Pedro Cordero y Velarde

-Historias de Periodistas

Siembre hubo (y habrá) chiflados en el periodismo nacional. Y entre éstos, quizá el más simpático, a la vez que dramático, fue don Pedro Cordero y Velarde (a) “Apu Cápac, Cordero Inca”, candidato presidencial vitalicio y director, redactor, distribuidor y canillita. También se hacía llamar “Jefe Supremo de las Fuerzas del Aire, Mar, Tierra y Profundidad”.

En los años cincuenta era normal encontrarlo en los alrededores de la Plaza San Martín, encorvado, huesudo, siempre vestido con un terno que había sido negro en sus buenos tiempos y que era ya una sola mancha. Corbata de lazo, sombrero de copa y en el pecho varias condecoraciones de lata y una insignia nacional. En la mano derecha, a un sol, el periódico “El León del Pueblo”

Era un loco manso que estaba seguro de salvar al Perú con su programa electoral, que repartía en las redacciones de los periódicos donde lo acogían con cariño aunque a veces era objeto de burla.

Prometía por ejemplo bajar las subsistencias, casa, ropa, locomoción “y en cuanto al tráfico se verificará rigurosamente como en el orden internacional lo manda, respetando la derecha sin atropellar… Obligaré a la higiene sin distinción, porque es la causa de las enfermedades…” etc. Hasta ahí era irreprochable. Pero luego prometía dos acorazados a cada Departamento así sean Cusco y Huancavelica.

Pocos sabían que vivía en el Callao, donde había aparecido en los años veinte como profesor de música y compositor. Contaban que había hecho el servicio militar ascendiendo a Sargento Segundo de Trompetas y que luego la Marina lo había contratado como jefe de banda.

Escribió varias óperas que la historia de la música peruana no ha recogido, como “La derrota del Huáscar” en tres actos que parece fue estrenada en el Teatro Colón en 1921.

Pero en algún momento comenzó su extravío y se interesó en la política. No faltó quizá algún sinvergüenza que le hizo creer que podía ser Presidente o que ya lo era y le hizo vender pequeñas propiedades que arrendaba. Finalmente quedó pobre y viviendo de la caridad de periodistas y políticos así como también de antiguos alumnos que lamentaban su locura.

Su momento cumbre de popularidad le llegó el 14 de enero de 1956 cuando representantes de partidos políticos se reunieron en el Salón General del convento de Santo Domingo para cambiar ideas sobre el traspaso de gobierno pues ya el general Odría terminaba su mandato. La cita era solemne pero alguien tuvo la idea de introducir en la sala a Cordero y Velarde quien pidió la palabra, cometieron el error de concedérsela y se echó un largo discurso que convirtió el cónclave en una anécdota.

Poco después desapareció y se supo que estaba internado en el Hospital Larco Herrera, en el manicomio, donde había recuperado parcialmente la razón, lo suficiente como para organizar una orquesta de cámara que daba conciertos para visitantes.

Figura en los archivos que murió de un derrame cerebral en diciembre de 1961. Su fallecimiento se divulgó en algunos periódicos pero nadie reclamó su cadáver en la Morgue y fue a dar a la fosa común.

“El León del Pueblo” que luego de comprarlo iba directo al tacho es hoy una joya de nuestro periodismo.

¿Alguien tiene un ejemplar?

 

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