Archivo mensual: agosto 2008

Por lo menos una disculpa, colegas

No recordamos que periodistas que tuvieron actuación profesional importante durante el gobierno de Fujimori y participaron en sus “operativos sicosociales” y otros, se hayan, por lo menos, disculpado de haber confundido tanto a sus oyentes, lectores, televidentes.

No encuentro nada de los Lúcar, Pérez Luna, Delta, de la gente de “Expreso”, por citar solo algunos de los nombres más conocidos. Tampoco de los profesionales de Radio Programas del Perú tan mencionados en charlas entre Vladimiro Montesinos y Manuel Delgado Parker.

De aquel equipo periodístico de Canal 2, menos todavía. Alojados ahora en los diarios de la familia olfenson, reclaman impunidad para los autores intelectuales de crímenes atroces.

No podemos menos que recordar el caso ejemplar de los periodistas chilenos.

En 1975 la dictadura de Pinochet anunció sucesivos enfrentamientos armados con sediciosos y convocó a la prensa para su cobertura. Varios periodistas aseguraron haber acudido a los lugares indicados y contaron a sus lectores historias que resultaron ser absolutamente falsas, urdidas por los servicios de inteligencia.

Importantes hombres de medios, incluso de “El Mercurio” avalaron las versiones inventadas que señalaban que muchos subversivos habían caído en combate.

Así se difundieron los casos llamados “Rinconada de Maipú”, “Los 119”, “Operación Colombo” (ligada a la “Operación Cóndor”) como enfrentamientos victoriosos pero que en realidad fueron crueles asesinatos a prisioneros y muchas veces en fechas anteriores a los llamados “combates”.

Muchos años después, conocido que habían sido montajes propagandísticos, el Colegio de Periodistas de Chile expulsó a esos malos periodistas, expuso sus nombres y, sobre todo, pidió disculpas públicas a los familiares de las víctimas.

Vale la pena recordar todo esto al cumplirse los primeros cinco años del valiente y valioso Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y que tiene muchas menciones al periodismo de entonces. Una visita a dicho Informe será útil para hacer recordar que algunos colegas debieran, insisto, pedir disculpas a sus lectores porque avalaron, ocultaron, distorsionaron, y hasta mintieron.

(En “La Primera”. 30.08.08)

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-Esos “Chistosos” dan verguenza y pena

Desde hace un buen tiempo, el otrora popular programa de “Los Chistosos” en RPP tiene una estructura bien definida. Eligen a un personaje de actualidad para que haga la presentación del tema del día y a partir de ahí, entre comercial y comercial, inician las tomaduras de pelo que tiene que ver con el asunto elegido.

Nos hicieron reír mucho, es verdad, porque imitaban a Fuji, Toledo, etc. de manera sensacional. Sus talentos están fuera de discusión.

Pero los intereses de los dueños de RPP (Manuel Delgado Parker y familia) y el dinero, han hecho que Los Chistosos elijan siempre a los adversarios del gobierno para sus sarcasmos centrales. El programa, en síntesis, se ha convertido en (disculpen el lugar común) una caja de resonancia para las decisiones del presidente García.

No alaban al gobierno, es verdad, pero al estilo Montesinos arremeten contra quienes mantienen diferencias con el Ejecutivo. Zahieren y desvalorizan a los dirigentes laborales, a los indígenas selváticos, a los políticos de oposición, en unos primeros minutos de asegurada sintonía.

Y he aquí que César Hildebrandt acaba de revelar las razones de la poco chistosa conducta de los cómicos. En su columna del diario “La Primera” dice que ha revisado las planillas del PNUD y allí figuran aquellos artistas, contratados a tiempo completo, a en el rubro de “Desarrollo y Estrategia Política Comunicacional del Poder Ejecutivo”.

Qué vergüenza para el humor.

Uno de los antiguos Chistosos, Fernando Armas, ha emigrado a otra emisora y fundado el programa “Los Imitadores” que, pueden comprobarlo, tiene la misma estrategia del anterior, es decir, primero denostar a la oposición y luego tratar de hacer reír con lo que queda.

La explicación parece estar en que CPN Radio pertenece ahora a un grupo minero que no está interesado en el Gobierno sino en el desprestigio de las dirigencias.

El humor siempre ha sido un arma poderosa para la política y peligrosa para los humoristas honrados y consecuentes. Hace poco, por ejemplo, se ha recordado el atroz asesinato del cómico Jaime Garzón en Bogotá hace ya nueve años.

Garzón zarandeaba a los políticos desde el personaje “Heriberto de la Calle”, un lustrabotas ignorante y sencillo que lustraba los zapatos a los invitados mientras los entrevistaba. Tenía tal popularidad que nadie se negaba a asistir a su programa.

La ultraderecha paramilitar lo condenó a muerte y una madrugada, cuando se dirigía a la emisora donde trabajaba, Garzón fue interceptado por sicarios que le asestaron cinco disparos en la cabeza.

Pero los Chistosos criollos no corren tales peligros. Lo más que puede pasarles es que se resbalen en medio de tanta mermelada…

Lástima que sea tan conservadora

Las mujeres que han optado por el periodismo tienen una vieja tradición de colegas reporteras que se han jugado la vida por una buena crónica. Por ejemplo, Pulitzer contrató a la aparentemente frágil Nellie Bly (búsquenla en Google) que, a fines del siglo 19, no tuvo reparos en hacerse pasar por loca y sumergirse en un atroz manicomio de Nueva York para luego contar la historia y lograr cambios importantes. Es la misma que hizo la vuelta al mundo en menos días que los héroes de Julio Verne.

En esa tradición están también las corresponsales de guerra (como nuestra compatriota Mariana Sánchez Aiscorbe) y muchas más, como la española Cristina López que ha contado sus peripecias en un reciente libro (“Yo viví en un harén”).

Cristina es una todo-terreno periodística. Radio, televisión, prensa; ha hecho de todo y su afán por conseguir datos para buenas informaciones la ha llevado a extremos. Por ejemplo logró colarse, afirma, en un harén en Yemen; se disfrazó de monja cuando los periodistas no eran recibidos en Albania; hizo la ruta de los inmigrantes que tratan de ingresar a España desde Marruecos; estuvo entre los que buscaban el rastro del asesino serbio Milosevic.

También se levantó la falda y pasó un terrible día simulando ser prostituta en la Casa de Campo, bosque cercano a Madrid, observando las jóvenes explotadas que vigilan esos chulos enormes y amenazantes.

“Este es un oficio de horarios salvajes, cierres nocturnos de ediciones y sobresaltos continuos, y encima mal pagado…” escribe al reproducir sus reportajes que son ciertamente encomiables y dignos de imitación.

Pero no podría ser tan perfecta como quisiéramos sus coleguitas. Cristina López representa el pensamiento conservador que rechaza una serie de triunfos de la vida moderna y en particular de la mujer. Sus columnas de opinión son un apoyo constante a todo lo retardatario de la sociedad española en temas como el aborto, el divorcio, la homosexualidad, la eutanasia, etc. aun cuando su visión sea en general crítica.

En fin, qué buena periodista. Lástima que sea su mirada conservadora le impida ver más allá de sus brillantes meras descripciones…

La infamia se llama “Comandante Camión”

La infamia tiene muchos nombres en el Perú. Y cuando se escriba su historia quizá falte sitio en el índice onomástico. Pero hay un nombre que tiene un lugar bien ganado, esto es, Alvaro Artaza (a) Comandante Camión, responsable directo, si no ejecutor, de la desaparición del periodista de “La República” Jaime Ayala Sulca.

Hace 24 años, Ayala, un joven delgado, serio, periodista por vocación, acudió al cuartel de la Infantería de Marina en Huanta. Iba a quejarse por el maltrato de sus familiares por los subordinados del militar, que lo recibió sonriente y lo hizo pasar.

El amigo que lo acompañaba lo esperó varias horas pero Jaime no salió. Cuando reclamó le dijeron “hace rato que se fue”. Fue la primera mentira para lo que ya nadie duda fue un asesinato más de aquellos oficiales.

Desde ese 2 de agosto de 1984, los periodistas, su familia, vienen reclamando con insistencia que la Marina revele lo que pasó con Jaime Ayala y que la justicia se haga cargo de los responsables.

Cuando lograron llevar a juicio al teniente Artaza en el fuero civil (El Fuero Privativo Naval lo había absuelto del cargo de homicidio masivo en Pucayacu) y faltaban dos días para su presentación ante los jueces, sucedió lo increíble. Su familia denunció que desconocidos lo habían secuestrado. Era el 12 de febrero de 1986.

En setiembre de 1989 la Marina pidió, y consiguió, que se declarara judicialmente la “muerte presunta” de Artaza “del cual no se tienen noticias”. Y en apariencia esto terminaba con el caso.

Pero en 1987 el ahora fantasma “Artaza” había seguido litigando y logrando una sentencia en el Tribunal de Garantías Constitucionales. Entonces ¿no estaba desaparecido?

En junio del 2003 “La República” denunció que Artaza vivía tranquilo y en paz en Mami y que viajaba a Lima usando otro pasaporte, etc.

Es una historia larga de contar repleta de detalles que deprime a los que piensan que todavía hay justicia en el Perú. Es, en síntesis, un triunfo de la impunidad.

Ya están sacando decenas de cadáveres del Estadio que manejaba ”Camión” y un día de estos hallarán el de Jaime Ayala. ¿Qué les diremos entonces a los militares?

¿Poetas en la redacción?

En la puerta de la vieja redacción del vespertino Ultima Hora alguien había pegado un cartel que proclamaba: “Se prohibe la entrada a Poetas y Cobradores” tomando el pelo a los poetas que, efectivamente, habían elegido al periodismo como manera de supervivencia.

Y conozco otra anécdota. Le recomendaron al legendario Raul Villarán un joven vate para la nueva redacción del diario Correo y él contestó: -“No gracias, ya tengo dos…”.

Siempre ha habido poetas en las redacciones y algunos notables, de gran fama, como Yerovi, Valdelomar, Vallejo, la lista es enorme. Entre los mejores –como poetas y periodistas- está Juan Gonzalo Rose cuyo brillante paso por las redacciones está todavía por contarse.

(Todos los que han sido editores saben que los mejores tituleros, los más creativos y ocurrentes son los buenos poetas).

Este recuerdo es evocado por la reciente desaparición del poeta Alejandro Romualdo Valle que tuvo un ingreso precoz al periodismo así como en la poesía. Se recordará que en 1949 había obtenido el Premio Nacional de Poesía con “La Torre de los Alucinados” y luego se dedicó por un tiempo al periodismo, incluyendo el dibujo humorístico y político.

Sus magníficos dibujos están en el agitado periodismo de los años 50, acompañando las aventuras editoriales de Alfonso Tealdo (“Ya”, “Pan”), de Genaro Carnero Checa (“1951”, etc.) y otros, hasta que marchó a Europa. De esa primera etapa data la célebre caricatura de Pedro Beltrán, en octubre, colgado de la cruz y con la leyenda “El Señor de los Mil Agros”.

Al retornar hizo periodismo de doctrina con su revista “Tareas del Pensamiento Peruano”, diseño de carátulas de libros, crítica de artes plásticas (la columna “Cuidado con la Pintura” en La Crónica) y retornó también a la caricatura con sus ocurrentes diálogos entre los personajes que inventó, “Inga y Mandinga”, y que publicó en los diarios Expreso (1970-74) y La Voz (1986-88).

Su importante producción poética ha opacado esa etapa de su vida de intelectual y periodista, quedando pendiente recolectarla y mostrarla en toda su significación.