El apagón mediático “Chacón”

Quizá fue Alejandro Magno, o Julio César. Con seguridad no fue Goebbels el primero porque desde muy antiguo existieron los silencios mediáticos, es decir, los ocultamientos de noticias.

En tiempos oscuros, de dictaduras, aquellos sigilos son proverbiales pues sencillamente se imponen o compran, como el caso del gobierno de Fujimori y su operador Montesinos.

La historia reciente nos cuenta de silencios crónicos de consenso. Por ejemplo, la homosexualidad de la esposa del presidente Roosevelt que todos “sabían” y que recién salió a luz cuando se publicaron las encendidas cartas de amor que le dirigía a una periodista neoyorkina.

O los amores de Marylin Monroe y el presidente Kennedy que ningún periodista se animó siquiera a insinuar. He leído alguna vez que el presidente Allende amaba a su asistente, también que Miterrand tenía una pareja que todos conocían y nadie mencionaba, y así otros, muchos más casos que logran un raro consenso entre los periodistas y las empresas.

Y tenemos casos criollos, por supuesto, no solo ligados al amor sino a la política. Nicolás de Piérola se exhibía sin recato con una bella señora francesa, madame Garruaud; Manuel Prado no disimulaba sus arrebatos con la que luego sería su esposa, la señora Clorinda Málaga; todos los periodistas sabían de los devaneos de Manuel Odría con una bella cantante. Y también se conocía algo de los militares velasquistas pero ¿quién se hubiera atrevido a mencionarlo?

También hay los apagones mediático-políticos en democracia y quizá el más notable de los últimos tiempos fue el que llamamos “apagón Yanacocha” y que duró semanas debido a la enorme influencia de la empresa minera del norte del país.

Y hace unos días, cuando el diario La Primera narró que Alberto Fujimori recibía visitas de señoras congresistas en la noche, ocurrió uno de esos rarísimos apagones: la noticia no rebotó en ningún medio (que sepamos) al viejo estilo de Montesinos. Fue el llamado “Apagón Chacón” porque demostraba que la congresista Chacón visitaba con frecuencia y en las noches al reo Fujimori para llevarle antojitos (lo dijo en TV: algún postre, pollo a la brasa comprado a la pasada… tallarines verdes “que le gustan mucho”…) y lo acompañaba a veces hasta cerca de la medianoche.

Todo lo cual consta en el Libro de Visitas de la administración del Penal, así que no hay que hacerse el ofendido.

El diario no hizo insinuación alguna y se limitó a mostrar hechos, de tal manera que el presunto mal gusto lo pusieron los malos pensamientos de quienes quisieron.

Pero fue de peor gusto y dudoso periodismo no recoger siquiera que el acusado Fujimori disfrutaba de comodidades enormes que, estamos seguros, él y Montesinos no hubieran concedido a nadie.

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