Las imbatibles campanas de Moquegua

Un persistente toque de campanas fue suficiente para hacer saltar de sus lechos a los moqueguanos, en aquella madrugada hace unos días. Miles corrieron nuevamente hacia el Puente Montalvo porque creían que la policía se aprestaba a romper el bloqueo. Cuando se supo que había sido una falsa alarma, el campanero interrumpió el llamado y todo volvió a la calma.

Muchos, es verdad, confiaban en las radioemisoras que se habían comprado el pleito ciudadano pero algo raro pasó esa noche: un oportuno corte de luz dejó sin poder transmitir las noticias. Solo quedaban entonces las viejas e imbatibles campanas.

Esos bronces demostraron, una vez más, que eran imbatibles para convocar y que no se ha inventado nada todavía, teléfonos celulares e Internet incluidos, capaz de reemplazarlas.

Su historia, usando un lugar común, se pierde en la noche de los tiempos. Pero seguramente fueron los chinos los primeros en usarlas. Con los años, pasaron de campanillas a enormes y excesivos artefactos como aquella gigantesca que luce en el Kremlin en Moscú (La llaman “La Zarina”) y que pesa tanto que nunca pudieron alzarla hasta lo alto del campanario que la esperaba.

Al Perú las trajeron los invasores españoles y los Pizarro pagaron las primeras de Lima para la Catedral. Luego, al construirse las otras iglesias, llegaron también las ordenanzas eclesiásticas de cómo, cuánto y cuándo debían ser agitadas esas campanas, en un complicado código que los limeños aprendían desde el uso de razón. Por las campanadas y la manera de tocarlas se sabía de muerte de principales, procesiones,incendios, agonías, festividades, y sobre todo, de alarmas.

El toque más temido era sin duda “Al Arma”, advirtiendo que se cernía un peligro, tal como sucedió aquella tarde en que los chalacos supieron que el temible Francis Drake había anclado en el puerto y aguardaba en silencio la oportunidad de asaltar la opulenta Ciudad de los Virreyes.

Las campanas al vuelo aterrorizaron muchas veces más a los vecinos incluso hasta bien avanzada la república pero poco a poco fuimos perdiendo memoria del significado de aquellos toques.

Luego el ruido del tránsito y las distancias terminaron de ocultar para siempre los sonidos de las venerables campanas del centro de Lima y que ya son de escasa utilidad.

Sin embargo todas las iglesias convocan a sus fieles a campanadas, aunque se escuchen muy poco. Probablemente los toques más hermosos de la ciudad sean los del carillón de la Virgen del Pilar de San Isidro, que antes de las 11 o las 12, brinda un verdadero concierto que vale la pena escuchar.

¿Y las campanas de Moquegua? No sabemos si las autoridades las considerarán subversivas ordenarán su clausura. ¿Imposible? ¿Acaso no sabemos que la palabra Imposible no existe en el diccionario peruano?

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