Abimael según Santiago

Aquella noche de setiembre del 92 un numeroso grupo de amigos festejábamos el cumpleaños de Javier Mariátegui, el hijo menor del Amauta, en su bonita casa de San Antonio. Y no supimos inmediatamente la gran noticia de la captura de Abimael Guzmán.

Recién a la salida, después de las diez, Fernando Lecaros nos soltó la bomba: “¡Agarraron a Guzmán!”

Fue un notición, sin duda. Pero más impactante fue, para nosotros, al día siguiente, contemplar la foto de Guzmán capturado, al lado del músico Celso Garrido Lecca y la guapa bailarina de ballet Patricia Awapara. Y más tarde, el video grabado por la policía, donde ambos silenciosos, demudados, con angustia indisimulable, contemplaban las maniobras policiales sin poder creer lo que veían y con quien estaban. Una verdadera pesadilla.

-“¡¿Qué? ¿Celso? ¿Patricia? ¿Con Sendero!?”.

Medio Lima se hizo la misma pregunta, negándose a creer que ambos tuvieran que ver con Sendero Luminoso. Y era cierto. La casualidad los había colocado en el momento justo en que los policías decidieron que era ya tiempo de detener al “Cachetón” –como ellos llamaban a Guzmán.

¿Y porqué Santiago Roncagliolo no cuenta esta dramática historia de Celso y Patricia, en su reciente libro “La Cuarta Espada- La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso”? Sencillamente por que es privilegio de narrador separar, elegir, ocultar, desvalorizar, exagerar…

¿Y quién hará la recensión del texto en que cuenta la historia del “Presidente Gonzalo”?

Resulta que el libro es un magnífico ejemplo de no-ficción, a la manera del Nuevo Periodismo que cultivan literatos que se trasladan ocasionalmente al periodismo (García Márquez, Vargas Llosa, Tomás Eloy Martínez…) para trabajar historias de impacto. No está pues en la zona de los críticos literarios.

Tampoco recibirá atención de los historiadores porque carece del rigor académico que éstos exigen y que no aceptan aquello de “mi informante pidió no ser identificado”. ¿Lo verán entonces los analistas políticos? Puede ser. Pero encontrarán que Santiago tiene una visión personal del fenómeno senderista, un poco esquemática y hasta sencilla, lejana de las complicadas explicaciones de los científicos sociales.

(Quizá por esto, pese a que está en librerías desde hace varias semanas, no hemos hallado nota alguna en los periódicos, salvo de la presentación en España).

No está demás advertir, o mejor, recordar, que Santiago está ya colocado en lugar preferente de nuestra literatura. Pasando recién la treintena, de cultura e inteligencia superiores, el joven Roncagliolo acumula premios y elogios prometiendo ser el líder de su generación.

Y para los que no han leído todavía el libro ¿cuál es la historia? Obviamente la de Guzmán y de Sendero, pero lo sustantivo es quién la cuenta. Es, en este caso, un joven clasemediero criado en un hogar politizado donde sus padres y amigos hablaban de revolución en la sobremesa y comentaron la captura cuando él era todavía un quinceañero a quien poco le interesaba el Guzmán aquél.

Todo comenzó, relata el propio Santiago, con un proyecto de reportaje para “El País” de España que buscaba describir quién era ese hombre, Abimael Guzmán, que condujo a un verdadero ejército a la guerra y aunque no amagó nunca el poder provocó un baño de sangre que sobrepasó los 60 mil muertos.

Por eso es que eligió el autor la técnica de la narración en primera persona, para deslindar responsabilidades. Y nos contará a quien vio, encontró, habló, en su proceso de búsqueda de respuestas sobre aquel gordo, el “Cachetón”, uno de los presos más solitarios del mundo cuyos días acabarán en esas cuatro paredes de su celda de la Base Naval del Callao.

..

“Si uno pregunta por las calles de Lima, la gente responde sin dudar que Guzmán es “

‘un monstruo’, ‘un psicópata’, ‘un asesino sin escrúpulos’. Más allá de esos adjetivos, la pregunta más simple parece ser la más difícil de responder: ¿quién es ese hombre?” (p.17).

Así , en pocas y sencillas líneas, Santiago Roncagliolo anuncia al lector que emprenderá la búsqueda de aquel sujeto que fue exhibido ante la prensa internacional en una jaula y disfrazado un traje de reo de caricatura con el número 1509. Fue un espectáculo grotesco contemplar al senderista vociferando un discurso revolucionario mientras se disparaban cámaras y grababan videos y los mismos policías le gritaban “¡calla, asesino!”.

Hay testimonios curiosos en el libro, como el del militante comunista prosoviético Gustavo Espinoza, que relata sus encuentros políticos con Guzmán y sostiene la tesis de que aquello de la lucha armada fue “un cuento”.

Sorprendido, Santiago pregunta por los muertos, por Tarata. Y Gustavo dice de lo más campante:

-“Algunas cosas habrán hecho. Pero sobre todo, han sido artificialmente creados por la propaganda. Muchos atentados eran dirigidos por el ejército o la policía, a veces los mismos policías, por robar, se disfrazaban de subversivos”( p. 65)

Francamente yo espero que Gustavo nos aclare si esa era la posición del viejo PC que lideraba Jorge del Prado pues él era miembro del Comité Central, si no me equivoco.

Hay que preguntarse si visitó la exhibición de fotos de la Comisión de la Verdad y de la que Santiago hace una de las mejores descripciones que hemos leído “… en cada foto hay un rostro que nunca viste y una historia que nunca supiste, una historia que te cuentan sin ahorrarte detalles sangrientos, patadas nocturnas en las puertas, manos prendidas de las botas, lágrimas que sus protagonistas se tragaban… Son los desaparecidos…” (p. 99).

Avanzando en la búsqueda está ya claro que la responsabilidad absoluta no es de Guzmán pues hay que repartir culpas con las Fuerzas del Orden que, como en Argentina, desarrollaron todo un sistema de eliminaciones y desapariciones, torturas, juicios presididos por irresponsables Jueces sin Rostro.

Pero a contrapelo de la opinión de algunos, es verdad que Guzmán tuvo la capacidad de indicar “aniquilamientos” selectivos, organizar matanzas y convencer, en fin, a muchos jóvenes de la legitimidad de su Pensamiento Guía, “La Cuarta Espada”.

Roncagliolo describe el rápido ascenso político de Abimael, su liderazgo absoluto pero sobre todo, intenta el retrato, el perfil, negándose al uso del adjetivo fácil que ha sido el recurso de muchos de los que han tratado de dibujar a Guzmán.

La misma fascinación tuvo otro personaje, Vladimiro Montesinos, que se reunió con frecuencia con Guzmán e incluso se afirma que, en el colmo del poder, lo sacó a la calle a pasear consiguiendo finalmente una declaración de cese de hostilidades y haciendo que el Estado ceda en dos cosas importantes: sacarle el traje a rayas y permitirle dormir con su mujer, la Iparraguirre.

Entrevistando, cavilando, recordando, Santiago nos relata su esfuerzo que tiene un límite, esto es, la imposibilidad de entrevistar al propio Guzmán aun cuando sus respuestas son absolutamente predecibles, como las de las senderistas que vio en la cárcel de mujeres.

Finalmente ¿nos cuenta algo nuevo el libro, algo que no sepamos, sobre Abimael Guzmán y Sendero? No, nada. Lo que nos revela es la visión de un joven literato y periodista de una generación que no participó en esa terrible batalla pero que comparte con la anterior la memoria y la responsabilidad del retorno senderista.

Anotamos por ahí algunos deslices de poca monta. Pero hay uno anecdótico que recoge la voz de un testigo que afirma que el Presidente de la Comisión de la Verdad, aburrido de oír hablar del enfrentamiento de Guzmán con un líder de Patria Roja preguntó “¿Alguien sabe quién chucha es Saturnino Paredes”. Imposible. Salomón Lerner no ha dicho una lisura tan gruesa en su vida.

Y tampoco menciona, si no hemos leído mal, a los asesores norteamericanos que trabajaron en la captura (léase a Benedicto Jiménez, por ejemplo).

Les recomiendo el libro de Santiago Roncagliolo, un derroche de técnica de narración periodística. Y les contaré algo más. Abimael Guzmán nació el mismo año que yo, en Mollendo, y vivíamos cerca, éramos vecinos. A lo mejor compartimos en el único Kindergarten del barrio y era el malcriado que rompía las sillas…

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s