¿Abajo Simón Bolívar??

Crucemos los dedos y tapémonos los oídos. Porque el embajador del Perú en Sudáfrica, don Félix Calderón, acaba de dar el segundo paso para provocar a los venezolanos para que, eventualmente, nos declaren la guerra, pues si a alguien veneran los “venecos” es sin duda al Libertador.
Don Félix está redactando una extensa obra titulada “Las veleidades autocráticas de Bolívar”, anunciando que son varios tomos. Y precisamente hace unos días presentó en Lima y en Trujillo el segundo tomo llamado “La fanfarronada del Congreso de Panamá”.
Los diarios de Lima, recelosos, desconfiados, no publicaron una sola línea del evento que ocurrió en el Colegio de Abogados con poca asistencia pero mucho entusiasmo antibolivariano.
Pero en la Universidad César Vallejo, en Trujillo, sus paisanos no escatimaron
elogios.

Lo más interesante fue la presentación de un buen colega, Herbert Mujica, que arremetió contra el presunto Libertador y de paso contra los limeños, como veremos más adelante.
Elogiando al autor, dijo que “se atrevió a cruzar el Rubicón impertérrito e intocable que, prácticamente, había hecho de Simón Bolívar no un hombre sino un santo, a quien solo había que atribuir hechos magníficos, proezas titánicas, cúspides e Himalayas de inconcuso refrendo (sic), como también de acrítica y mediocre aceptación”.
En suma, lo que don Félix ha hecho –según el discurso porque no hemos visto el libro- es espigar de entre la numerosa correspondencia de Bolívar todo lo referente al Perú y en particular los adjetivos nada amistosos que don Simón nos dedicó, llegando a la siguiente contundente conclusión: “Bolívar… no amó al Perú”.
Emocionado, el colega dedicó este párrafo al autor:
“¡Esta noche, noche pionera, noche de estrellas y de esperanzas de grito al porvenir y puerta al horizonte nacional, la Lectura, por obra demostrativa de cómo sirve y enriquece, ha quedado consagrada en su Día, el 19 de abril, y su autor Félix Calderón, como jalones de qué puede hacer el espíritu cuando consagra con fuego creador y atrevido lo mejor de su inteligencia y lo más hermoso de su amor por el Perú”.
Descansen y tomen aire. Porque ahora viene algo terrible.
El asunto es que el colega Mujica la arremetió contra los limeños (me salvé, soy mollendino):
“… Había que salir de Lima, esa capital infecciosa de placeres mundanos, frivolidades criminales y delicia de seres fáciles a quienes no alcanza la grandeza provinciana que crea, como hemos hecho hoy, un derrotero, una esperanza, una señal de alerta en la oscuridad tenebrosa, en los potros de bárbaros Atilas que padece el Perú desde cientos de años a la fecha…”.
¿No creen que exageró un poquito mi amigo Mujica? Y asimismo ¿no es también un poco exagerado abrumar de adjetivos a don Simón, quien escribió sus cartas en un Espacio y Tiempo Histórico absolutamente distinto al de hoy?
Esperamos que ningún malvado le envíe el libro a don Hugo Chávez.. Porque nos deja sin petróleo, seguro, y encima nos declara la guerra por culpa de nuestro muy poco diplomático embajador en Sudáfrica.

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