extranjero de paso oye, lee, escucha de todo esto y se pregunta si Marcos y su Zapatismo todavía tienen vigencia. Los mexicanos mismos no se ponen de acuerdo sobre el tema. Pero podemos afirmar que en aquella placita de San Cristóbal de las Casas que visitamos nació una leyenda que tiene para rato.

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