El Ojo falso de Fujimori

“Todo este debate ha sido muy serio y formal, pero lamentablemente  voy a tener que hacer una denuncia muy grave que echará  por tierra la seriedad política de mi oponente. Tengo aquí una publicación, una especie de encarte con el logotipo del diario Ojo que ha sido impresa, hasta donde sabemos, en número de 500 mil ejemplares para ser distribuidos el día de mañana (…) Si las cámaras pudieran enfocar…”

Con gesto de triunfador, sonriente, Alberto Fujimori levantó el impreso que alguien le había deslizado en su estrado y que, efectivamente, con el logotipo del diario Ojo, decía en grandes letras a seis columnas: “Mario presidente noqueó a Fujimori en primer round”.

¿Cuántos televidentes vieron aquella impactante imagen en esa noche del 3 de junio de 1990? Millones seguramente pues era la culminación de una campaña política sin cuartel que enfrentaba al famoso escritor Vargas Llosa con el desconocido ingeniero de origen nipón que, surgido casi de la nada política, amagaba la Presidencia con audacia extraordinaria.

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Fue un sucio y bajo golpe de Fujimori, que dejó atónito a Vargas Llosa quien no pudo replicar porque el japonés había esperado hasta el minuto final para su teatral exhibición.

-¡Es falso, es falso! –gritaron algunos pero ya era tarde. El moderador Guido Lombardi no podía concederle tiempo de respuesta al novelista pues el debate había terminado.

Es probable que la mayoría de los periodistas y el público en general esperaran una derrota aplastante de Fujimori pues ¿cómo podría ese japonés hacer frente a la oratoria de Vargas Llosa?

Pero alguien, probablemente Montesinos, había confeccionado un inteligente libreto que incluía varios golpes bajos, como referencias a la Comisión Uchuraccay, la alusión al consumo juvenil de drogas del novelista y finalmente, como jugada maestra, el ejemplar de “Ojo”. Vargas Llosa no estaba preparado para las bajezas fujimoristas.

Por supuesto, al día siguiente “Ojo” editorializó en primera página: “Nos vemos en la obligación de protestar en los términos más enérgicos, por la alevosa y calumniosa acusación hecha al terminar el debate por el candidato de Cambio 90, quien en la maniobra más sucia que se haya elaborado en contra nuestra  -incluido el robo velasquista- presentó un ejemplar supuestamente editado por nosotros”.

El director de “Ojo” (de propiedad de la familia Agois Banchero) era por entonces Fernando Viaña, quien reclamó con insistencia a Fujimori que probara la existencia de la edición mostrada. Pero el japonés no se dio por aludido, pues ya había ganado la batalla. Y además había diarios que afirmaban que era verdadera como los desaparecidos “Novedades”  o “Página Libre” y hasta el Canal 7, el canal oficial que dirigía Mauricio Mulder en las postrimerías del gobierno de Alan García.

Hubo denuncias policiales, demandas judiciales, intervención de fiscales, editoriales fortísimos como el de “El Comercio” titulado “Un caso indigno y bochornoso”.

Alberto Fujimori nunca aceptó la falsificación y el caso judicial quedó, como se dicen en el Perú “en nada”. Fue elegido y el país lo soportó por más de diez años. No se supo leer entonces que estaba dispuesto a  todo por alcanzar el Sillón de Pizarro y se perdió la oportunidad de no dejar pasar al poder a Fujimori y Montesinos.

 

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