-Esos “Chistosos” dan verguenza y pena

Desde hace un buen tiempo, el otrora popular programa de “Los Chistosos” en RPP tiene una estructura bien definida. Eligen a un personaje de actualidad para que haga la presentación del tema del día y a partir de ahí, entre comercial y comercial, inician las tomaduras de pelo que tiene que ver con el asunto elegido.

Nos hicieron reír mucho, es verdad, porque imitaban a Fuji, Toledo, etc. de manera sensacional. Sus talentos están fuera de discusión.

Pero los intereses de los dueños de RPP (Manuel Delgado Parker y familia) y el dinero, han hecho que Los Chistosos elijan siempre a los adversarios del gobierno para sus sarcasmos centrales. El programa, en síntesis, se ha convertido en (disculpen el lugar común) una caja de resonancia para las decisiones del presidente García.

No alaban al gobierno, es verdad, pero al estilo Montesinos arremeten contra quienes mantienen diferencias con el Ejecutivo. Zahieren y desvalorizan a los dirigentes laborales, a los indígenas selváticos, a los políticos de oposición, en unos primeros minutos de asegurada sintonía.

Y he aquí que César Hildebrandt acaba de revelar las razones de la poco chistosa conducta de los cómicos. En su columna del diario “La Primera” dice que ha revisado las planillas del PNUD y allí figuran aquellos artistas, contratados a tiempo completo, a en el rubro de “Desarrollo y Estrategia Política Comunicacional del Poder Ejecutivo”.

Qué vergüenza para el humor.

Uno de los antiguos Chistosos, Fernando Armas, ha emigrado a otra emisora y fundado el programa “Los Imitadores” que, pueden comprobarlo, tiene la misma estrategia del anterior, es decir, primero denostar a la oposición y luego tratar de hacer reír con lo que queda.

La explicación parece estar en que CPN Radio pertenece ahora a un grupo minero que no está interesado en el Gobierno sino en el desprestigio de las dirigencias.

El humor siempre ha sido un arma poderosa para la política y peligrosa para los humoristas honrados y consecuentes. Hace poco, por ejemplo, se ha recordado el atroz asesinato del cómico Jaime Garzón en Bogotá hace ya nueve años.

Garzón zarandeaba a los políticos desde el personaje “Heriberto de la Calle”, un lustrabotas ignorante y sencillo que lustraba los zapatos a los invitados mientras los entrevistaba. Tenía tal popularidad que nadie se negaba a asistir a su programa.

La ultraderecha paramilitar lo condenó a muerte y una madrugada, cuando se dirigía a la emisora donde trabajaba, Garzón fue interceptado por sicarios que le asestaron cinco disparos en la cabeza.

Pero los Chistosos criollos no corren tales peligros. Lo más que puede pasarles es que se resbalen en medio de tanta mermelada…

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