-“Devuélveme tu Historia”

Son tres jóvenes magníficos periodistas trujillanos-todo-terreno, que han estudiado la carrera en la capital de la Primavera y trabajan en el diario local La Industria.

A lo largo de varios años, Pier Bakarat, César Clavijo y Carlos Otiniano han publicado día tras día notas políticas, policiales, reportajes, entrevistas, de todo en fin lo que se exige que un periodista bien preparado debe hacer para la construcción de la edición que se concluye cada noche… y se reinicia cada mañana (como Sísifo, más o menos).

Un día, cuentan, decidieron publicar como libro algo de lo que habían escrito y reunieron una montaña de notas para luego unificar criterios. Las dividieron en grupos “Fuimos y vinieron”, de viajes y viajeros; “La ciudad hecha jirones” sobre la cotidianeidad trujillana; “Ciudadanos notables”, de perfiles biográficos; “Todo se compra, todo se vende”, de empresarios y empresas; “Levántate y anda”, de muertos y cementerios; “Cuerpo a cuerpo” de policiales. Y finalmente a tres inclasificables les pusieron “Bonus tracks”, es decir, una yapa.

Así, en 250 páginas, con crónica tras crónica, Pier, César y Carlos, han hecho un notable y múltiple retrato de la ciudad que transitan cada día buscando noticias, personajes. En pocos años, para saber cómo era Trujillo en el primer quinquenio del siglo 21 habrá que buscar este libro.

¿El título? “Devuélveme tu Historia. Crónicas, perfiles y otras hierbas” editado con ayuda de la Universidad Antenor Orrego.

Lo interesante de los textos es que todos están escritos en registro de crónica con estilo del llamado “nuevo periodismo”, aquel que echa mano de la literatura para contar de mejor manera lo que hay que contar pero que requiere, para que sean atractivos, de cultura y talento.

Son muchas crónicas pero nos han interesado particularmente los Perfiles. Aquí, solo tres ejemplos:

Carlos Otiniano eligió entre otros al peluquero Felipe Aguilar: “…Me senté en el sillón giratorio más cercano a la puerta y lo vi sacar una navaja de un cajón. Yo esperaba una tijera. Luego roció agua sobre mi cabeza con un pulverizador y empezó a cortarme las mechas.

-¿Usted no usa tijera?

-Noooo, con tijera el cabello no queda parejito.

Con una peineta desenredaba mi cabello humedecido y deja expuesto al paso rasante de la navaja esos centímetros de más. El espejo biselado mostraba a un hombre bajito y gordito, de unos 60 años. Dos párpados gruesos resguardaban sus ojos rasgados y sobre su frente resaltaba una cicatriz…”.

César Clavijo persiguió a César Acuña el día en que juró como Alcalde luego de derrotar al APRA. Al fin de la jornada, un banquete: “Sirven tarde los potajes. Eso no le importa al alcalde, pues tiene tiempo para saludar a todos los presentes. Por la mañana ordenó que solo se prepararan 100 platos pro hay más invitados. Antes de despedirme le pregunto si el famoso modista italiano Ermenegildo Zegna confecciona ternos de su talla. “No, yo voy, me pruebo y después me los entallan”.

-Cinco mil u ocho mil dólares ¿Cuánto le cuestan? –le pregunto. Se ríe y se da la vuelta en busca de su asiento. Parece que su plato llegó a la mesa”.

Pier Bakarat hizo un día de trabajo con el popular general Octavio Salazar, que pacificó Trujillo: “… Su movilidad y su escolta lo esperan en la calle Bolívar, pero prefiere ir a pie a la Plaza de Armas por Pizarro. Su camisa blanca y sus galones llaman la atención de los transeúntes. Cruza Orbegoso y se encuentra con niños que marchan con carteles. Saluda a unos acariciándoles la cabeza. En la plaza se acerca a la mesa que instaló la Dirección Regional de Salud para la consulta ciudadana sobre problemas de la salud. Pero no vota.

Avanza. De pronto, alguien lo abraza por detrás. Voltea sorprendido. Es una señora vestida de azul y calzada con sandalias de jebe. Ella lo tiene sujeto de la cintura y él responde cruzando su brazo por cuello de la dama. “Muchas gracias por su trabajo” dice la señora…”.

No sabemos si el libro se consigue en alguna librería de Lima. Pero hay que conseguirlo. Santiago Roncagliolo les hizo unas líneas: “El Trujillo que tratan es un lugar donde la maravilla y la tragedia siempre están a punto de ocurrir, a menudo simultáneamente. Un espacio en el que las pequeñas historias de cada día se convierten en retratos cargados de humanidad”.

 

 

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