Uchuraccay (Dos): La Comisión Vargas Llosa

 ¿Fue el presidente Belaunde o Luis Alberto Sánchez? ¿Quién logró convencer al ya famoso Mario Vargas Llosa de aceptar integrar una mediática “Comisión  Investigadora de la muerte de los periodistas en Uchuraccay” al día siguiente de la matanza?

No fue nombrado “Presidente” pero su prestigio y popularidad lo hicieron tal inmediatamente. Los otros eran el Decano del Colegio de Periodistas, el aprista Mario Castro y el jurista, muy prestigiado también, Abraham Guzmán Figueroa.

Fue una decisión muy rápida, rara en el usualmente parsimonioso Belaunde. Pero es que el escándalo era mayúsculo. Y probablemente las Fuerzas Armadas habían advertido que no se dejarían manosear por el Poder Judicial, porque se advirtió que los resultados se las indagaciones no serían vinculantes, es decir, no servirían para llevar a nadie ante la justicia. Fue un triunfo militar.

Sin embargo la “Comisión” parecía una buena jugada política  destinada a aplacar a los que clamaban venganza.

Vargas Llosa formó un equipo compuesto por tres antropólogos, un jurista, un psicoanalista, dos lingüistas, un historiador… pero ninguno hablaba quechua así que quedaron librados a las explicaciones militares y a las versiones de los intérpretes contratados.

Viajaron inmediatamente a Ayacucho para interrogar oficiales, testigos, familiares pero la cita clave era con los comuneros, allá en las gélidas alturas de Uchuraccay a la que se llegaba por helicóptero o a pie por la ruta de los mártires. Y durante cuatro horas escasas escucharon a los comuneros quejarse del “señor gobierno”, de los senderistas, y en fin, autoinculparse justificando el crimen con su presunto primitivismo e ignorancia.

La cita terminó cuando el interrogatorio impacientó a los iquichanos y en particular a las mujeres, que comenzaron a gritar “¡Basta! ¡basta!”. Entonces todos, civiles y militares, abordaron los helicópteros y se marcharon para no volver más, abandonándolos a su suerte.

Al día siguiente comenzarían a asesinarlos de manera sistemática.

El 4 de marzo Vargas Llosa entregó el Informe que proponía una técnica de Convicciones “Relativas”y “Absolutas”  y entre éstas estaba la ya citada que exculpaba a las Fuerzas Armadas de cualquier tipo de intervención en el suceso, contradiciendo las versiones de parte del periodismo y sobre todo de los familiares de las víctimas que inmediatamente lo acusaron de haber claudicado ante los militares.

La entrega del Informe no significó el descanso para Vargas Llosa porque debió asumir con energía su defensa en  el Perú y en el extranjero. Mario Castro, político aprista al fin, se hizo el desentendido y Guzmán Figueroa se refugió en su ancianidad.

Lo malo para el escritor no vendría más adelante por el ángulo de los ataques de la prensa de izquierda y las familias sino desde el Tribunal Superior de Ayacucho y su Presidente, Hermenegildo Ventura Huayhua , quien le hizo pasar los que han sido quizá los peores ratos de su vida. 

Continuará

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