Pocho Rospigliosi ¿Que pasó, qué pisó?

Los “Strikers” de Florida habían goleado al “Cosmos” del mismísimo Pelé, con tres goles de Teófilo Cubillas. 

El partido no había sido transmitido por televisión pero no importaba. Los aficionados  querían ver los goles de Cubillas y para cumplir con su viejo slogan “… esto es lo que le gusta a la gente”, Pocho Rospigliosi aguardaba con creciente nerviosismo la llegada de la grabación desde Miami que traía el propio Cubillas.

Cuando el futbolista dejó el casette en Panamericana TV en ese domingo, Pocho inició su programa “Gigante Deportivo” anunciando: -¡Después de los comerciales…vienen los goles de Cubillas! Y reclamando a los técnicos la edición de la goleada. Pero el formato americano era diferente y se requería un aparato que adaptara la grabación al protocolo criollo.

Fueron casi tres horas de angustias y hasta ataque de nervios en que el gordo conductor resoplaba, sudaba e insistía: “¡Ya vienen los goles de Cubillas!” mientras los técnicos desesperaban por la solución hasta que la encontraron y casi al final, Pocho pudo anunciar triunfante: -¡Ahora sí, aquí están los goles de Cubillas!

Ese programa tuvo tanto “rating” que la frase quedó para la historia del periodismo deportivo y esos famosos goles fueron repetidos por años.

Alfonso “Pocho” Rospigliosi Rivarola ha sido el periodista deportivo más conocido del Perú;  y desde su desaparición, en octubre de 1988  ninguno de sus colegas ha logrado sus niveles de popularidad.

Era tan apreciado como discutido y no solo por sus opiniones deportivas. Rospigliosi fue quizá el primero en confundir el ejercicio del periodismo con los negocios, quebrando el antiguo acuerdo ético no escrito que estipulaba que los espacios eran diferentes, es decir información y publicidad iban juntas pero no revueltas.

Cuando contrataba la transmisión de partidos de fútbol, por ejemplo, vendía al mejor postor los goles, penales, tiros libres, laterales, todo tenía nombre del auspiciador de turno. Hasta los tropezones de los jugadores pues cuando alguno rodaba por la cancha el relator preguntaba “¡¿Qué pasó, qué pisó?” y el locutor avisero respondía “¡Pisó pisos Pisopak!”

Involucraba también a los deportistas en sus comerciales. A los futbolistas que entrevistaba les preguntaba siempre al terminar: “¿Y cuál es la pila?” y el deportista debía contestar resignadamente  “Rayovac es la pila…”.

(Solo el famoso Perico León se resistió al juego publicitario. Cuando le preguntaban sobre la pila, él contestaba invariablemente: “Cuál será la pila pues Pocho”).

Rospigliosi inició su carrera de periodista muy joven, ayudando a popularizar  “La Tercera de La Crónica”, vespertino lanzado en los años 50. Fue encargado de Deportes y pronto destacó y no por su prosa porque nunca redactó bien sino por su dedicación  infatigable a los deportes, su facilidad para hacer amigos y formar equipo.

Fundó en esos años revistas sucesivas, “Gol”, “Campeón”, “DT”, sin éxito hasta que fundó como su empresa en 1964, que llevó a la radio con el lema “Donde se hace deporte, ahí está Ovación”.

En los sesentas era el rey indiscutido del periodismo deportivo porque gracias a sus viajes constantes, sus negocios y amigos, había construido una verdadera red de relaciones que le permitía  incursionar en el cerrado escenario de traspaso de contratos de jugadores, organización de giras de clubes o equipos.

Tuvo un sólido equipo periodístico que manejaba como un verdadero coreógrafo. Citemos solo algunos nombres de los más destacados; varios están todavía en plena actividad: Lucho Izusqui, Koko Cárdenas, Boris Sojit, Elejarder Godos, Ronald del Aguila, Italo Villarreal, Arturo Hernando, Miguel Portanova, Alberto Chung,  Roberto Zegarra, Juan Iglesias y otros, en una larga lista.

 

-“Lo que le gusta a la gente”

 

No ha habido periodista que viajara tanto, conocido cientos de  ciudades y cubierto tal cantidad de eventos deportivos. Es probable que Pocho Rospigliosi haya batido récords a nivel mundial. Conocía al dedillo estadios, deportistas, entrenadores,  dirigentes y, sobre todo a los empresarios que son invisibles para el gran público. Son estos últimos los que negocian partidos, temporadas, traspasos de jugadores, etc. en un ir y venir de dinero en que los futbolistas son los que menos ganan –salvo rarísimas excepciones. El periodista, decíamos, logró participar de aquel espacio reservado para pocos.

Rospigliosi alcanzó la cumbre de su influencia cuando fundó  en 1980 el programa “Gigante Deportivo” en Panamericana TV, Canal 5, que se transmitía sábados y domingos de 11 de la mañana a 4 de la tarde.

Y además estaba a cargo siempre de la sección deportiva de algún diario.  Había comenzado, repetimos, en “La Tercera de La Crónica” para pasar en 1976 al “Nuevo Extra” de la empresa expropiada a Manuel Ulloa. Cuando los diarios fueron devueltos a sus antiguos propietarios, pasó a “El Comercio” sin recibir reproche alguno por su colaboración en la prensa “velasquista” porque, después de todo, el deporte estaba al margen de la política –insistía. Finalmente llevó a su grupo a “El Nacional” fundado por José Olaya y Lorenzo Villanueva.

Así, los periodistas de la empresa “Ovación” repartían su tiempo en radio, prensa y televisión, algo que nunca más se ha repetido.

Cuando falleció súbitamente en octubre de 1988 varios periódicos le dedicaron sentidas notas de homenaje y revelaron varios rasgos de su personalidad y capacidad de trabajo. Por ejemplo, que su día se iniciaba a las cinco de la mañana en el Hipódromo porque era aficionado a la hípica y poseía varios caballos. Fiel a su afición  futbolística los había llamado “Rey Pelé”, “Olimpiadas”, “Don Perico”, “Chumpi”, etc. Alli daba indicaciones a entrenadores y jockeys y marchaba al centro a desayunar, a veces en el Hotel Crillón, o el antiguo “Mario”.

Después enrumbaba a la redacción  del diario donde se reunía con su equipo de redactores, almorzaba con  dirigentes o visitantes, luego recorría tiendas de discos y llegó a poseer una impresionante cantidad de música de todo tipo en un afán coleccionista que también llegaba al deporte porque acumulaba recuerdos de campeonatos y olimpiadas –que siempre mostraba en la televisión. El día terminaba casi a la medianoche, cenando con amigos.

Su hiperactividad asociada a su obesidad le pasaron finalmente la cuenta. Primero con una operación al corazón de varios “bypasses” y luego el derrame cerebral que lo fulminó.

Sus herederos, incluyendo a su hijo Micky, no pudieron reeditar los éxitos de Pocho Rospiglioso y “Ovación” como revista y luego como diarios duraron poco tiempo.  La nueva generación lo recuerda poco pero ha quedado aquella frase que repetía cuando organizaba espectáculos, “Esto es lo que le gusta a la gente”, y que ha sido recogida como modelo de lo que debe ser la razón de un programa de radio o televisión. Por supuesto, él no inventó la frase ni el concepto; fueron los empresarios de los medios los que abandonaron la elaboración de la programación a la exigencia de los sectores populares que se convertirían en decisivos para el “rating”.

Sin embargo, para cumplir con el paradigma  se requiere el don de sintonizar con los deseos populares de entretenimiento. Y hay que reconocer que Rospigliosi tenía esa rara virtud, mezcla de experiencia e intuición.

 

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