Lástima que sea tan conservadora

Las mujeres que han optado por el periodismo tienen una vieja tradición de colegas reporteras que se han jugado la vida por una buena crónica. Por ejemplo, Pulitzer contrató a la aparentemente frágil Nellie Bly (búsquenla en Google) que, a fines del siglo 19, no tuvo reparos en hacerse pasar por loca y sumergirse en un atroz manicomio de Nueva York para luego contar la historia y lograr cambios importantes. Es la misma que hizo la vuelta al mundo en menos días que los héroes de Julio Verne.

En esa tradición están también las corresponsales de guerra (como nuestra compatriota Mariana Sánchez Aiscorbe) y muchas más, como la española Cristina López que ha contado sus peripecias en un reciente libro (“Yo viví en un harén”).

Cristina es una todo-terreno periodística. Radio, televisión, prensa; ha hecho de todo y su afán por conseguir datos para buenas informaciones la ha llevado a extremos. Por ejemplo logró colarse, afirma, en un harén en Yemen; se disfrazó de monja cuando los periodistas no eran recibidos en Albania; hizo la ruta de los inmigrantes que tratan de ingresar a España desde Marruecos; estuvo entre los que buscaban el rastro del asesino serbio Milosevic.

También se levantó la falda y pasó un terrible día simulando ser prostituta en la Casa de Campo, bosque cercano a Madrid, observando las jóvenes explotadas que vigilan esos chulos enormes y amenazantes.

“Este es un oficio de horarios salvajes, cierres nocturnos de ediciones y sobresaltos continuos, y encima mal pagado…” escribe al reproducir sus reportajes que son ciertamente encomiables y dignos de imitación.

Pero no podría ser tan perfecta como quisiéramos sus coleguitas. Cristina López representa el pensamiento conservador que rechaza una serie de triunfos de la vida moderna y en particular de la mujer. Sus columnas de opinión son un apoyo constante a todo lo retardatario de la sociedad española en temas como el aborto, el divorcio, la homosexualidad, la eutanasia, etc. aun cuando su visión sea en general crítica.

En fin, qué buena periodista. Lástima que sea su mirada conservadora le impida ver más allá de sus brillantes meras descripciones…

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