Janeth, la última periodista senderista

JANET TALAVERA

Lima – 13 febrero 1991 / Juicio a la periodista Janet Talavera acusada por delitos de terrorismo.

-“¡Ahí está la Negra!” –gritó uno de los policías al ver salir a Janet Talavera con las manos en alto y en medio de un grupo de senderistas que se rendían.

El francotirador apuntó cuidadosamente y disparó un solo tiro, que fue suficiente. El patólogo del penal luego informaría: “… herida perforante de tórax, por proyectil de arma de fuego… de calibre aproximado 7.62 mm. Y a larga distancia –mayor de 50m metros” (versión recogida a un sobreviviente por la Comisión de Verdad y Reconciliación).

Así murió, asesinada, el 7 de mayo de 1992, la última directora del periódico “El Diario”, Janet Talavera Sánchez, que purgaba pena de cárcel por el delito de apología del terrorismo. Y junto con ella fueron muertos decenas de presos más en la horrenda masacre organizada por el gobierno de Alberto Fujimori en el penal “Miguel Castro Castro”.

Ya no tenía nada que ver “El Diario” con el ya antiguo “Diario Marka” fundado en 1980 y que fue un extraordinario proyecto empresarial pues juntó a periodistas, partidos políticos de izquierda y a los propietarios de la revista “Marka” (1975). En sus primeros años fue un magnífico vocero popular y tuvo como directores, entre otros, a Jorge Flores, Carlos Urrutia, Guillermo Thorndike, José María Salcedo, Sinesio López. Se recordará que Antonio Cisneros dirigió el histórico suplemento dominical, “El Caballo Rojo”.

La experiencia fracasó por las continuas disensiones; los periodistas principales abandonaron la empresa para marchar a destinos más apacibles y el “Diario Marka” quedó en manos radicales hasta desaparecer formalmente en abril de 1986, en que pasó a llamarse “El Nuevo Diario”.

Primero se hizo cargo de la dirección Carlos Angulo, que había sido administrador del viejo “Diario Marka” y luego cuando viajó al exterior se hizo cargo el Editor Luis Arce Borja -hoy en Europa.

Hacia 1987 ya había cambiado su título a simplemente “El Diario” con  el lema “Una necesidad histórica al servicio del Pueblo”.

Todos estaban ligados a Sendero Luminoso, sin duda. Basta una breve revisión de los ejemplares que se conservan del periódico para comprobarlo. En la edición del 21 de junio de 1987, por ejemplo, lanzaron un suplemento especial sobre la masacre del Frontón, en el primer gobierno de Alan García, con un largo mensaje del “Presidente Gonzalo” y llamando al 19 de junio del 86 el “Día de la Heroicidad” y convocando a  “Rematar el Gran Salto con Sello de Oro” y persistir en la lucha en “Las Tres Luminosas Trincheras de Combate”.

Con Arce Borja de Director, Janet Talavera era jefa de redacción de “El Diario” cuando lanzaron su conocida “Entrevista en la Clandestinidad – Presidente Gonzalo rompe el silencio”  el domingo 24 de julio de 1988 y que reprodujeron varias veces.  Alegarían más tarde que habían vendido cientos de miles de ejemplares.

Pero ya no quedaban dudas: “El Diario” era el vocero oficioso de Sendero Luminoso, aun cuando ellos insistían en su independencia política.

Pocos días después la policía detuvo a Arce Borja. “La República” informó al respecto: “La denuncia de la detención fue realizada por el jefe de redacción de El Diario, Janeth Talavera, quien manifestó su extrañeza por este hecho ‘que se suma a la serie de amenazas para cerrar el diario” (L.R. 24 de agosto, 1998. p. 16).

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El lunes 25 de Julio de aquel 88 Luis Arce Borja regaló a varios corresponsales extranjeros, argentinos y norteamericanos, grabaciones con fragmentos de la “Entrevista del Siglo” que –presuntamente- él y Janeth Talavera hicieron “en algún lugar del Perú” a Abimael Guzmán, Presidente Gonzalo.

-“No, no hubo fotos, no llevamos cámara” dijo Janeth a los periodistas y junto con  Arce contó cómo había sido el contacto con  el “Presidente” Resumimos la historia, que suena poco verosímil pero así la contaron:

Fueron citados en el Museo de Arte el martes 12 de Julio a las 4 de la tarde.  A la hora indicada se les acercó un hombre de unos 32 años, blanco, de cabello castaño, que los invitó  a subir a un auto Dodge blanco.

Arce y Talavera fueron acomodados atrás y poco de partir los taparon con cartones. Viajaron unas dos horas y se detuvieron en un lugar desconocido. Hacía frío. Allí los esperaba una camioneta Land Rover, verde, que conducía un  hombre vestido de oficial del Ejército. Pero antes les dieron agua minera y un par de pastillas tranquilizantes,”para que descansen y duerman…”

Ya no viajaron solos. Subieron  otras personas, entre ellas una mujer y emprendieron un viaje que duró hasta las cuatro de la mañana del miércoles 13, llegando a un lugar “de frío intenso, helado, propio de nuestras punas”. Era una casa serrana típica donde les ofrecieron “suculentos caldos de gallina y carne frita con arroz”. Les brindaron un  cuarto con dos camas y los dejaron descansar todo el día.

A las cinco de la mañana del jueves 14 salieron  nuevamente viajando hasta el mediodía en un clima ya seco y caluroso, para arribar al final a una casa rodeada por un cerco.

“El Presidente Gonzalo les concederá una entrevista” les dijeron. Luego lo vieron., hablaron con él, grabaron sus palabras y al terminar emprendieron el retorno, llegando a la Plaza de Acho el sábado 16 a las dos de la tarde. Allí los dejaron. (El Diario. Martes 26 de Julio, 1988).

Pocos creyeron la historia y entre los incrédulos estuvieron los jefes policiales que ordenaron el arresto inmediato de Arce. El 23 de agosto fue capturado junto con  el gerente Danilo Blanco y seis trabajadores más de la imprenta. Aquí encontraron una montaña de ejemplares de la “Entrevista” que requisaron sin más trámite.

La Dircote pasó a la Fiscalía a los presuntos terroristas acusados de varios delitos y por habérsele encontrado un revólver de la antigua Guardia Republicana.

Pero la torpeza de la investigación poliial y judicial hizo que los plazos previstos por ley se incumplieran y entonces el gremio de periodistas, nacional e internacional, salió en defensa de Arce Borja. El influyente Instituto Internacional de la Prensa (IPI) por ejemplo, emitió un comunicado firmado por Enrique Zileri: “…Si Arce Borja ha cometido delitos, debe ser sancionado por los conductos regulares. El ejercicio del periodismo no otorga impunidad alguna. Pero si a Arce Borja solo se le atribuyeran actitudes criticables, debe ser puesto en libertad de inmediato”. (Expreso. 29 de setiembre. 1988).

Total, el sábado 1ro. de Octubre Luis Arce Borja fue puesto en libertad y convocó a una conferencia de prensa para quejarse de la policía y del gobierno. El II Tribunal Correccional no encontró pruebas suficientes para enjuiciarlos por apología del terrorismo, pese a la amplísima divulgación de la “Entrevista”.

Arce no se quedó mucho tiempo en Lima y viajó a Europa, donde se escabulló saltando a varias capitales y pidiendo finalmente asilo político en Bélgica.  El periodista Jorge Salazar lo ubicó y entrevistó en Zurich , en noviembre de 1991, y entonces habló sin medias tintas: “Esta guerra…camina hacia la toma del poder… la miseria y la pobreza agudizada por el gobierno de Fujimori hace que el PCP del Perú se encamine hacia la toma del poder…” (Expreso. Domingo 20 de noviembre. 1991).

Al anunciar su viaje a los redactores, Arce Borja designó a Janeth Talavera como “Directora a.i.”, prometiendo que volvería pronto…

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Janeth Talavera tenía 25 años al recibir el encargo de dirigir el “El Diario”. Era bajita, delgada, fuerte, de pronunciados rasgos andinos pero delicados en un singular rostro oscuro, y tanto, que le decían “La Negra” Quizá su rasgo más llamativo era el pelo negro, denso, apretado y abundante que casi parecía una peluca postiza que solo le dejaba un corto espacio para la frente.  Apretaba los labios y endurecía la expresión cuando hablaba con los periodistas, creyendo seguramente que así evidenciaba mejor su firmeza de propósitos y fe senderista.

Cuando detuvieron al director Arce Borja y otros, algunos comentaristas los llamaron “seudoperiodistas”. Pero no se referían a la Talavera que era periodista graduada en el Instituto Jaime Bausate y Mesa, con experiencia editorial y que asumió, aparentemente, la responsabilidad del periódico que ante la persecución se tornó eventual.

(Unos años más tarde se comprobaría que el director real de “El Diario” era Jorge Luis Durán Araujo, que hacía tareas de enlace con el llamado “Comité Permanente” que le daba instrucciones. (La República. 24 de abril de 1992).

Pero la joven Talavera era la imagen pública. Y, como el resto de sus colegas, quedó expuesta a peligros mayores. Por ejemplo,  desconocidos colocaron en la puerta de su casa un caja que contenía una poderosa carga de dinamita que no llegó a explotar. Menos suerte tuvieron Manuel Góngora y José Castro Pozo, a quienes les destruyeron las puertas con cartuchos de dinamita (Expreso. 9 de Octubre de 1988).

“El Diario” estaba en la mira policial desde hacía mucho, así como también de los periodistas. La revista “Sí”, por ejemplo, dedicó una extensa nota a “Socorro Popular” que era aparentemente una entidad de ayuda a presos políticos pero que coordinaba la relación de éstos con el partido. Y además enlazaba con otro organismo de fachada, la “Asociación de Abogados Democráticos” (“Sí”. 1 de febrero de 1988). En dicha crónica se describió el trabajo de “El Diario” como parte del aparato de propaganda senderista.

Janeth, entusiasta y optimista, proclamaba sin problemas su adhesión  a Sendero Luminoso, como lo hizo en la última entrevista que concedió a Carlos Chávez Toro, reportero del diario La República en junio de 1989, un día antes de su captura.

La crónica se inicia así:

“Estamos en guerra”. Janet Talavera  mira al frente como quien ve un campo de batalla lleno de cadáveres e insiste: ‘Estamos en guerra’. Sobre su sencillo escritorio, el penúltimo número de ‘El Diario’ que ella dirige –interinamente- advierte a toda página que ‘FUE EL PCP’ (Sendero Luminoso) el que realizó el atentado contra la guardia presidencial –seis muertos.

‘El periodismo tiene sello de clase’ agrega y su mirada de mujer morena de 25 años podría tener un poco de espanto y un poco de vértigo”.

En una conversación amable, entre colegas, Janeth insistió en que hacía periodismo independiente, que se limitaban a informar.

-“Ustedes apoyan esa guerra que está haciendo Sendero.

-Lo que está haciendo el PCP es una violencia y una violencia revolucionaria.

-Que es la que cambiará a la sociedad…

-Claro, va a cambiar la sociedad.

-Y tú apoyas eso.

-Nosotros hacemos periodismo objetivo…”.

En la tarde, Carlos Chávez llamó a Janeth para pedirle que posara para el fotógrafo que no había podido estar en el momento de la entrevista. Pero ella estaba más preocupada por el texto que por las imágenes y aceptó ir al diario para revisar sus declaraciones.

Un par de horas después Carlos Chávez preguntaba ansioso si no había llegado la Talavera pues las fotos eran necesarias para acompañar la nota de dos páginas completas.

-“Carlos, Carlos, acaban de detener a Janeth Talavera!” –le avisó alguien.

Y por eso la entrevista que publicó el Suplemento VSD aquel viernes solo llevaba algunas malas fotos de archivo de la Negra Janeth.

Efectivamente, en la noche del 16 de junio el automóvil en que viajaba la Talavera con un joven, fue interceptado en la avenida Salaverry en un rápido operativo. El acompañante no fue detenido pues la orden era solo de capturar a la directora de “El Diario”, que fue entonces llevada a los calabozos de la Dircote.

Aquel titular de “El Diario” a toda primera página , “Fue el PCP”, fue seguramente lo que colmó la paciencia policial.

Recuérdese que el 3 de junio de aquel 1989 Sendero Luminoso cometió uno de sus atentados más crueles y resonantes al dinamitar un autobús que conducía a Palacio de Gobierno a un grupo de los famosos Húsares de Junín, la Guardia Presidencial.

Eran 27 soldados  con uniforme de gala, que partían del cuartel Barbones para reemplazar a sus colegas de armas. Cuando el vehículo estaba en el jirón Huanuco debió detenerse porque un auto presuntamente malogrado les cerraba el paso.

Eran las 12.45 pm. cuando un carretillero que llevaba cajas de gaseosas vacías se acercó al autobús militar y lanzó debajo una caja que contenía unos cinco kilos de dinamita. Luego escapó corriendo junto con un grupo de militantes que lo acompañaban para cubrirlo.

La explosión hizo saltar por el aire al viejo vehículo y mató a siete soldados  quedando heridos todos los demás. El Comercio hizo un relato terrible: “En el lugar de la explosión todo era dolor y desolación. Los cuerpos de los soldados estaban seccionados y esparcidos…” (4 de Junio de 1989)

Cuando los asesinos escapaban se toparon con un agente policial de civil que sacó su revólver y se enfrentó con ellos, disparando e hiriendo a uno. Pero otro lo ultimó al paso de un certero disparo en la cabeza.

El atentado causó enorme impresión en Lima. Y aquel título ”Fue el PCP” con  información que solo podían provenir de fuentes senderistas, decidió al gobierno a acallar “El Diario”. Pero antes optaron por la venganza tipo Grupo Colina colocando una potente bomba en su local del jirón Amazonas, en Magdalena.

“Ha sido el grupo Rodrigo Franco, que dirige Agustín Mantilla” dijo Janeth Talavera, al protestar ante la prensa por el atentado. Pero obviamente estaba ya advertida de que se avecinaba una reacción contra el periódico.

La noticia de su captura no sorprendió a nadie. Como tampoco la acusación fiscal una semanas más tarde por “delito de terrorismo en su modalidad de asociación para instigar, planificar, propiciar, organizar, difundir y cometer actos de terrorismo, asó como “exaltación y apología” (El Comercio. 4 de Julio de 1989).

La policía proveyó a la Fiscalía de una montaña de documentos incriminatorios que presuntamente la Talavera llevaba consigo. Una ingenuidad, pero útil para asegurar su condena.

Tampoco fue extraña la intervención policial en  “El Diario” la noche del 2 de noviembre, un día antes del Paro Armado decretado por Sendero que provocó un enfrentamiento sangriento en la avenida Manco Cápac en La Victoria, con muertos y heridos.

Numeroso personal del periódico fue capturado y muchosp huyeron.  La redactora Zoila Valera logró entrar a la embajada de Suecia, en San Isidro,  pidiendo asilo pero fue expulsada por los propios suecos y luego capturada por la policía (El Comercio. 13 de diciembre de 1989).

Finalmente Janeth Talavera fue llevada a juicio y en noviembre de 1991 sentenciada a cinco años de cárcel por los cargos de apología e incitación al terrorismo por el Duodécimo Tribunal Correccional de Lima. Había sido juzgada junto con  Abimal Guzmán y Luis Arce Borja pero los jueces reservaron la sentencia contra éstos “por estar ausentes”.

Había estado meses detenida en el Centro de Detención Transitoria, de Magdalena del Mar y llevada luego de sentenciada al Penal “Castro Castro”, en Lurigancho, donde había una sección para mujeres.

Allí se unió al grupo de entusiastas militantes senderistas que no ocultaban su adhesión al Presidente Gonzalo sumergiéndose en el anonimato mediático pues ya nadie logró entrevistarla.

Y seguramente estuvo en el grupo que a comienzos de 1992 ofrecieron un espectáculo revolucionario al camarógrafo del Canal 4 de Londres que logró ingresar a los pabellones 4B y 1 A para filmarlas, y mostrarlas al mundo.

Fue una “verdadera ópera china. Correctamente uniformadas  -blusas y gorras verdes, pantalón azul, pañuelo rojo a la mano- las militantes del Movimiento Femenino Popular paseaban como objetos sagrados los retratos de Marx, Engels, Lenin,y, por supuesto, “El Presidente Gonzalo” (José Luis Rénique. La voluntad encarcelada.  IEP. Lima.  2003. p. 84).

El control del penal por Sendero Luminoso era ya inadmisible. Se acercaba el desenlace de la historia de Janet.

 

La legalidad se suspendió en el Perú la noche del 5 de abril de 1992 cuando Alberto Fujimori anunció la decisión de “disolver el Congreso Nacional”, inaugurando una férrea dictadura civil amparada en militares que orquestaba su asesor, Vladimiro Montesinos. Una historia de sobra conocida, de consecuencias en muchos niveles de acción y decisión, como la lucha contra la subversión por ejemplo.

El nuevo “Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional” fue bendecido por el autoritarismo criollo y hasta internacional porque prometió “sanciones drásticas a los terroristas”.

Y qué mejor lugar para comenzar que la reconquista del penal “Castro Castro” , en Canto Grande, donde más de 200 presos por subversión habían logrado armar una especie de cárcel propia que mantenían, pintaban,  reforzaban en previsión de ataques, administraban… Casi un pequeño país senderista con leyes propias, que la policía se limitaba a consentir porque no les hacían mayores problemas.

Las mujeres estaban en el pabellón 1A, los hombres en el 4B, presuntamente separados, pero los senderistas habían habilitado un túnel de conexión y se reunían sin problemas aunque debe advertirse que la rígida moral revolucionaria solo consentía relaciones amorosas con permiso de los líderes…

Fujimori y los militares planificaron la operación “Mudanza 1” que consistía en llevar a las mujeres al penal “Santa Mónica” en Chorrillos. Las instrucciones, ha contado el tenebroso Martín Rivas, jefe del Grupo Colina, eran claras: matar a los dirigentes y para ello hicieron una lista que pasaron a los encargados del operativo.

A las cuatro de la mañana del miércoles 6 de mayo los vigías de los pabellones subversivos observaron el movimiento militar y lanzaron la alarma. Poco después caía sobre ellos una lluvia de cargas de dinamita, cohetes instalaza, ráfagas de ametralladora, gases vomitivos y paralizantes. No menos de medio millar, entre policías y soldados, se lanzaron al ataque creyendo en una victoria rápida.

Pero los senderistas habían previsto un ataque así, quizá recordando las masacres del 86 ordenadas por el gobierno de Alan García. Y esta vez las paredes estaba reforzadas con fierro y concreto, tenían abundantes bombas “molotov”, los conocidos “quesos rusos” y algunas armas de fuego, con lo que lograron resistir el primer el ataque e incluso pasar a la ofensiva.

Janet Talavera estuvo en el grupo de mujeres que abandonó el pabellón 1A para refugiarse con los hombres que defendían el 4B.

Resistieron todo el día pese a la violencia desmedida del asalto y muchos cayeron víctimas de los francotiradores que acechaban a los que pasaban al pabellón de mujeres, que se convirtió en lugar más seguro aunque fue tomado después por la policía, capturando a varias que se habían rendido.

La resistencia siguió entonces en el 4B, donde se amontonaron hombres y mujeres al lado de varios muertos y no menos de 70 heridos.

El jueves 7  y viernes 8 ya participaba abiertamente el Ejército y se trataba de negociar en medio de los ataques, sin éxito. Al anochecer del viernes los subversivos consentían en rendirse pero con la presencia de la Cruz Roja y otras organizaciones, a  lo que el Gobierno se negó de plano.

El final llegó el sábado 9 cuando a las 10 de la mañana el Ejército logró abrir un forado en el 4B con una enorme carga explosiva.  Entonces los senderistas comenzaron a salir, iniciándose una infame matanza y no solamente selectiva. Uno tras otro, los dirigentes listados eran reconocidos y ultimados pese a estar en el suelo, heridos y rendidos.

Salían en grupos mientras la policía anunciaba con parlantes “Ríndanse, no les pasará nada”; luego los separaban, reconocían y mataban.

En medio de ese horror quedaban todavía algunas mujeres en el 4B y salieron. Entre las últimas iba Janeth Talavera, todas con los brazos en alto en señal de rendición.

Pese al humo y la confusión fue reconocida.

-“¡Ahí está la Negra, asegúrenla!” –dicen algunos testigos que escucharon  gritar a los policías.

Luego, un disparo le abrió el pecho y murió en el acto. La ráfaga de ametralladora que siguió no fue necesaria.

Al día siguiente los senderistas sobrevivientes estaban en el tirados boca abajo en patio luego de cuatro jornadas de resistencia, sin agua ni comida.  Entonces llegó el presidente Fujimori y se paseó entre ellos, pavoneándose, celebrando la muerte de 42 reclusos.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha relatado la masacre y señalado con energía que se trató de crímenes  comunes y no de “delitos de función” como alegaron los militares. Y la Corte Interamericana de Derechos Humanos falló que el Estado debía indemnizar a los sobrevivientes de la masacre y a los familiares de los muertos.

¿Y “El Diario”? La Dircote había localizado su depósito e imprenta clandestina en Balconcillo y el 13 de abril capturó a todos los que tenían que ver su redacción, edición y distribución, saliendo a la luz pública los nombres de los verdaderos responsables. Ahí estaba su real director, Jorge Luis Durán , que tuvo suerte. No estaba en la lista.

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