Archivo mensual: febrero 2008

Pedro Cordero y Velarde

-Historias de Periodistas

Siembre hubo (y habrá) chiflados en el periodismo nacional. Y entre éstos, quizá el más simpático, a la vez que dramático, fue don Pedro Cordero y Velarde (a) “Apu Cápac, Cordero Inca”, candidato presidencial vitalicio y director, redactor, distribuidor y canillita. También se hacía llamar “Jefe Supremo de las Fuerzas del Aire, Mar, Tierra y Profundidad”.

En los años cincuenta era normal encontrarlo en los alrededores de la Plaza San Martín, encorvado, huesudo, siempre vestido con un terno que había sido negro en sus buenos tiempos y que era ya una sola mancha. Corbata de lazo, sombrero de copa y en el pecho varias condecoraciones de lata y una insignia nacional. En la mano derecha, a un sol, el periódico “El León del Pueblo”

Era un loco manso que estaba seguro de salvar al Perú con su programa electoral, que repartía en las redacciones de los periódicos donde lo acogían con cariño aunque a veces era objeto de burla.

Prometía por ejemplo bajar las subsistencias, casa, ropa, locomoción “y en cuanto al tráfico se verificará rigurosamente como en el orden internacional lo manda, respetando la derecha sin atropellar… Obligaré a la higiene sin distinción, porque es la causa de las enfermedades…” etc. Hasta ahí era irreprochable. Pero luego prometía dos acorazados a cada Departamento así sean Cusco y Huancavelica.

Pocos sabían que vivía en el Callao, donde había aparecido en los años veinte como profesor de música y compositor. Contaban que había hecho el servicio militar ascendiendo a Sargento Segundo de Trompetas y que luego la Marina lo había contratado como jefe de banda.

Escribió varias óperas que la historia de la música peruana no ha recogido, como “La derrota del Huáscar” en tres actos que parece fue estrenada en el Teatro Colón en 1921.

Pero en algún momento comenzó su extravío y se interesó en la política. No faltó quizá algún sinvergüenza que le hizo creer que podía ser Presidente o que ya lo era y le hizo vender pequeñas propiedades que arrendaba. Finalmente quedó pobre y viviendo de la caridad de periodistas y políticos así como también de antiguos alumnos que lamentaban su locura.

Su momento cumbre de popularidad le llegó el 14 de enero de 1956 cuando representantes de partidos políticos se reunieron en el Salón General del convento de Santo Domingo para cambiar ideas sobre el traspaso de gobierno pues ya el general Odría terminaba su mandato. La cita era solemne pero alguien tuvo la idea de introducir en la sala a Cordero y Velarde quien pidió la palabra, cometieron el error de concedérsela y se echó un largo discurso que convirtió el cónclave en una anécdota.

Poco después desapareció y se supo que estaba internado en el Hospital Larco Herrera, en el manicomio, donde había recuperado parcialmente la razón, lo suficiente como para organizar una orquesta de cámara que daba conciertos para visitantes.

Figura en los archivos que murió de un derrame cerebral en diciembre de 1961. Su fallecimiento se divulgó en algunos periódicos pero nadie reclamó su cadáver en la Morgue y fue a dar a la fosa común.

“El León del Pueblo” que luego de comprarlo iba directo al tacho es hoy una joya de nuestro periodismo.

¿Alguien tiene un ejemplar?

 

San Valentín de antología (IV)

El Waterloo de Beto

Anoche comprendí el significado exacto de “Waterloo”,  cuando escuché la historia de mi amigo y condiscípulo Beto, al que encontré rumiando un cachito de mantequilla en un café sansidrino.

-No caviles, hace daño … – le dije, haciéndome el chistoso.

-No amigo, estoy pensando en los años… fíjate que anoche tuve mi Waterlooo…

Con una buena historia en ciernes me acomodé, pedí dos relámpagos de caramelo y una chicha doble.

-Cuéntame, soy todo oídos.

-¿Te acuerdas de Rosa María, la profesora argentina que conocimos esa vez que nos encontramos en Buenos Aires?

-Cómo olvidarla, tenía unas..

-Todavía las tiene -interrumpió. -Está en Lima, se va hoy, y me llamó anoche para recordar aquellas horas porteñas.. Solita, aquí nomás, en El Olivar…

-¿Y? ¿Qué tal?

-Ay, fui a las nueve, estaba recién bañadita, ni se nota que ya pasa los cincuenta, fácil. Nos acomodamos .

“¿Qué hacemos” me dijo. “A Miraflores” sugerí y fuimos al Haití. Ahí comenzó mi drama. Porque me dijo “¿Qué tomás” y yo, claro, ya no bebo. ¿Un café”? No gracias , me da palpitaciones. Luego me ofreció un cigarrillo y le tuve que decir que mi cardiólogo me lo ha prohibido..

-Oye, qué torreja eres, un esfuerzo…

-Sí pues, luego me dijo “Comamos algo” y le dije que yo no comía de noche. “Entonces vamos a bailar a alguna parte” y, francamente no supe dónde ir porque hace años que no voy a una discoteca.  A esas alturas ya se había tomado dos martini vodka con dos aceitunas, fumado tres cigarrillos, y embutido un enorme sánguche… Yo seguía con una Coca Light…

-¿Y, y?? -inquirí, impaciente

-Me pidió que la llevara al hotel, subimos, le di un besito en el ascensor pese al tufo de tabaco y en la puerta del cuarto me preguntó, así, a lo bestia: -“Y de la próstata ¿como andás”?

-¿Qué le dijiste? Me imagino que no le dirías que… (mi amigo se detuvo y suspiró profundo)

-Sí, le dije que estaba en tratamiento y entonces..

-¿Entonces?

-¡Me tiró un portazo en la nariz y ya no quiso abrir ni contestar el teléfono!

Ahí lo dejé a Beto con su cuarto cachito y su Waterloo personal

…..

San Valentín de Antología (III)

-Jugo de naranja 

-“Mimi…. ¿hay naranjas? Tengo ganas de tomar jugo de naranja…”

-“Ay , tú sabes que nunca compramos..” –contestó mi tía, arrebujándose en el tibio lecho conyugal.

-“Bueno” dijo mi tío B. –“Voy a comprar naranjas para hacerme mi juguito…”

-“Mmmmmm…” .replicó la tía.

¿Cómo podía sospechar que se le venía encima el drama de su vida? Porque mi tío, vestido solo con un buzo deportivo,  salió corriendo, llegó a  la esquina, tomó un taxi y gritó:

“¡Rápido, al aeropuerto!”

En el mostrador del Interamericano de Panagra lo esperaba la vecina de enfrente, que había hecho lo mismo con el marido pero con jugo de papaya.

A los empleados de la compañía de aviación  debió parecerles extraña esta pareja que vestidos, “casuales y deportivos”, abordaban el avión para Nueva York abrazaditos, besándose, riendo de alegría como recién casaditos.

Mi tía esperó hasta mediodía, angustiada, hasta que se decidió a esparcir la alarma e incluso fue a la Comisaría de la vuelta a consultarle al Capitán que conocía de vista. Pero cuando regresó a su casa encontró al vecino, esperándola:

-“Señora, mi esposa se ha escapado con su marido..”

Mis primos la sostuvieron porque casi cae al suelo de la sorpresa.

-“Acá está la carta… se van de viaje.. ¿usted no sabía nada?”

Digna, recuperándose, musitó:

-“Qué clase de mujer será la suya.. lárguese y no vuelva” –y se sumergió en su casa para siempre.

¿Y el tío? La pareja se perdió en los vericuetos de Nueva York y no regresaron nunca jamás. A veces alguien contaba que los había visto, huidizos, escabulléndose al sentirse observados.

Andando los días, amigos, vecinos, parientes, reconstruyeron la historia de amor de mi tío y la vecina. Era simple. Cada noche ella salía de paseo para fumarse un cigarrillo a escondidas del marido y descubrió que su vecino (mi tío) tenía virtudes secretas: le gustaba que las mujeres fumaran incluso marihuana, que bebieran hasta emborracharse, bailaran hasta caerse, que se pintaran el pelo, es decir, todo lo que su esposo le prohibía. Y cuando una tarde exploraron el “Cinco y Medio”, el deslumbramiento fue definitivo para los dos: descubrieron el amor verdadero.

Entonces planificaron con cuidado la fuga. Fueron sacando ropa. Comprando, reuniendo dólares, sacando la visa americana, hasta que el Día Señalado partieron a  Nueva York. No tuvieron hijos por él tenía 65 cumplidos y ella 60, o sea, edades ideales para encontrar el amor.

Cómo me hubiera gustado tomarme un trago con mis tíos enamorados. Por eso, en este San Valentín, brindo por ellos. 

Amorosamente 

Tío Juan

San Valentín de antología (Dos)

-Polvo de estrellas 

¿Se imaginan la locura de celos de la astronauta Lisa Nowak? El amor es así, puede conducir a una profesional de su nivel a la irreflexión absoluta.

Ya habrán leído en los diarios la trágica decisión de la exitosa y guapa ingeniero que decidió manejar 1 500 kilómetros para agredir a la mujer que le estaba robando el amor de otro astronauta, el grandazo Bill Oefelein y que seguramente le hacía ver estrellas insospechadas…

El drama de amor en la NASA ha traído a los periódicos el tema del sexo en el espacio porque ya se planifican viajes tan largos que los científicos deben considerar el tema de la abstinencia sexual.

En 1982 los entonces soviéticos llevaron a la estación espacial “Salyut 7” a la bella cosmonauta Svetlana Savitskaya, que se encontró así con una ruda tripulación con tufo a vodka y pepinos y con unas ganas locas de armar una fiestecita.  Pero solo lograron que Svetlana se pusiera un mandil y sirviera la cena.

En 1992 los americanos juntaron al matrimonio Davis en una misión de ocho días pero consta en la bitácora que no pasaron del besito de las buenas noches. Igual pasó, dicen,  con los esposos rusos Ruymin y Kondakova que pasaron seis meses en la estación “Mir” en 1995. Tampoco hubo, aseguran, acercamientos de tercer tipo…

Pero ahora se calcula que el futuro viaje a Marte durará mil días y deberán acomodarse en la nave entre cuatro y seis especialistas. ¿Será posible evitar la cuestión sexual?

Un especialista afirma que practicar el sexo en una estación espacial es casi imposible porque no hay espacio disponible. “El lugar más íntimo es una especie de armario en el que podría caber una pareja pero muy incómodos” dijo.

Pero el principal problema es, afirman los habitualmente fraganciosos americanos, la cuestión de la higiene. “Solo se pueden  asear una vez por semana porque la escasez de agua es dramática”,

.Así, que luego de una semana “eso” y algo más puede oler tanto y tan mal que podría desanimar a cualquier apasionado (aunque imagino que eso no sería barrera para los rusos, famosos por su desprecio por los desodorantes).

Y a todo esto ¿recuerdan la historia del señor Gorsky? ¿No? Se las cuento:

Afirman que luego de su frase histórica al pisar la Luna “Un pequeño paso para el hombre.. un gran paso para la humanidad” Neil Armstrong añadió, bajito, “buena suerte, señor Gorsky”.

Durante años fue una frase misteriosa pero ya se sabe la verdad.

La familia Gorsky era vecina de los Armstrong y se peleaban a gritos. El niño Neil escuchaba, divertido, los reclamos sexuales del señor Gorsky a su esposa.

Una noche la discusión subió de tono y escuchó que la señora gritaba: “¡¡¿Qué?!!! ¿Sexo oral?? Bueno, ¡¡lo tendrás cuando el hijo de la vecina llegue a la Luna!!”

Por eso es que Neil Armstrong luego de pisar la Luna por primera vez, musitó:

-“Buena suerte, señor Gorsky”.

 

San Valentín de Antología (I)

Nada como San Valentín para recordar historias de amor. Les voy a contar varias:

Cuando trabajaba en el diario Sur de Tacna, teníamos un jefe de almacén que era un verdadero energúmeno. A cada rato venía la esposa a quejarse de sus malos tratos, a veces con el ojo hinchado, otra con el pelo despeinado, llorando a mares. Entonces lo llamaba, lo resondraba y prometía portarse bien… hasta la siguiente golpiza.

Era un puneño bajito, rudo, de manos fuertes pero era, sobre todo, un primitivo de película; no sé como había recalado en la empresa.

Tenía una hija quinceañera que promovía miradas en el personal de la imprenta. Coqueta, sonriente, de trenza larguísima, agachaba la cabeza cuando estaba con su papá pero alcanzaba a dirigir miradas ardientes a un bello linotipista arequipeño que le guiñaba el ojo y le sacaba la lengua…

Era un amor imposible. El cafre no la dejaba ir sola ni al baño.

Inútilmente, el characato la espiaba, seguía, aguardando un instante de descuido… nada.

Pero siempre hay un día en que el amor traspasa cualquier obstáculo.

Así, una tarde llegué al diario y escuché un escándalo. En el taller los hombres discutían a gritos y se elevaban sollozos de mujeres.

-!!Siñor Juan!! -me llamó el empleado, sujetando con fiereza a su hijita,  que ya convulsionaba de tanto que lloraba.

Se hizo silencio cuando le reclamé con energía que soltara a la niña y me explicara, a lo que respondió:

-!!La Micaela está embarazada!!

-“Caray, y en qué momento habrá sido eso ” pensé, y miré al linotipista que se hacía el desentendido.

-Y lo pior -sollozó el hombre- es que no sabe de quién es. Dice que fue al río a lavarse nomás  y suácate, quedó preñada.. Y aquí los señores me dicen que cuando on hombre se hace so paja en el agua… la semiente baja por la corriente y si hay una mujer se mete en sos partes éntemas y queda embarazada… ¿eso está poseble, siñor Juan?

Se hizo un silencio sepulcral. Todos me miraron, la Micaela sorbía los mocos y entornaba los ojitos hacia el characato; el jefe del taller, el gordo Mortadela sonreía, socarrón;  aguardaban mi respuesta que seria, además de sabia, definitiva.

Y entonces, pensando en el amor, le contesté, con calma:

-Sí, por supuesto.

Los obreros intercambiaron discretas miradas y suspiraron, aliviados.

-¿Ya ve usté, apá? -dijo Micaela, envalentonada, soltándose del brazo férreo del papá.

-Caracho, señor Juan, no sabía..

-Conozco muchos casos, ha sido un error dejarla ir al río sin fijarse si en la curva de arriba había algún muchacho que..

Y ahí nomás la emprendió a golpes con la madre:

-!!Borra, estópida, cómo dejaste a la Micaela sola en el río, tú tienes la culpa!!

Ahí ya me calenté y los boté a todos a empujones, aunque antes llamé al linotipista:

-Amigo , ¿y ahora?

Sonriente, el joven me contestó:

-Esta noche me la robo y me la llevo a Camaná… guárdenos el secreto.

Efectivamente, desaparecieron y yo perdí un prometedor linotipista.