Esa crónica no pudo escribirla

“Si la foto no fue suficientemente buena, es que no estuviste suficientemente cerca” insistía el célebre foto reportero Robert Capa. Y de hecho su fidelidad a sus principios le costó la vida al pisar una mina en Vietnam.

El consejo ¿vale para los reporteros de prensa? ¿Cuán cercano de la noticia debe estar un ágil cronista policial, por ejemplo?

Esto es lo que probablemente pensó el colega macedonioVlado Taneski que decidió que la mejor manera de narrar los detalles de un asesinato era… cometiéndolo él mismo. Y por esto sus narraciones informativas de varios crímenes resultaron ser impactantes, plenas de color y detalles dramáticos.

Taneski, de 56 años, un hombrón fuerte y solitario, era redactor del diario local de la ciudad de Kicevo, en Macedonia, donde se venían cometiendo crueles asesinatos de mujeres ya mayores y sin que la policía lograra acertar en sus búsquedas.

Los mejores datos sobre el tema los tenía este veterano periodista que visitaba la casa de las víctimas.. La última, de 65 años, fue hallada con una docena de heridas en el cráneo y fracturas múltiples en las costillas.

¿Quién querría matar a la anciana Zivana? se preguntaban familiares y amigos, ya decepcionados por el accionar de la policía. Por los crímenes anteriores fueron detenidos dos sospechosos que fueron condenados ¡a prisión perpetua! en juicios que fueron, claro cubiertos por el periodista.

Pero había un detalle, que advirtió un policial perspicaz. Las crónicas informativas de Taneski eran perfectas, relataban con detalles amplios cómo habían sido los asesinatos (como un magnífico Nuevo Periodismo) y por ahí se deslizaron un par de datos que las pesquisas policiales nunca habían conocido y menos divulgado. Esas informaciones solo podían provenir de alguien involucrado en los crímenes.

Corrieron a arrestarlo y Vaneski se entregó y confesó que, efectivamente, él era el asesino de aquellas mujeres, contando detalles espeluznantes e indicando los lugares donde habían enterrado los restos de las infortunadas.

Sus vecinos se extrañaron mucho de la detención porque apreciaban al periodista como “tranquilo y amable… ¿un asesino?

Lo encerraron un viernes y al día siguiente amaneció muerto en su celda, ahogado. “Se suicidó metiendo la cabeza en un balde de agua” afirmó el jefe policial, “y además dejó una carta confesando todo”. Se añadió así un misterio más a la dramática historia del periodista que quería más cerca que ninguno, aunque esta vez, dijo un comentarista, no pudo escribir la crónica –lo que le hubiese encantado.

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