“Señor Lévano… la cuenta”

Historias de periodistas (Seis)

-Puede irse a su casa , señor Lévano, pero antes debe pasar por Caja y abonar la cuenta –le dijo el empleado al periodista.
-¿La cuenta? ¿Y cuánto tengo que pagar, si no es molestia?
-Mmm… si sumamos los 55 días de hospitalización a seis mil soles diarios, más 10 mil soles de la operación, podemos dejarlo en, digamos, 330 mil soles…
-¡Qué? –exclamó Lévano -¡Me han metido preso, enfermo, me han tenido dos meses en este Hospital, mi familia está en la miseria ¿y quieren que pague? No pago nada carajo y me quedo aquí a vivir si quieren, faltaría más. ¡No pago!
Era un día de julio de 1979 y César Lévano, luchador social pero sobre todo periodista, abandonaba el Hospital de Policía apoyado en su esposa, cojeando más que nunca. No alcanzaba para el taxi así que salieron a la avenida Brasil y treparon al autobús que los llevaría al Rímac.
Los militares, de la Primera y Segunda Fase, Velasco Alvarado primero y Morales Bermúdez después, persiguieron sañudamente a los periodistas, batiendo el récord que tenía el Oncenio de Leguía. La lista de deportados es larga y los casos dramáticos y sin distinciones entre izquierdas y derechas.

Pero Lévano no fue enviado nunca al exilio porque desde que se lanzó a la batalla social fue capturado y encarcelado. Pocos no saben su historia: hijo de un famoso líder anarco sindicalista, heredó el afán por la justicia social y la vocación por el periodismo.
Como condecoraciones luce estadías en la isla penal El Frontón, el Sexto, las celdas de la Prefectura, persecusiones por su trabajo periodístico subversivo. En los primeros meses de aquel 1979 editaba el semanario “Momento”, vocero oficioso de una facción desprendida del viejo Partido Comunista moscovita.
“Momento” denunciaba con energía al intolerante Gobierno de Morales Bermúdez y, claro, decidieron apresarlo. Ya lo habían hecho antes, cuando el complot inventado de 1975 y que significó la expulsión de toda la redacción de la nueva revista “Marka” y otros políticos, pero no llegaron a deportarlo.
Esta vez no se libraba pero cuando llegó la policía a detenerlo, una madrugada de mayo del 79, Lévano casi no podía moverse de un cólico a los riñones. Ya su médico le había diagnosticado piedras y augurado operación, que posponía por una crónica falta de plata.
Lo llevaron a la Prefectura y lo instalaron al lado del baño, donde acudía cada diez minutos viendo la llegada de otros detenidos; toda una redada de casi un centenar de opositores.
Fueron horas y días terribles para Lévano hasta que la artista Alicia Maguiña logró movilizar a la Prefectura al conocido médico Gavilano, que sentenció: -¡Operación, urgente, o se nos muere!
Así termina la historia. Lo internaron, operaron, cuidaron con policía personal casi dos meses y luego le pasaron la cuenta.
-Señor Lévano, puede usted retirarse –le dijo el funcionario administrativo del Hospital de Policía, al comprobar que no sacarían un centavo y que más bien sería oportuno librarse de él cuanto antes.
La carrera periodística de Lévano continuó luego en el semanario “Caretas” y en la docencia en San Marcos, donde acaba de ser elegido Director de la Escuela de Comunicación Social. Y a la vez, acaba de debutar como Director del diario de oposición de izquierda “La Primera”.

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